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Todas las piezas encajan

Jesús María un puzle de terror

Escribe: Patricio «Pato» Torne

Más temprano que tarde, el tablero del Festival de Jesús María, se termina armando y, año tras año, uno debería acostumbrarse a su carencia de sorpresas. Salvo honrosas excepciones, el Festival es acunado y cuna de una sociedad reaccionaria que no tiene empacho en mostrar cuan patriótica, tradicionalista y conservadora se muestra a la hora de avivar el folclore. No es terreno para débiles, allí se doma, se chupa, se baila, se abraza en una orgía de patriotismo vacío y cipayo que también habla de «argentinidad al palo», aunque, en honor a la verdad, este año, en la platea, pudo verse un público más glamoroso, más recatado y rubio que le otorgó un status antes nunca visto.
Si bien es cierto que una inmensa mayoría de cantores y artistas del folclore darían todo por estar en su escenario, ya que el grado de exposición y popularidad que les brinda (y muchos lo logran), es un buen puntapié para sus carreras necesitadas de apoyo, no es erróneo afirmar que lo peorcito del mundo folclórico es el que mejor cabida tiene para entretener en los veranos festivaleros. Allí, edición tras edición, desde hace muchos años, pasan las mismas figuras y haciendo un mismo repertorio que sólo varía en las notables imposibilidades vocales que la suma de años condenan a esos «artistas». Nada que asombre ni sorprenda.
Pero anoche, el puzle no sólo se completó, sino que. además, hizo que de él brotara un aura de patetismo, asquerosidad y vergüenza, que difícilmente alguna vez pueda empardarse. La suma del descaro, la impudicia, el machismo y lo facho, confluyeran en el escenario encarnado por El Chaqueño y nuestro patético presidente de la nación. Aunque no debiera sorprendernos, ya que el el uno para el otro son tal para cual, ellos lograron romper todos los límites de la sensatez y la ética, dando un espectáculo que supera lo folclórico, lo tradicional y patriótico, para situarse en el terreno de lo terrorífico y despreciable, si de estética todavía es posible hablar cuando nos referimos a Jesús María.
Anoche quedó todo al descubierto: el «apolítico» Chaqueño mostró su posición, Milei que denostó todo aquello que tiene que ver con la cultura, dejó evidenciado su camaleónico oportunismo, el público que aplaudía como foca, cuan fácil de convencer había sido y así nos va, y la organización del Festival que parece más salida de un cuartel anacrónico y fascista que de interesados en el quehacer tradicionalista. Todo es parte de una misma lacra.
En cuestiones de país, si todo esto se pierde, no se pierde nada, al contrario.

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