Ideas que valen la penaOpiniónPolítica

Peronistas a las Cosas

Un Camino Hacia la Unidad y la Esperanza

Escribe: Eduardo G. MONES RUIZ

Ante el cuestionamiento de los principios históricos del peronismo, se propone un camino de reconstrucción basado en dos pilares: la confianza interna y la esperanza colectiva. Solo mediante la unidad, el diálogo y la acción concreta se podrá restaurar el espíritu del movimiento y su capacidad de servir al pueblo.

El diagnóstico sobre el estado actual del peronismo puede sintetizarse así: la situación es crítica. El movimiento enfrenta acechanzas y agresiones crecientes en todos los frentes —culturales, políticos, económicos y sociales— que ponen en duda su propia vigencia.

Antes existían consensos amplios. La Felicidad del Pueblo y la Grandeza de la Nación, junto a los tres principios—Soberanía Política, Independencia Económica y Justicia Social— eran paradigmas indiscutidos, aceptados incluso por sectores adversarios.

Hoy, esos principios son abiertamente cuestionados y combatidos. Frente a esto, cabe preguntarse: ¿los objetivos eran erróneos o, por el contrario, fueron los métodos y la implementación los que fracasaron?

Creo -con humildad pero con firmeza- que los fines son correctos, pero que se cometieron errores en la ejecución. No obstante lo que hoy vivimos y padecemos es una anticultura ominosa, siniestra. Que descalifica lo valioso y elogia lo pernicioso, engañando al interés colectivo.

La salida pasa, en primer lugar, por defender con firmeza los ideales y principios. Y por resurgir el espíritu del Movimiento Nacional Justicialista (MNJ), tarea que requiere reconstruir dos pilares elementales, que son a la vez fundamentales:

1º) Reconstruir la confianza en y entre nosotros mismos
Estimo que nos percibimos como adversarios o enemigos, dispuestos a infringir daños. Lo que necesitamos es ser compañeros y amigos, compartiendo una concepción plena de solidaridad: no temer que nos apuñalen por la espalda, sino abrir nuestros corazones y buscar comprensión; centrar nuestra atención y esfuerzo en contribuir a la concreción de las grandes, nobles y justas causas que nos dieron vida, cumpliendo a rajatabla la palabra empeñada.

2º) Recrear la esperanza en un futuro que a todos nos contenga
Permitiendo y facilitando la realización personal, familiar y comunitaria. Siendo “todos artífices del destino común, y ninguno instrumento de la ambición de nadie”.

De ser así, ¿cómo levantaremos esos pilares?, ¿qué condiciones deberían tener? A mi modo de ver, deberían cumplir tres requisitos imprescindibles, que deben ponerse en vigencia de inmediato:

a) Cultura del Encuentro, no del desencuentro;
b) Convivencia con Concordia, no con discordia; y
c) Diálogo de iguales, sin imposiciones ni pretensiones de ninguna naturaleza.

Para ello se precisa una sincera autocrítica y una marcada tolerancia.

En consecuencia, con humildad y respeto, y en el entendimiento de que no es una idea mía sino del conjunto —que brega con dificultades para hacerse presente ante las acechanzas y el peligro—, propongo a todos los sectores que integran el MOVIMIENTO NACIONAL JUSTICIALISTA (MNJ), que hoy se miran con aprensión, prejuicios y desconfianza, que depongan las insidias y nos unamos férreamente a través de debates abiertos, con buena fe, buena voluntad y sin reservas mentales, para juntar las desparramadas y desarmadas piezas —que nunca debimos desmantelar— y volver a instaurarlas al servicio del Pueblo.

El planteamiento es simple: retomar las viejas y queridas consignas de UNIDAD, SOLIDARIDAD y ORGANIZACIÓN (USO) para poner en acción la ideología y la doctrina que nos guían, teniendo en cuenta las circunstancias siempre variables de la realidad. Sin descuidar ni dejar de lado la herramienta o brazo político-electoral: el PARTIDO JUSTICIALISTA (PJ), que posee rango constitucional. 

Es inevitable poner la atención también en él, con la participación de todos los sectores y organizaciones del MOVIMIENTO que lo integran, en iguales términos y con idénticos propósitos, para poder ejercer una representación formal y también sustancial, amplia y abarcativa, que permita llevar adelante las alianzas convenientes con otras fuerzas políticas, en coincidencia con los denominadores comunes que el país, la provincia y sus localidades reclaman y anhelan.

El General Perón, tanto en el discurso inicial de su primera presidencia en 1946 como en el último —de su tercera— en 1973, dice lo mismo (y no es una repetición casual): “SOLO EL PUEBLO SALVARÁ AL PUEBLO. SOLO LOS HUMILDES SALVARÁN A LOS HUMILDES”. Es un concepto definitorio donde se encuentra el espíritu que nutre al MOVIMIENTO.

Nadie puede hacer nada solo. Y mucho menos en política. Nos necesitamos todos, sin excepciones ni exclusiones. Sin bolillas negras ni fullerías de vuelo gallináceo.

¿QUÉ LES PARECE SI LO INTENTAMOS, CON AMOR A LA PATRIA Y SOLIDARIDAD ENTRE NOSOTROS?
¿Habrá llegado el momento de decir —parafraseando a Ortega y Gasset—?:
PERONISTAS… ¡A LAS COSAS!

MEJOR QUE DECIR ES HACER.
MEJOR QUE PROMETER ES REALIZAR.
(J.D.P.)

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