{"id":11050,"date":"2025-09-01T12:25:12","date_gmt":"2025-09-01T15:25:12","guid":{"rendered":"https:\/\/calleangosta.com\/ca\/?p=11050"},"modified":"2025-09-01T12:29:31","modified_gmt":"2025-09-01T15:29:31","slug":"septiembre-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/calleangosta.com\/ca\/septiembre-1\/","title":{"rendered":"Septiembre 1"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right\">Por Marcelo Figueras<\/p>\n\n\n\n<p>No suelo recordar ni qu\u00e9 hice hace dos semanas, pero de la noche del 1\u00ba de septiembre del &#8217;22 me acuerdo, y mucho. Estaba en Parque Leloir, en la casa del Indio y de Virginia. Una cena m\u00e1s de las que encaraba con frecuencia el mismo grupo de comensales: los Solari, M\u00e1ximo Kirchner y yo, como elenco estable. Lo m\u00e1s titilante de la velada era el guiso de lentejas que se aproximaba a su temperatura ideal.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasadas las 21 rode\u00e1bamos la mesa, picoteando algo y bebiendo. Estar\u00edamos hablando del pa\u00eds, como casi siempre, o escuchando alguna de las an\u00e9cdotas que el Indio saca de su galera sin fondo. En mitad de la cosa, M\u00e1ximo recibi\u00f3 un mensaje: que se comunicase con Diego, uno de los asistentes de Cristina, porque \u00abhab\u00eda pasado algo\u00bb. Su celular daba cuenta de varias llamadas que hab\u00eda dejado correr, sin advertirlo. Clique\u00f3 el n\u00famero de Diego y se disculp\u00f3, alej\u00e1ndose de la mesa. El resto sigui\u00f3 en la suya, sin mosquearse. Era habitual que Diego se comunicase a\u00fan a esas horas, para pasarle el celular a Cristina y que debatiese con M\u00e1ximo alg\u00fan tema que no pod\u00eda esperar al d\u00eda siguiente.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que no tuvo nada de habitual fue lo que dijo cuando cort\u00f3: \u00abParece que alguien atent\u00f3 contra Cristina\u00bb. Ante nuestra reacci\u00f3n azorada, se apresur\u00f3 a aclarar que ella estaba bien. Hab\u00edan detenido al agresor, pero \u00e9l deb\u00eda salir corriendo, para llegar cuanto antes al departamento que Cristina ocupaba todav\u00eda en Barrio Norte.<\/p>\n\n\n\n<p>Como M\u00e1ximo no sab\u00eda m\u00e1s que eso, hicimos lo que hace cualquier perejil ante una circunstancia que raja la tierra: prendimos la tele. Todav\u00eda est\u00e1bamos de pie, desperdigados por el living y tratando de calibrar la dimensi\u00f3n de lo que ocurr\u00eda \u2014M\u00e1ximo ya se hab\u00eda ido\u2014, cuando la pantalla mostr\u00f3 por primera vez la imagen que ninguno olvidar\u00eda: el cuadro freezado del perfil izquierdo de Cristina y, a treinta cent\u00edmetros o poco m\u00e1s, la mano que sosten\u00eda la pistola, presto a matar a quemarropa.<\/p>\n\n\n\n<p>Todav\u00eda puedo o\u00edr el grito que peg\u00f3 Virginia ante esa imagen. Creo que todos gritamos entonces, aunque m\u00e1s no fuese por dentro. Porque ese cuadro era la expresi\u00f3n gr\u00e1fica \u2014la prueba inapelable\u2014 de aquello que no termin\u00e1bamos de concebir, que no pod\u00edamos creer: que alguien hab\u00eda intentado poner una bala en la cabeza de la conductora del movimiento pol\u00edtico m\u00e1s popular de la Argentina. Que un desconocido se hab\u00eda arrogado el derecho de acabar con una vida ajena. Que una persona a la que conoc\u00edamos personalmente, quer\u00edamos y respet\u00e1bamos, hab\u00eda estado a esto de ser asesinada. Resultaba inconcebible que un mismo cuadro incluyese la imagen de Cristina, tan familiar, y a la vez una mano an\u00f3nima empu\u00f1ando un arma. Era una visi\u00f3n ultrajante, una obscenidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Casi de inmediato recordamos otra velada, que hab\u00eda transcurrido en el mismo lugar, pocos meses atr\u00e1s. Cristina fue a Leloir a conocer al Indio y a Virginia, y detr\u00e1s nos colamos muchos de los que quer\u00edamos ser testigos de ese encuentro hist\u00f3rico: M\u00e1ximo, Wado, Mayra, Facu, Santiago, los asistentes de Cristina \u2014Diego y Mariano\u2014 y yo. (No piensa elaborar aqu\u00ed sobre el calificativo hist\u00f3rico. Si alguien no entendi\u00f3 todav\u00eda que el Indio y Cristina son las dos personas vivas m\u00e1s convocantes, por amadas, de este pa\u00eds \u2014\u00a1al punto de que todav\u00eda hoy convocan multitudes, aun cuando ellos mismos no pueden presentarse f\u00edsicamente!\u2014, no lo entender\u00e1 tampoco ahora, aunque yo me desga\u00f1ite.)