Sistema democrático Q.E.P.D.
Escribe: Sergio Garis
El sistema democrático, tal como lo hemos conocido desde la recuperación de la democracia en 1983, ha muerto el 3 de enero de 2026.
Desde el imperio terminaron de confirmar lo que, a través de sucesivos indicios, podíamos prever.
La conferencia de prensa de Donald Trump va a quedar, para cuando se cuente la historia, como uno de los hitos que puso sello a la pérdida de libertades en el planeta. Más allá de las desprolijidades de su discurso, de las preguntas que desde el hemisferio sur hubiésemos querido escuchar y no se oyeron, asistimos a uno de los sinceramientos más crueles.
Hacerse dueño de las riquezas de otro país y decir que van a explotar el petróleo, las tierras raras y todo aquello que las empresas norteamericanas puedan concretar, es pasar por arriba cualquier convenio, tratado o manifiesto de convivencia internacional que, más o menos, se había establecido. Pero, estos fueron escritos por quien se erige como árbitro.
Decir que “vamos a gobernar Venezuela” hasta que dejemos establecido a alguien en el gobierno, que satisfaga nuestras expectativas y que no vaya en contra, es adueñarse políticamente del espacio. Soy el macho dominante y hago lo que quiero con la majada.
Todo ello va más allá de si estamos o no de acuerdo con el régimen que administra el Estado, hoy, en Venezuela. Tomo las palabras de Lula: es “inadmisible” la incursión armada sobre este país.
Las armas, el ciberespionaje, la violencia explícita contra los pueblos, la represión de quien pueda osar manifestarse en contra de una decisión, son y serán la moneda corriente aceptada por la legalidad autoescrita y legitimada por parte de poblaciones que, a no dudar, fueron penetradas por el discurso de ultraderecha y están dispuestas a denunciar y masacrar a su propio vecino de casa.
La demostración de que no hay límite posible que detenga las ambiciones y la aplicación de un capitalismo que no reconoce fronteras con tal de “engordar” la billetera del amo, está a la vista de todo el mundo. Lo de Venezuela es la última de una larga serie de despojos.
A pesar de esa fortaleza que el imperio demuestra con su denominación de “patio trasero” a nuestra Latinoamérica, no deja de entreverse la debilidad manifiesta que tiene: Cuando te impones por tu fuerza bruta y no por el desarrollo de sistemas de pensamiento y acciones que te sostengan, estás en un problema.
El temor que subyace es China. Porque China no se dedicó a hacer guerras. Sus efectos de dominación son mucho más efectivos que la fuerza bruta. Sólo basta con observar las decisiones y el progreso de uno y otro imperio fuerte en el mundo. Estados Unidos está agotando todas las formas para que los orientales no sean obstáculo para sus negocios. Pero en cada piedra que mueven, aparece el pulpo desde abajo que previamente ha atenazado con firmeza sus propios negocios. Eso les preocupa y enoja…
En paralelo al avance violento del imperio en Venezuela, para dar muestras de que nada ocurre por casualidad, desde el gobierno argentino se dictó un decreto mediante el cual perdemos las garantías constitucionales que nos protegen como ciudadanos. Las nuevas formas que se promueven para el desempeño de la represión interna y los sistemas de seguimiento de los opositores a las ideas de la ultraderecha, son propias de la dictadura militar que tuvimos entre 1976 y 1983. Quienes vivimos ese tiempo sabemos de qué se trata.
Pero, algunos de ese tiempo tienen poca memoria, otros son viejos y no quieren problemas, otros son verdaderos traidores que permanecieron en silencio hasta la aparición de este nuevo gobierno hace dos años, y, finalmente, están los que no vivieron ese tiempo, que no imaginan lo que implica la pérdida de libertades, pero que celebran tener un “disruptivo” que demuestre poder.
Cuando desde el gobierno nacional no ejecuta lo que ha votado el poder legislativo con las leyes de protección a las y los discapacitados, al financiamiento universitario y varias otras; cuando desoye al poder judicial que le manda a que las aplique; cuando, a pesar de haberse declarado que el protocolo antipiquetes es inconstitucional, van a seguir aplicándolo, la pregunta surge prístina: ¿de qué democracia me estás hablando?
