Martes, 04 Octubre 2022

Ahí viene el 2023!

Publicado el Domingo, 18 Septiembre 2022 09:42 Escrito por

La crisis de los partidos políticos en nuestro país tiene en el año 2001 la eclosión total del sistema de partidos que era sostén estructural de la democracia Argentina. Si bien es relevante las demás particularidades que refleja esta fecha, nos centraremos en este aspecto para el desarrollo de la idea que abordamos. 

La crisis de principio de siglo produjo en nuestra provincia una modificación del escenario político, recordemos que a la par de esta compleja situación histórica, comienza la incursión real y concreta de la intervención en la realidad política del país de proyecto político conducido por Adolfo y Alberto Rodriguez Saá. Por aquellos años, el mayor de los hermanos, surgido de un grupo de gobernadores se destacó como el único con legitimidad política para conducir los destinos de una nación en ebullición. En la política provincial, los reacomodamientos no eran menores. Surgían expresiones políticas que incluían ex opositores, nuevos dirigentes y otras agrupaciones de técnicos, que posteriormente formarían parte activa de los gobiernos provinciales. Paradójicamente, uno de los dirigentes surgido de estas agrupaciones políticas conformadas al calor de los cargos provinciales, es Claudio Poggi. Estas cosas hacen pensar si el oficialismo ha cometido algún error en dar tanto poder a burócratas sin compromiso político real. 

Como decíamos, el bautismo de fuego de Adolfo va a servir para que el modelo San Luis sea reconocido en la Argentina y que la provincia sea “cercada” respecto a los vaivenes políticos argentinos. La política provincial no pudo o no pretendió nunca ser influida por el “exterior” nacional. De allí que a veces dé la sensación, por ejemplo, que el Kirchnerismo nunca pasó por estas tierras mediterráneas. Es como que el gran aporte que ha realizado este espacio político a la política argentina, en esta provincia no ha sido interpretado de esta manera. Radica allí la falta de coordinación de políticas públicas en estos años (esto felizmente subsanado estos últimos tiempos), lo que dificulta delimitar un “relato” o una construcción simbólica que cohesione necesidades y expectativas políticas. También destacamos la falta de dirigentes con carisma y presencia política. Algo de lo que ambos hermanos conocen y utilizan de manera más que efectiva y que a la vez es central al momento de conducir movimientos políticos de origen popular.

Ante los mismos conflictos; la economía, una oposición derechizada, el peronismo nacional, provincial y municipal deberían responder de la misma manera. Tal como actúa el sector opositor: Toman uno a uno los discursos gestados en estudios de marketing de la gran capital porteña y desde allí desprenden los propios. Acusan al oficialismo de K y allí mismo se acaba todo. Los medios y la dirigencia televisiva ya realizó el trabajo de deshumanización.

Los oficialismos (en sus distintos niveles) ven dificultad para conseguir un relato simbólico que motive a la militancia a renovar esfuerzos y en lo electoral, conseguir el mayor apoyo popular en las urnas en el año próximo. Se enfrentan a un 2023 en el que una gestión ordenada va a ser solamente el piso para seducir a una sociedad confundida, desganada y con alarmantes niveles de intolerancia y frustración. La oposición en tanto, parece estar atada a los destinos de la dirigencia nacional, ya que (como buenos burócratas)  los dirigentes opositores surfean su mediocridad como políticos en sus intervenciones públicas, y sólo buscan “mantenerse” en la opinión general para llegar con chances claras al 2023.

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