Lunes, 24 Junio 2024

Un iceberg de aguas profundas

Publicado el Sábado, 03 Febrero 2024 19:49 Escrito por

Los errores más comunes que cometemos en los análisis políticos son los reduccionismos devenidos de prácticas políticas obsoletas, de visiones ideológicas y filosóficas llevadas hasta el dogmatismo, que impiden ver la movilidad, versatilidad y particularidad del ser y estar de los acontecimientos sociales.

Uno de ellos, muy arraigado en el imaginario colectivo, es aquél de que las mayorías de un Pueblo siempre tienen razón. No voy a entrar en disquisiciones si se trata de la opinión de la mayoría real del Pueblo o de una mayoría electoral. Generalmente se trata de ambas. Pero he aquí que este pensamiento sobre las mayorías impide ver con claridad la razón detrás de las decisiones populares, obstaculizando las prácticas políticas en inmovilismo.

“Inter arma silent leges” (En tiempos de guerra, las leyes enmudecen)

Cicerón

Si la mayoría votó a este gobierno, hay que ver por qué lo hizo. Y la verdad que sale a la luz, es que votó por las malas decisiones políticas y económicas que los gobiernos e instituciones vienen arrastrando desde hace años; pérdida de credibilidad por los malos ejemplos de políticos, sindicalistas y de la justicia, el hartazgo y asfixia personal y familiar de no poder progresar, de no poder llevar una vida digna y de calidad, por la inseguridad y ausencia de un futuro cierto y esperanzador.

Se ha votado, sobre todo, por reacción a las malas políticas. No hay que buscar como chivo expiatorio a los votantes jóvenes sin historia y a las clases humildes y medias por su presunto o real materialismo, negación de su propia clase, ilusorias aspiraciones burguesas y oligárquicas, o antipopulares y reacción sólo antiperonista. Hay, en relación a esto, por un lado, una ideologización individualista y consumista creada e inducida compulsivamente por los monopolios a través de los medios de comunicación y redes sociales, que niegan y estigmatizan a la persona del Otro. Por otro lado, una ideologización emocional contra la Política, como culpable de todos los males, encubriendo a las verdaderas causas y a los auténticos culpables, que no son otros que los grandes grupos del poder económico, mediático y judicial.

En todo esto, el Peronismo también es responsable; por acción y omisión. un Peronismo aburguesado, leguleyo, clientelista, soberbio, lleno de burocracia y oportunismo. Un Peronismo partidocrático, negociador, con todos los vicios de la partidocracia conservadora. Un Peronismo que, por un lado, ha renegado de sus banderas, especialmente las de  justicia social e independencia económica, olvidando a quien representaba –fundamentalmente a la clase trabajadora y a los más humildes- y a quienes han puesto las esperanzas y confianza en él; y, por el otro lado, un Peronismo que no ha sabido asumir los cambios y demandas contemporáneos, culturales, tecnológicos, ideológicos y políticos que requieren nuevas y creativas prácticas, más afín a la inmediatez de las necesidades básicas de la dignidad humana ante la crisis generalizada por la vida a que los sectores del poder económico han sumido al País. Por lo demás, hay que distinguir que la población no sólo vota por ideas, expectativas, promesas, sentimientos y emociones, sino por cuestiones de necesidades básicas coyunturales, que se han vuelto crónicas. (Así, la inflación, el desempleo, el alto costo de vida, la inseguridad, la pobreza, el desamparo legal y los malos ejemplos entre otros).

Ante un horizonte sin expectativas –salvo la profundización de la crisis-, para los que ven con claridad lo que està sucediendo, y la permanencia, por otra parte, de las expectativas de un cambio real para los que aún no ven lo que está sucediendo, predomina en ambas percepciones el desconcierto. Una masa del Pueblo se moviliza resistiendo las políticas que la acogotan a medida que pasa el tiempo, y otra masa del Pueblo espera un cambio de mejora de las cosas en el tiempo de su quietud, o después del sufrimiento, como prometió este gobierno.

