Una mercedina contra los mercedinos: el cinismo del poder

La discusión por la posible reducción del régimen de Zonas Frías no es un debate técnico ni una pelea entre funcionarios porteños: en ciudades como Villa Mercedes significa decidir si miles de familias podrán calefaccionarse o deberán elegir entre pagar la boleta o llegar a fin de mes.
En ese contexto genera indignación la actitud de dirigentes políticos que mientras la ciudad pierde beneficios históricos aparecen en redes sociales sonrientes, compartiendo imágenes y gestos de cercanía con quienes impulsan estas políticas nacionales. La diputada nacional Mónica Becerra quedó expuesta a cuestionamientos públicos porque muchos vecinos observan una desconexión entre la realidad social de Villa Mercedes y la postura política que acompaña. La sociedad mercedina tiene derecho a exigir explicaciones claras: qué postura defenderá frente al posible recorte y si priorizará los intereses de su ciudad o la disciplina partidaria.

El beneficio permitió durante años amortiguar tarifas que, sin subsidio, se vuelven impagables para jubilados, trabajadores informales y sectores populares. Y el problema aparece justo cuando se aproxima el invierno, la época donde el consumo de gas deja de ser comodidad y pasa a ser necesidad básica.
El impacto económico es concreto. Una factura promedio de 25 mil pesos con un aumento del 50% pasaría automáticamente a costar 37.500 pesos. Son 12.500 pesos más por mes. Traducido a la vida cotidiana: alimentos, medicamentos o transporte que dejan de comprarse para poder prender una estufa. En una ciudad golpeada por la caída del consumo y la pérdida del poder adquisitivo, el recorte del beneficio puede convertirse en otro golpe silencioso sobre la economía doméstica mercedina.
Pero el problema no termina en las casas particulares. También habrá consecuencias sobre industrias, comercios y municipios. El aumento energético impacta en costos de producción, servicios públicos y funcionamiento estatal. Cada incremento tarifario termina trasladándose a precios, suspensiones, menos actividad económica o reducción de servicios. En una ciudad industrial como Villa Mercedes, donde muchas pymes ya trabajan al límite, el costo energético puede transformarse en otro factor de ajuste.
La llamada “casta política” suele denunciarse con discursos grandilocuentes, pero el verdadero cinismo aparece cuando algunos dirigentes naturalizan medidas que perjudican directamente a la población mientras construyen una imagen pública cuidadosamente calculada. La democracia necesita representación real, no funcionarios convertidos en comentaristas de redes sociales. Porque cuando la política pierde sensibilidad frente a problemas básicos como calefaccionarse en invierno, el descreimiento social deja de ser una consigna y empieza a convertirse en una crisis profunda de legitimidad.



