Abdala, entre el discurso de la austeridad y las viejas prácticas de la política

El presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, quedó envuelto en una fuerte polémica luego de viajar a Estados Unidos para presenciar la final del Mundial, pese a que desde la conducción nacional de La Libertad Avanza se había bajado la directiva de que funcionarios y legisladores evitaran ese tipo de viajes para no alimentar críticas por privilegios. Según trascendió, el senador puntano quedó varado en Fort Lauderdale por la suspensión de vuelos a causa del mal tiempo y habría recurrido al Consulado Argentino en Nueva York para solicitar asistencia e incluso gestionar un traslado privado que le permitiera llegar a tiempo al partido. Finalmente, habría optado por una combinación de vuelo comercial y traslado terrestre para completar el recorrido.
El episodio vuelve a instalar un debate incómodo para el oficialismo nacional: la distancia entre el discurso de la austeridad y las conductas de algunos de sus principales dirigentes. Más allá de que no se confirmó que el traslado privado se concretara, el solo hecho de que un alto funcionario recurriera a la estructura diplomática del Estado para resolver un problema derivado de un viaje de carácter personal expone una contradicción con la narrativa de combate a los privilegios de la denominada «casta política».
En San Luis, la controversia adquiere además una dimensión política. Abdala aparece mencionado como uno de los posibles candidatos para disputar el poder provincial el próximo año, pero episodios como este pueden erosionar el perfil que intenta construir. Su pasado político, vinculado durante años al PRO antes de incorporarse a La Libertad Avanza, ha sido utilizado por sus detractores para cuestionar la autenticidad de su identidad libertaria. Ese recorrido previo facilita que este tipo de situaciones sea interpretado como la continuidad de prácticas asociadas a la política tradicional, un aspecto que podría complicar sus aspiraciones electorales en una provincia donde buena parte del electorado espera coherencia entre el discurso y los hechos. Es una valoración política y no un hecho comprobable sobre el resultado que tendrá en una eventual candidatura.