En ambos casos también, la orfandad de ideas aglutinadoras, y de dirigentes que las impulsen, produce inmovilismo. Nada es azaroso en los acontecimientos sociales. Hay causas que los producen y causas que los mantienen. Es verdad, que no existe una Dirección –y menos Conducción- Estratégica de las masas del Pueblo. Construir una Dirección Política es el resultado de ver la realidad, comprenderla, y tomar decisiones producto del análisis y debate con el conjunto, a fin de promover progresivamente una autoconciencia de los acontecimientos. Esto, para decidir la mejor acción que nos lleve a una organización social y política cualitativamente mejor, basada en el respeto y promoción de la dignidad de las personas y el medio ambiente.  Y, aun así, sin una Dirección Politica correcta, no es posible tampoco una Dirección y Conducción Estratégica.

El Peronismo ha perdido gran parte de la representación social y política de las mayorías populares. También es verdad. El Movimiento se ha fragmentado y libanizado en múltiples, diversas y contradictorias concepciones, sectores, partidos, gremios y organizaciones sociales. Se encuentra atravesado por burocracias políticas, sindicales y en las organizaciones sociales de base también. El sistema de representatividad sin control popular, ha permitido el surgimiento de burocracias con ambiciones de poder particulares, que se eternizan en esos ámbitos, reproduciendo prácticas de la antipolítica. No hay participación real ni democracia directa, elementos hoy más que necesarios para configurar acciones que permitan la autocrítica, la discusión, la credibilidad y confianza en objetivos de lucha tanto reivindicatorios como ideales.

Por otra parte, el fenómeno que va tomando forma debido a la creciente crisis, es el de las convocatorias gremiales superadas, desbordadas recientemente por parte de organizaciones sociales, barriales, independientes, multisectoriales, institucionales, agrupaciones políticas, personas y familias individuales, etc. En conjunto, la conformación de un colectivo inesperado para las centrales sindicales, que las han sobrepasado; esto, las obliga a ponerse al frente de las demandas populares y ampliar la base de participación. De todos modos, se ha generado un proceso donde los trabajadores comienzan a tener protagonismo.

Aun no son masivas las asambleas de barrio, las instituyentes y de los partidos políticos; menos los sindicatos. Pero la profundización de esta crisis comienza a gestar grupos autoconvocados de vecinos, que ya no son solamente de los acostumbrados sectores humildes, sino que se está extendiendo a las clases medias y de modo persistente. Y es de esperar que esta reacción se agudice en marzo con el pre-anunciado aumento general de tarifas, y el apriete a la vida económica de los trabajadores en actividad, que producirá demandas, y sin lugar a dudas, reprimidas aún con sindicatos y todo.

Este brutal ajuste ya comenzó con la devaluación del 118% al asumir el gobierno, más el 27% de inflación mensual de este año, y más la devaluación mensual progresiva del 2%, depreciando el peso, ya ha perjudicado a los sectores más desprotegidos, desempleados, trabajadores de la economía informal y especialmente a los permanentes pobres de nuestra sociedad que todavía no se les reconoce el 82% móvil: los más de siete millones de jubilados.

Como encerrados en su egoísmo, sin levantar la cabeza para no ver la tempestad, o como el avaro aferrado a su riqueza sin pensar que a la noche puede morir, del mismo modo nuestros representantes en el Parlamento persisten en sus intereses sin conmovérseles el corazón. Están ciegos al destino aciago que sobreviene a la gente, atada de pies y manos para que llevarla como cordero al matadero. Lo pueden evitar, pero… ¿será suficiente para detener la tormenta que se avecina?

“Cedant arma togae” (Las Leyes hacen inútiles a las armas)

Cicerón

Son todos acontecimientos que están configurando una masa crítica que puede llevarnos a un quiebre institucional, en el supuesto caso de que se encierre e inmovilice a la población con la delegación de la suma del Poder Público al Ejecutivo, -situación previsible que invalidará cualquier concesión previa otorgada para conseguirlo-, rompiendo las garantías constitucionales. Ya de por sí, pretender reformar la Constitución sin llamar a Asamblea Constituyente, derogando una gran cantidad de leyes con un Decreto para conformar una Ley Ómnibus afín al Gobierno y a las Corporaciones Económicas, pero sobre todo argumentando por necesidad y urgencia la Suma del poder Público, ya es una clara intención de quiebre institucional. Significa empoderarse sobre los demás poderes del Estado. Un iceberg de aguas profundas, que esconde la guerra o la paz, según prevalezcan las armas o las leyes.

Visto 1226 veces
Más en esta categoría: La emoción odiosa La cruel realidad

Calle Angosta | Periódico Digital. Publicación digital con artículos de interés en diversas temáticas, con selección de textos, imágenes, audios y vídeos.

Archivos de programas