María Eugenia Gallardo: la funcionaria de confianza de Poggi al frente del PANE

La sanjuanina acumuló poder, caja y confianza en su nuevo rol. Tiene la difícil tarea de encaminar un programa repleto de desprolijidades y de no perder de vista la campaña electoral para retener su banca en Diputados.
Aunque tardías, las decisiones del Gobierno provincial sobre el escándalo del PANE esbozaron una reacción, que hasta ahora parece insuficiente. El gobernador Claudio Poggi anunció en la semana la conversión del programa a Secretaría de Estado y la designación de Eugenia Gallardo, convertida en su funcionaria preferida, a cargo del organismo.
Ambas determinaciones están manchadas de validez ya que para cambiar la estructura gubernamental hay que acudir a la Legislatura, donde Gallardo trabaja como diputada provincial; una condición que le imposibilita asumir el cargo encomendado por su jefe.
Con una velocidad de reacción inusual en una gestión que hace todo lento, el gobernador anunció de un plumazo el cambio de estructura -lo hizo por medio de un decreto de necesidad y urgencia- y erigió para darle visibilidad a Eugenia, su mimada entre las mujeres del gabinete. “Lo que hicieron con la designación de Gallardo es un mamarracho”, dijo un conocedor de las leyes provinciales, quien advirtió que el gobierno modificó con un decreto la Ley de Ministerios. “Eso es algo que no se puede hacer”.
La decisión, por supuesto, no es en absoluto caprichosa. Además de ser una funcionaria en quien puede confiar ciegamente, Poggi necesita que Gallardo esté en el ojo de la palestra por lo menos hasta las elecciones del 11 de mayo, ya que la mujer ocupa el segundo lugar en la lista de candidatos a diputados provinciales por Ahora San Luis, su nuevo viejo proyecto político. Para asumir en el PANE, la diputada provincial que aspira a ser diputada provincial tuvo que pedir licencia como diputada provincial.
Desde que se conoció la designación de Gallardo al frente del cuestionado programa y se supo que manejará una caja de 28 mil millones de pesos, las críticas no han parado de caer sobre el primer mandatario. Más que un movimiento estratégico parece una señal de la ineptitud con la que el gobernador maneja a su gente.
María Eugenia es una sanjuanina proveniente de una familia productora de ajo. Tiene tres hijas y dos nietos y rápidamente se convirtió en una de las laderas más cercanas al gobernador. Lo conoce de la Fundación Emprender -que nucleó años atrás a la mayoría de los funcionarios actuales del Poder Ejecutivo- y del Plan Mil, el programa de obra pública que Poggi manejó cuando era ministro de Alberto Rodríguez Saá.
La designación de la diputada en el segundo lugar de la lista oficialista para que renueve su bancada despertó varios resquemores. El más visible es el del rector de la UNSL, Victor Moriñigo, que vio en la lista el nombre de Gallardo por encima del suyo cuando esperaba que alguien más cercano a su partido y a su línea ideológica ocupara ese sitio. Tampoco cayó bien el nombre de Eugenia en Carlos “Charly” Pereira, quinto en la lista de candidatos, y en las antípodas del pensamiento que la mujer manifiesta en algunas apariciones públicas, sobre todo relacionadas a los derechos de las mujeres.
Eugenia está en pareja con Sergio Romero, a quien en la interna graciosa en la que se manejan sus correligionarios llaman por lo bajo “Chiquito”, en burlona comparación con el arquero de Boca, de estatura y porte superior al del esposo de la candidata. De todas maneras, el marido de Gallardo es sindicado por algunos dirigentes opositores como el verdadero administrador de los fondos del PANE.
Pero donde más celos despertó el posicionamiento y el concepto de la diputada que tiene Poggi fue en el plantel femenino del gabinete. Por lo bajo, con miradas desconfiadas, las chicas que creían ser las preferidas del gobernador ven cómo Eugenia gana posiciones y confianza en el entorno más cerrado del primer mandatario. Tampoco esas funcionarias ven con buenos ojos que una hija de Gallardo ocupe un encumbrado cargo en la Secretaría Legal y Técnica como encargada de redactar y dar el vistazo final a los decretos del Ejecutivo. Como si la confianza de puestos importantes en familiares no fuera una práctica aceitada y repetida en la administración actual.
La primera aparición mediática de la funcionaria como jefa del PANE fue un intento por calmar las cada vez más agitadas aguas del océano docente de la provincia. A la de “control riguroso de los proveedores” y otras promesas de ocasión por ahora incumplidas, la funcionaria avaló la designación de un “veedor” del Gobierno en la escuela Pancha Hernández -foco inicial del conflicto y la infección- y dijo que hará lo propio en todos los establecimientos. Una suerte de intervención que fue muy mal vista por la comunidad educativa.
Otro resbalón dado por la flamante jefa en la conferencia de prensa fue el anuncio de la continuidad y “fortalecimiento” del PANE, cuando una buena salida hubiera sido dar de baja el fracasado experimento y responder a la demanda de la sociedad, que pide con fuerza que los chicos coman en sus casas.
Para defender su nueva huerta, la secretaria declaró que antes de la implementación del PANE “había chicos que se desmayaban en la escuela”. La rimbombante frase sonó más a excusa que a realidad, sobre todo porque ni ella ni ningún otro funcionario denunció un hecho similar en el momento en que ocurrió.
Las propias palabras de Gallardo son un reconocimiento explícito a un mal funcionamiento: “Ha habido un par de inconvenientes no menores y esto ha llevado a replanteos. Son alertas que te llevan a prender una luz amarilla y ver qué es lo que estuvo pasando”, dijo antes de indicar que el PANE fue planteado como un programa transitorio, pero “sin fecha de vencimiento todavía”. Paradójica la metáfora que usó la funcionaria si se tiene en cuenta que su nuevo ascenso comenzó cuando a los chicos de la escuela les dieron alimentos vencidos.