Breves disquisiciones sobre la “Tonada Cuyana”, por si pudiera ser útil a alguien

Escribe Fernando «El Puntano» Pedernera

Y en reconocimiento al sensible mundo de mi compañera Marta Mantello. Disquisiciones sobre las gloriosas demasías de la tonada, y el porqué de su universo interno.
Preguntada mi compañera Marta Mantello qué podría decir ella sobre el Universo Interno de la tonada Cuyana, me invitó a que consideremos intentar expresarla no desde la frialdad de las estructuras académicas, sino desde lo que se siente, desde lo puramente sensorial; desde ese instante en que, bajo las sombras de un parral festoneando un patio de tierra recién regado y entre olores a poleos, brota el punteo a prima y bordón e irrumpen las voces de los cantores, cantando “Tu ausencia me martiriza y sufro tanto por eso…”
Comenzar así desde ahí, desde esas letras, desde esa música que nos invade embargándonos el alma, y que, a poco se comienza a sentir una suave melancolía de antiguos o presentes recuerdos de amores perdidos; amores perdidos que se nos van adentrando y, repentinamente, no sería extraño que el sentimiento nos vaya subiendo, recorriéndonos por dentro hasta hacerse suaves lágrimas y que sus brillos nos queden tintineándonos como estrellas en los ojos.
Desde ahí, desde esta conmoción que nos invade en felicidad y posibles lágrimas, vendría a ser la resultante de lo que por dentro está habitada la tonada. Y, ¿de qué más está habitada la tonada? De muchas cosas. Muchas. Pero sobre todo y esencialmente la habitan las pasiones, solo pasiones, pero pasiones en fragor, pasiones rotundas.
Se diría que el Cuyano allá en sus orígenes de habitante de tierras hoscas, tierras de desamparados desiertos y arenales yertos carentes de sucesos, sus vibraciones sensibles quedaron apresadas en lo puramente pasional. Y de ahí que las tonadas solo tratan sucesos pasionales ¡virtuoso suceso al fin, pensamos nosotros!
Y hablando del contenido de las tonadas; hay un hecho notable y conmovedor que, de entre todas las variantes musicales de otras regiones, solo lo contiene la tonada; y el destalle particular es que, quien ama la tonada, debe inevitablemente valorar muy alto el sentimiento de la amistad. La amistad y la tonada forman un solo cuerpo; no se concibe uno sin el otro.
Lo que confirma esta verdad es que, a poco de la reunión cantora, no es extraño que algunos a fuego de sus afectos se traten sin más vueltas de compadre o comadres; suceso que en Cuyo es el homenaje a la amistad más supremo. Para más datos, decimos que el llamado “cogollo” fraseo con el que concluyen las tonadas, es cita de ofrenda afectiva al otro, mujer, hombre, o conjunto de los presentes; es parte encarnada de la tonada, a punto que, sin esa ofrenda de amistad o cariño, no hay tonada, o si la hay sin cogollo, el cuyano siente que le faltó conclusión, pues el cogollo es ofrenda, gentilezas de una cultura de señoríos y delicadezas de antiguas formas de identidad que idealmente se deben respetar pues el ser delicado es parte esencial de nuestra identidad parte de nuestros ancestros, de nuestras Telurias…
Y, para dar solo una muestra de la incondicionalidad de este afecto, citamos un cogollo que Don Hilario Cuadros dedica a su amigo Don Tristán Barraza, que dice: “Amigo Tristán Barraza…soy su esclavo y véndame…empéñeme aunque me funda…que yo me libertaré…¡soy la flor tirarirarì…soy la flor..!”
– Maravilloso exceso de un deseo en “cogollo” el que, de tan entrañable sentimiento de amistad, bordea amorosamente hasta lo inconcebible del ofrecimiento, por amistad llegar a esclavizarse.
Y nos preguntamos: ¿de dónde deviene esta gozosa virtud de la amistad que se da solo en tonaderos, o amantes conmovidos de las tonadas? ¿cuál es la razón que fijó tal sentimiento? –Nosotros aventuramos a conjeturar lo mismo que dijimos sobre lo pasional; esto es que, el ritual de la amistad fue una necesidad de hermanarse para sobrevivir en una tierra de desiertos áridos, secadales y vendavales de vientos hirvientes, en las que solo el amparo recíproco hacía posible sus sobrevivencias. Y así es que la amistad quedó en sus genes hasta que llegó la tonada y los acunó en sus entrañas.
“Las tonadas son tonadas…y se cantan como son…se cantan cuando uno quiere…o lo pide el corazón…” Sí, es verdad.
Dijimos que las tonadas son esencialmente pasionales, y agregamos que lo son a tal punto que hay letras de tan fantásticas traslaciones pasionales que bien podrían engalanar la poética de la mitología Griega.
Aquí va un ejemplo de la tonada anónima titulada “La tupungatina” en que, refiriéndose al dolor amoroso que lo atormenta, el amante eleva el suceso a planos cósmicos, al decir: “Cuando ya no haya más cielo ni tierra…se acabarán mis tormentos cobardes…” Consideremos esta frase: el cantor o cantora manifiesta que su dolor pasional, es de tal tormento e inmensidad que, no solo no descansará cuando haya muerto, sino solo cuando la tierra y los cielos ya no sean nada, ni briznas en los espacios siderales. ¡Muy seria e inmensa ésta conjetura, muy seria e inmensa!
Otro caso de otra tonada anónima, dice: “No sé qué tiene esta calle que parece que ha llovido…habrá llorado un amante al ver su anhelo perdido…” Y aquí la pregunta: ¿Quién podría imaginar que el dolor por un amor perdido pueda llevar al amante a mojar con su llanto una senda, una calle, o el universo de ser necesario? –Un loco, dirán los seres comunes…-Un ser iluminado y casi sublime en su cósmica trascendencia sensitiva, dirían los poetas. Y nosotros adherimos al segundo, e inclusive lo aseguramos porque fuimos testigos de su llanto y de sus lágrimas que iban mojando la calle; y esto decimos y atestiguamos porque ese anochecer lunar pasó frente al ventanal de nuestro rancho y al asomarnos vimos la sombra trágica del sublime entristecido que iba gimiendo y mojando la calle terrosa en esa noche de luna, allá por Luján de Cuyo y por la calle terrosa de La Costa Arriba.
De estos, hay varios ejemplos más, pero no queremos fatigar en más exposiciones. Solo nos hacemos a nosotros una pregunta: ¿Por qué estas traslaciones, porqué estas elevadas imaginerías ocurren en la tonada? Y nos contestamos: porque consciente o inconscientemente todo Cuyano o Cuyana lleva dentro suyo, quiera o no quiera, la conmoción geológica y sobrecogedora de la inmensidad de la cordillera, y es entonces que su entidad no puede dejar de ser desbordada; no puede dejar de ser un espíritu llamado a imaginerías maravillosas y alucinadas, propias de un Draghi Lucero.
”Tomá estas rosa encarnada
Y ábrela que está en capullo
Y ahí veraz mi corazón
Abrazado con el tuyo…”



