Inteligencia artificial y propaganda: cuando el relato tapa la realidad

El gobernador Claudio Poggi decidió usar inteligencia artificial para una pieza de publicidad estatal que presenta una provincia sin conflictos, ordenada y próspera. El problema no es la tecnología: es el uso político para construir una realidad paralela. La IA no gestiona hospitales, no crea empleo ni baja tarifas; solo maquilla.
Esta estrategia no es inocente. Reproduce el manual del gobierno de Javier Milei: reemplazar la política por el marketing, el debate por el slogan y los datos por la épica digital. Cuando la realidad preocupa, se la edita. Cuando no cierra, se la renderiza.
La publicidad oficial debería informar, no engañar. Mostrar “todo bien” mientras persisten problemas estructurales —salud, salarios, empleo, servicios— es una forma de negación. Y la negación, en política, siempre termina pasando factura. La IA no miente sola: alguien le pide que lo haga.
Además, hay una cuestión democrática de fondo. El Estado no puede usar recursos públicos para vender optimismo artificial. La propaganda paga con fondos públicos exige un estándar ético mayor: reflejar la realidad, no taparla. Si no, deja de ser comunicación y pasa a ser ficción oficial.
Copiar el modelo nacional no es modernizarse; es abdicar. La tecnología puede servir para mejorar políticas públicas, no para ocultar sus falencias. Cuando el poder prefiere una imagen perfecta antes que una discusión honesta, el problema no es la inteligencia artificial: es la falta de inteligencia política.
En 3mpanadas en el canal de You Tube de Calle Angosta te lo mostramos:



