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El Recipiente Blanco Solidario: Por qué nos negamos a que el hambre sea un delito en Villa Mercedes

Escribe: Pablo Muract

Este lunes 27 de abril concurrimos al Honorable Concejo Deliberante para presentar formalmente el proyecto de Ordenanza que propone crear el PROMSORA (Programa Municipal de Separación Solidaria de Residuos Aprovechables). No lo hicimos como especialistas en programas sociales, ni políticas en contra del hambre, sino como ciudadanos que caminan la misma ciudad que ustedes, viendo cómo el paisaje de nuestras veredas se ha transformado en un mapa de la necesidad.

A veces, para entender la política, tenemos que dejar de mirar los gráficos de la macroeconomía y empezar a mirar las bolsas de basura. En Villa Mercedes, ver a un vecino —un par, un igual— revolviendo residuos en busca de algo para llevar a la mesa ya no es una excepción. Es la postal dolorosa de una crisis que nos ha pasado por encima, destruyendo el poder adquisitivo y la dignidad del plato de comida diario.

Nuestra respuesta no puede ser el patrullero

Presentamos este proyecto porque nos negamos a aceptar la visión que algunos sectores proponen desde la comodidad de una banca: la de multar, filmar y perseguir a quien tiene hambre. No podemos comprender la lógica de quienes ven un «problema de seguridad» o una «infracción estética» donde hay una tragedia humana.

Frente a la propuesta de criminalizar la miseria, nuestra iniciativa propone organizar la solidaridad. El PROMSORA es una invitación al comerciante gastronómico, al panadero y al vecino particular: les pedimos que separemos. Que utilicemos el Recipiente Blanco Solidario para los excedentes de comida y un contenedor diferenciado para los reciclables. Queremos que el recuperador urbano deje de ser un fantasma en la oscuridad para ser reconocido como un trabajador de la economía popular que, además, cuida nuestro medio ambiente.

Para que no queden dudas: Lo que SÍ y lo que NO somos

Sabemos que este tema genera debates intensos y por eso queremos ser claros sobre los cimientos de nuestra propuesta:

Lo que este proyecto NO es:

  • No es una solución permanente ni deseable. Tenemos plena conciencia de que alimentos y residuos no deberían ir juntos. Ninguna ordenanza debería tener que organizar la búsqueda de comida en la calle, pero esto es una respuesta de emergencia a una emergencia real.
  • No es resignación ni conformismo. Es exactamente lo contrario: es nuestra respuesta local al daño que las políticas de ajuste y desempleo están causando en nuestras familias.
  • No es un proyecto punitivo. A diferencia de quienes proponen multar y llamar a la policía, nosotros no criminalizamos a nadie ni convertimos la miseria ajena en una infracción.
  • No es la única respuesta posible. Es apenas una forma de organizarnos. No agota el debate sobre la pobreza; lo abre desde la empatía.
  • No es para siempre. Tiene fecha de vencimiento: el día que vuelvan los gobiernos comprometidos con el trabajo y el salario digno. Ese día, este proyecto será felizmente archivado.

Lo que este proyecto SÍ es:

  • Es una mirada empática. Partimos de la base de que ver a alguien buscar comida en la basura debe generarnos vergüenza colectiva y voluntad de ayudar, no indignación contra el necesitado.
  • Es la respuesta antagónica al castigo. Donde otros eligen la cámara y la multa, nosotros elegimos el Recipiente Blanco Solidario y el reconocimiento del otro.
  • Es un reconocimiento institucional. Los recuperadores no son un problema urbano; son trabajadores que cumplen una función ambiental. Queremos registrarlos, equiparlos y dignificarlos.
  • Es temporal y consciente. Su mayor virtud política es admitir su propia excepcionalidad: estamos legislando para una emergencia.
  • Es una invitación a la comunidad. Le proponemos al gastronómico y al vecino ser parte de algo más grande. El gesto de separar una vianda puede ser, literalmente, la diferencia entre que un mercedino cene o no cene esta noche.

Una invitación a no cerrar los ojos

El PROMSORA tiene una misión ética. El día que en nuestra ciudad ningún pibe y ningún abuelo tengan que salir a ver qué quedó en la puerta de un restaurante, ese día habremos triunfado como sociedad.

Pero mientras ese momento llega, tenemos una opción clara: o nos convertimos en una comunidad de denunciantes y vigilantes de la pobreza, o nos organizamos para cuidarnos entre nosotros. Confío en que el Concejo Deliberante sabrá entender que el hambre no espera los tiempos de la burocracia. No es una cuestión de ideologías, es una cuestión de humanidad.

Separar lo que sirve es el primer paso para no descartar a las personas.

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