De pretender la gobernación a escribano de Bayer: el show de Alejandro Cacace para entregar el campo argentino
En una muestra más del desprecio por la producción local y el patoterismo institucional con el que se maneja la gestión de Javier Milei, el puntano Alejandro Cacace protagonizó un verdadero bochorno en la Secretaría de Agricultura. La periodista Luciana Glezer, en una nota publicada por el portal La Política Online (LPO), reveló cómo el funcionario desbarató una mesa de negociación al grito de «voy a redactar la ley con Bayer», luego de perder la paciencia frente a las entidades agropecuarias y los productores nacionales. (Aquí la nota original)
De la UCR a ponerse la peluca (y la adicción a las cajas del Estado)
Para quienes lo conocemos desde sus épocas en San Luis, la deriva de Alejandro Cacace no deja de ser tan lamentable como previsible. El dirigente radical —que durante años intentó instalar sus aspiraciones para ser gobernador de nuestra provincia— no dudó en ponerse la peluca libertaria e integrarse como mano derecha de Federico Sturzenegger en el Ministerio de Desregulación (o mejor dicho, el «Coloso» del remate estatal).
Hoy, Cacace ejecuta sin ponerse colorado el libreto de la entrega: regalar y rematar las riquezas naturales, la fuerza productiva argentina y el desarrollo tecnológico nacional al mejor postor global. El «cambio» que le prometió a los sanluiseños terminó siendo el humillante papel de escribano de las transnacionales.
El currículum del exabrupto no es novedad para los puntanos: no hay que olvidar el escandaloso antecedente del cobro simultáneo de cinco sueldos estatales, una muestra flagrante del «haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago» de quien hoy predica el ajuste feroz para los trabajadores mientras parasita la función pública y se acomoda en múltiples ventanillas del presupuesto público.
El ataque de furia y la rendición ante el capital extranjero
Según relata Glezer en LPO, la reunión enfrentaba a dos bloques claros: por un lado, las multinacionales de la semilla (Bayer, Corteva, Syngenta) junto a la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA); por el otro, la Mesa de Enlace (Sociedad Rural, CRA, Coninagro y Federación Agraria). La disputa de fondo es el histórico derecho del productor a guardar semilla para la siguiente siembra (uso propio) frente a las pretensiones del lobby biotecnológico de cobrar regalías por cada campaña.
Frente al avance a «velocidad de tractor viejo» de las negociaciones, Cacace se «brotó». En lugar de defender el trabajo argentino o actuar como un mediador sobrio, se puso violentamente del lado de los gigantes extranjeros. «Hasta acá llegué, voy a redactar la ley con Bayer, necesitamos insertarnos en el mundo», bramó a los gritos en la sala, según confió uno de los asistentes al medio porteño.
Entregar el desarrollo nacional y pisotear la ley
La nota de LPO expone con claridad la falacia del discurso del funcionario puntano:
- Atropello a la producción e industria nacional: Al alinearse a ciegas con Bayer, Cacace desconoce a actores locales gigantescos como el Grupo Don Mario (GDM) —empresa de capitales argentinos que compite de igual a igual en Brasil y EE.UU.— e ignora las demandas de los pequeños y medianos chacareros que defiende la Federación Agraria frente a los intentos de imponer el tratado UPOV 91.
- Confusión malintencionada: Para justificar la entrega, Cacace llegó a declarar que el 70% del comercio de semillas en el país es «ilegal», mezclando adrede la semilla no fiscalizada (uso propio legal respaldado por la Ley 20.247) con la venta clandestina («bolsa blanca»).
- Apuro y subordinación geopolítica: El apuro del exabrupto de Cacace responde a las exigencias del acuerdo comercial con Estados Unidos, que presiona al Gobierno para endurecer los marcos de propiedad intelectual en semillas y medicamentos a favor de los trusts norteamericanos.
Un triste papel para San Luis
Desde calleangosta.com.ar no podemos dejar de señalar el contraste: mientras San Luis siempre se pensó desde el trabajo, la soberanía industrial y el desarrollo productivo, los coterráneos que llegan a las altas esferas del gobierno nacional de la mano del sturzeneggerismo eligen subordinarse a los intereses corporativos transnacionales.
Cacace pretende «insertar a la Argentina en el mundo» arrodillando a nuestros productores y entregando el germoplasma nacional a corporaciones alemanas y estadounidenses. Una muestra más de que, para este Gobierno y sus conversos, la «libertad» es únicamente para que los grandes pulpos rematen el país.



