Opinión

Volver al futuro

En muchas sociedades primitivas, cuando los ancianos dejaban de ser productivos, se les conminaba al abandono del grupo familiar y morir. La preeminencia de lo productivo en muchas sociedades determinaba -y lamentablemente también hoy- la vida y muerte de los adultos mayores.

El sufrimiento e indigencia de los jubilados, es el futuro próximo que se nos presenta hoy.

En otras, en cambio, se los incorporaba por su sabiduría y experiencia a consejos de familia o gubernamentales, o eran aceptados naturalmente en las familias por haber cumplido un ciclo de haber dado lo mejor de sus personas, y les correspondía disfrutar de los beneficios obtenidos. Aunque esto, propio de las tradicionales familias extensas, comunitarias, políticas y de sangre, progresivamente fue desapareciendo, donde el mundo tecnológico y la codicia de la rentabilidad infinita y el deseo del consumo infinito las fue deshumanizando, reduciendo la familia a núcleos productivos básicos.  

En la actualidad, se los abandona por el mismo motivo productivo, pero no sólo lo hacen los hijos o parientes con sus padres y ancianos, sino también el Estado y los Gobiernos. Los familiares más directos encierran o internan a sus mayores muchas veces compulsivamente, engañados y sin consultarles, en geriátricos u hogares, o en el peor de los casos arrojándolos al abandono de situación de calle, o como un montón de huesos en un rincón de la casa. Los motivos -cuando no excusas- es la imposibilidad económica de mantenerlos, de no poder cuidarlos en sus necesidades elementales o enfermedades, o aprovecharse de sus beneficios previsionales y/o bienes. Y el abandono institucional también es similar, al punto que en muchas de las instituciones se les abandona, descuida, maltrata, y no se les garantiza una vida digna de calidad y cuidado, careciendo del necesario monitoreo gubernamental y comunitario para su bienestar.

Los jóvenes Punk en Inglaterra durante los 80’ con su estética transgresora y ofensiva, decían “El futuro está podrido y te lo mostramos hoy”

¿No está pasando lo mismo con nuestros ancianos? El abandono familiar -que es muy grave-, y también el del Estado, quien debería ser el garante de sus derechos y de los derechos de todos, no garantiza la vida, sino que asegura la muerte. ¿De qué nos sirve entonces, haber conseguido como conquista social el límite de la edad jubilatoria -derecho de retirarse de la vida laboral lo más joven posible para disfrutar con salud de los años que nos restan-, las jubilaciones pagas, las pensiones, los remedios gratuitos, la atención de obras sociales, si viene cualquier gobierno que no respeta las garantías constitucionales y atropella a todos esos derechos, bienestar y promoción de calidad de vida, para volver a la preeminencia de que nuestros mayores no son productivos ni económica ni culturalmente, y encima -como expresan muchos de sus funcionarios- descartables?

Y al no ser productivos, se les abandona a la muerte con las jubilaciones de subsistencia, con bonos, con quieta de remedios y beneficios de atención de salud y otros servicios, maltrato y defenestración publica, insultos, desprecios, exigiéndoles estar a la altura de la tecnología digital y comunicaciones, confundiéndolos, y negándoles todo derecho a la protesta, reprimiendo a sus personas y causándoles daño.

 “Soy lo que tú serás” rezaba un escrito en la frente de una calavera

La sociedad es una construcción colectiva, y a nuestros padres les debemos los beneficios de una mejor calidad de vida; la que ellos nos brindaron dentro de todos los límites con que lucharon, y la calidad de vida que por esa lucha se merecen y nos merecemos para el futuro, si es que tenemos un futuro que no sea el de la muerte. Toda la sociedad es co-rresponsable sus miembros. Somos por los otros y con los otros. Y de ninguna manera nadie debe quedar abandonado o arrojado al olvido de la indigencia, la enfermedad, la ausencia de afecto y muerte. No se puede permitir tamaña injusticia con nuestros mayores. Si somos capaces de dar la vida por nuestros hijos, ¿no podemos darla por nuestros padres?

 “A punto de huir de Viena por el Nazismo, me encuentro con mi padre llorando con un pedazo de mampostería en la mano que había rescatado de la explosión de lo que había quedado de la Sinagoga donde se leía el mandamiento: “Honra a tu padre y a tu madre”. Eso me decidió a no huir y a seguir a mis padres al campo de concentración. Ellos, y mi esposa embarazada, murieron allí”.

“El hombre en busca de un sentido” Víctor Frankl

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