Repasemos
Hay un andamiaje compuesto por cúmulo de actores de poder internacional y nacional que hoy han declarado que nada les importa la aplicación de las leyes vigentes y que el sistema democrático les ha quedado vetusto para sus intereses.
El dominio del ciberespacio, los unicornios tecnológicos, no reconocen límite. Son más fuertes que muchos de los estados que componemos el mundo. El algoritmo piensa, entrelaza y ejecuta por derecha. Por defecto, no se equivoca.
Las organizaciones internacionales creadas el siglo pasado para garantizar los derechos en sus múltiples modos de vida, hoy, a no dudar, se han convertido en un sello de goma dispuesto a corroborar las atrocidades cometidas por el imperio estadounidense en sociedad con unos pocos países. Pero nadie le pone freno porque, aunque cueste creer, tiene el as de espada en la mano: el poder de veto a cualquier decisión que vaya en su contra. Bingo.

En el plano nacional el actual Poder Ejecutivo se atribuye la potestad absoluta de decisión. Amparado, protegido y hasta mimado por una férrea base de sostén: el poder de los medios de comunicación; el poder judicial que mira para otro lado a la hora de aplicar las leyes que protegen al pueblo; los empresarios que van a la caza de los propios trabajadores que les permiten acrecentar y multiplicar sus capitales –pero nunca les alcanza, sino que ahora hay que esclavizar-; los que fueron elegidos por el pueblo como sus representantes, pero a la hora de votar las leyes levantan la mano para seguir protegiendo el instituido político – social, son algunos de los benefactores – protectores de las decisiones inalterables del Ejecutivo.
La brecha abierta entre nosotros, comunes del pueblo, y quienes detentan el verdadero poder es cada vez más amplia. El poder económico ha cooptado y dominado al político; le hace tomar decisiones a su favor para agrandar y hacer inconmensurable e indetenible el poder acumulado. Hay numerosos ejemplos que lo corroboran.
Esa asimetría de vida, de dominación, está resquebrajando la convivencia pacífica de los pueblos; hay una porción que vive en la ignorancia porque no tiene los elementos suficientes para el análisis. Sólo lo comprueba fácticamente cuando acrecienta sus deudas familiares y no llega a fin de mes. A otra porción, sólo le interesa lo básico elemental que le permita una subsistencia tranquila.
En una tercera porción están los que hasta hace dos años se consideraban “clase media”: o perdieron su trabajo, o perciben que han descendido en la escala de ingresos. Es decir, se empobrecieron. Y hay un 20 o algo más por ciento que son aquéllos que trabajan para sostener al poder real y tienen muy buenos ingresos –pequeños empresarios y trabajadores-. Son los que hoy pueden viajar sin problema utilizando los dólares que se necesitan para pagar la deuda eterna en la cual la ultraderecha nos ha metido, nos tiene encorsetados y nos dice que como pueblo tenemos que hacer sacrificio.
Desde esa asimetría es fácil pedir al pueblo sacrificio. Si no lo aceptas, te reprimo. Porque tu nivel de vulnerabilidad es extremo y eso yo mismo lo he generado con mis políticas de estado, dice el gobierno nacional, amparado y mandado por el imperio. Un loop perfecto. Hoy, indestructible.
Podría continuar pero me he ido demasiado extenso. Hice una gran mezcla, pero así de complejo es el panorama que estamos transitando.
Después de este pequeño repaso y de lo que hemos vivido en el comienzo de 2026, me permite decir, vaticinar y afirmar que el sistema democrático, tal como lo hemos conocido y vivido hasta ahora, ha fallecido el 3 de enero de 2026. Hasta que aparezcan nuevas ideas y acciones que tengan fuerza y poder de reversión y renazca de las cenizas un nuevo sistema.
QEPD.
La imagen que ilustra pertenece a Latuff, ilustrador brasileño. «Caricaturista y, a veces, alborotador. Soy un cronista visual de la barbarie, se define en su página de Face.



