Villa Mercedes no es un algoritmo: ¿Por qué hoy nuestro comercio está en riesgo?
Escribe Jorge Orlando Echenique

Villa Mercedes, 8 de la mañana. Abrís la persiana de tu local en la calle Pedernera o ponés en marcha el taxi o remis para empezar la jornada. Pero hoy el tablero de juego cambió. Ya no solo competís con el vecino de la otra cuadra… ahora competís contra un algoritmo que vive en un servidor a miles de kilómetros.
¿Alguna vez sentiste que las aplicaciones son un socio que se queda con la mejor parte de tu torta? En nuestra ciudad, la tensión está al rojo vivo. Por un lado, la comodidad del celular; por el otro, el laburante mercedino que paga habilitación, desinfección y tasa comercial.
Hablemos de nuestros techos amarillos y verdes. El taxi y el remis. La ordenanza es clara en Mercedes: seguridad y legalidad. Pero aparecen las apps, sin oficina física, sin choferes con carnet profesional, tentando con un precio que hoy parece bajo, pero que mañana… ¿quién sabe? Es la famosa competencia desleal. Mientras uno cumple con todo el papelerío municipal, el otro juega con otras reglas. ¿Es justo para las 600 familias que viven del volante en la ciudad?
Y en la gastronomía, la historia se repite. Pedís una docena de empanadas por la app. Parece fácil, ¿no? Pero ese comerciante que te las cocina con tanto esmero tiene que ceder hasta un 30% de lo que vos pagás a la plataforma. Al final del día, el margen se achica y el que arriesga el capital es el mercedino, mientras la app solo pone el código.
Equilibrar la balanza es posible. No se trata de odiar la tecnología, sino de exigir que todos juguemos con la misma camiseta. Regulación local, comisiones justas y, sobre todo, que nosotros, como vecinos, entendamos que cada peso que gastamos en un comercio local vuelve a la ciudad en forma de empleo y crecimiento.
Villa Mercedes es grande por su gente, no por sus algoritmos. Apoyemos lo nuestro, cuidemos el laburo mercedino.
Villa Mercedes, una verdad que duele
La verdad duele, pero hay que decirla: el sistema comercial que tuvimos durante años nos mintió. Nos prometieron que proteger lo nuestro era el camino, pero mientras nosotros cumplíamos las reglas, por atrás se colaba la corrupción y los ne»Villa Mercedes no es un algoritmo: ¿Por qué hoy nuestro comercio está en riesgo?»gocios de unos pocos. ¿El resultado? Nos quedamos en el tiempo. Y ahora, cuando abrieron la puerta de golpe, nos encontramos en una selva donde el que labura de verdad es el que más pierde.
Hoy, el comerciante y el trabajador del transporte no solo pelean contra la inflación. Pelean contra un algoritmo y, sobre todo, pelean contra el reloj.
Cada día que pasa, este tumor crece. No es algo que se va a arreglar solo; es un problema que avanza mientras los que deberían representarnos parecen estar fuera del juego. Miran para otro lado o discuten cosas que no tienen nada que ver con la realidad del que tiene que pagar el alquiler del local o la cuota del auto. Pero no se dan cuenta de algo fundamental: a la larga, el gran damnificado es el propio Municipio.
Miremos la realidad a los ojos: acá el que puso un auto de taxi o de remis no lo hizo por hobby. Lo hizo para alimentar a su familia, porque hoy el laburo genuino es lo que más falta en nuestra ciudad. El volante es el último refugio para llevar el plato de comida a la mesa.
Al taxista y al remisero les exigen de todo: carnet profesional, desinfección, seguro, tasas. Pero a la app no le piden nada. El mercedino paga la fiesta y el de afuera se lleva la recaudación.
Al comerciante local lo tienen contra las cuerdas con habilitaciones, tasas municipales y cargas sociales. Mientras tanto, el algoritmo no paga ni un derecho de piso, pero se queda con tus clientes cada segundo que pasa.
¿Qué va a pasar cuando el comercio local baje la persiana definitivamente? ¿De dónde va a sacar el municipio los recursos para mantener la ciudad? El algoritmo no tributa acá, no arregla plazas ni genera empleo real. Si el comerciante y el transportista mueren, el municipio muere con ellos.
Ante este abandono, nos encerramos en el “si yo zafo este mes, todo está bien”. Pero es mentira. Si al de al lado le va mal, tarde o temprano te toca a vos. Una ciudad con persianas bajas y familias sin sustento es una ciudad que se apaga.
Hace falta que alguien golpee la mesa YA. El municipio no puede ser un simple espectador que solo aparece para cobrar la tasa a fin de mes. Abrir la economía no puede ser sinónimo de dejar morir al que apuesta y tributa en Mercedes. Necesitamos cancha pareja antes de que sea demasiado tarde para todos.
Villa Mercedes se levantó con el esfuerzo de gente que se ayudaba entre sí. El algoritmo no tiene corazón y no le importa si tu familia come esta noche. Nosotros sí.
No dejemos que el “sálvese quien pueda” nos termine de hundir. El tiempo corre y, si no nos cuidamos entre mercedinos, nadie lo va a hacer por nosotros.



