Argentina, en la mira la política migratoria de EE.UU.

Según el New York Times, el gobierno de Estados Unidos mantiene conversaciones con la Argentina para que reciba migrantes deportados que no son argentinos, bajo la figura de “tercer país”. Es decir: personas expulsadas de EE.UU. serían enviadas aquí mientras se define su destino final. El acuerdo no está confirmado oficialmente, pero encaja perfecto con la política migratoria dura impulsada por Washington y el alineamiento internacional del gobierno argentino.
El primer efecto negativo es institucional y de soberanía: aceptar deportados de otros países implica asumir responsabilidades ajenas sin beneficios claros. Argentina pasaría de ser un país receptor por decisión propia a un depósito transitorio de problemas migratorios externos, sin debate parlamentario ni información pública precisa.
En segundo lugar, hay un impacto económico y social. Alojamiento, controles, traslados y asistencia implican costos que recaerían sobre un Estado ya ajustado. En un contexto de recortes, resulta difícil explicar por qué se destinarían recursos a una política diseñada fuera del país, mientras se deterioran servicios básicos para la población local. Solidaridad sí; tercerización de conflictos, no.
Por último, el riesgo político y de derechos humanos. El acuerdo puede tensionar la tradición argentina en materia migratoria y abrir la puerta a prácticas cuestionadas internacionalmente. Traducido al llano: Argentina pone la cara, EE.UU. firma la orden y la ciudadanía paga la cuenta. Un mal negocio, con sello importado.