<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella noche fue otra cosa por completo: pura celebraci\u00f3n y deslumbramiento, particularmente para aquellos que mir\u00e1bamos desde afuera. Compartimos un asado \u2014con carne bien roja para Cristina, me recuerda Virginia, siempre atenta a los detalles\u2014, hablamos del pa\u00eds y del mundo, nos cagamos de risa. Hubo un momento picante, tambi\u00e9n: cuando el Indio dijo que \u00e9l siempre hab\u00eda pensado que, antes que peronista, Alberto Fern\u00e1ndez \u2014por entonces Presidente\u2014 hab\u00eda sido siempre un radical \u2014o sea un tibio, afecto a componendas. (Doy fe de ello: el Indio ven\u00eda repiti\u00e9ndolo desde mayo de 2019, cuando Cristina lo ungi\u00f3 candidato.) En aquella circunstancia, como la dama que es, Cristina se abstuvo de replicar.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la escena de aquella velada que volvi\u00f3 a nuestros cerebros el 1\u00ba de septiembre fue otra. En un momento, a ra\u00edz de un comentario sobre la apedreada que hab\u00eda recibido en su despacho del Congreso en marzo del &#8217;22, el Indio dijo, con total seriedad: \u00abTienen que cuidarla. Van a intentar hacerle algo, eso es obvio. Est\u00e1 muy expuesta\u00bb. No se lo dec\u00eda a ella, claro: nos lo dec\u00eda a todos los dem\u00e1s, que escuchamos en un silencio que se prolong\u00f3 a\u00fan cuando puso punto final a su advertencia.<\/p>\n\n\n\n<p>La idea se instal\u00f3 en el sal\u00f3n como una sombra, y aunque todo pareci\u00f3 volver a su cauce coloquial, nunca se fue. El 1\u00ba de septiembre segu\u00eda all\u00ed, mientras contempl\u00e1bamos la imagen intolerable una y otra vez, como quien revisa un accidente en c\u00e1mara lenta para convencerse de que es real.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa imagen pudo haber sido la \u00faltima instant\u00e1nea de la Argentina antes de sumirse en el infierno. Hoy creo que es lo que termin\u00f3 siendo, eventualmente. Porque Cristina se salv\u00f3 de milagro, pero la Argentina se fue al carajo igual. Aquella noche signific\u00f3 el parto de una violencia que ya ven\u00eda gest\u00e1ndose, en un pa\u00eds ya traumatizado por los genocidas de los &#8217;70. Que Cristina siguiese entera fue un alivio que se transform\u00f3 en estupor: quedamos paralizados, sin saber c\u00f3mo reaccionar ante lo-que-pudo-haber-sido-pero-no-fue, ciegos a la realidad de que algo se hab\u00eda roto, de todos modos; algo delicado y sin repuesto. No hubo v\u00edctimas, no. Pero aun as\u00ed fue una tragedia. Que termin\u00f3 de consumarse tiempo despu\u00e9s, cuando la metieron presa y nos chorraron la democracia.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque un gobierno no es democr\u00e1tico tan s\u00f3lo porque se consagr\u00f3 a trav\u00e9s de una elecci\u00f3n. Se confirma como democr\u00e1tico, o no, en la pr\u00e1ctica de cada d\u00eda. Y esto que hoy padecemos todos \u2014los peronistas y los que no\u2014 es cualquier cosa menos un gobierno del pueblo. Llenarse los bolsillos con guita que le afanan a discapacitados, enfermos de c\u00e1ncer y jubilados no es un acto que pueda reivindicar ninguna democracia, del signo pol\u00edtico que sea. Es una infamia, nom\u00e1s. Algo propio de personas ruines, que ante el sufrimiento de una persona en desgracia s\u00f3lo piensan en una cosa: \u00ab\u00bfQu\u00e9 m\u00e1s puedo quitarle?\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese es el infierno cuyas puertas se abrieron el 1\u00ba de septiembre del &#8217;22, cuando la violencia volvi\u00f3 a emponzo\u00f1ar la vida de los argentinos. Ese es el infierno donde quedamos atrapados en junio de este a\u00f1o, cuando nos despojaron de la posibilidad de elegir libremente a quien nos represente y gobierne.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde entonces, cada vez que sentimos sed de democracia alzamos su copa rota y nos cortamos los labios. Debe haber alguna forma de reconstruirla, tiene que haberlo. Pero no lo encontraremos hasta que todos, incluyendo a los anti-peronistas m\u00e1s recalcitrantes, entiendan que lo que hicieron y le siguen haciendo a Cristina se lo est\u00e1n haciendo tambi\u00e9n a ellos. Porque a ellos tambi\u00e9n se los somete a violencia cotidiana. (\u00bfO no es violencia la falta de guita?) Porque a ellos tambi\u00e9n se los despoja de derechos. (\u00bfO no son derechos elementales comer sano y bien, educarse, conservar un techo sobre la cabeza y curarse cuando la salud falla?)<\/p>\n\n\n\n<p>Todos alentamos la esperanza de que este vuelva a ser aquel pa\u00eds donde vivir no supon\u00eda una tortura. Pero la \u00fanica manera de que eso ocurra, y pronto, es no esperarlo con los brazos cruzados.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Marcelo Figueras No suelo recordar ni qu\u00e9 hice hace dos semanas, pero de la noche del 1\u00ba de septiembre del &#8217;22 me acuerdo, y mucho. 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