Quieren multar a quienes buscan comida en la basura. Si no tienen para comer ¿con qué pagarían?
Los socios políticos del gobierno hambreador, proponen ordenanzas para

Un proyecto del concejal del PRO Lucas Sapino propone sancionar con hasta $ 480.000 (800 unidades de multa) a quienes abran bolsas de residuos en la vía pública. En la mira, también, quienes hurgan en la basura por necesidad. El Concejo lo giró a comisión, pero el daño simbólico ya está hecho.
Imagínese la escena. Son las once de la noche. Una persona —hombre, mujer, anciano, no importa— recorre las veredas de Villa Mercedes con una bolsa y un palo improvisado. No busca problemas. Busca algo que comer, o algo que pueda vender para comer mañana. Abre una bolsa de residuos, revuelve con cuidado, y se lleva lo que necesita.
Para el concejal del PRO Lucas Sapino, esa persona merece una multa de entre 200 y 800 unidades. Cada unidad de multa equivale a 600 pesos. Y si reincide, hasta 1.200. Y trabajos comunitarios. Y eventualmente, la policía.
El proyecto de ordenanza ingresado el 17 de abril fue girado este martes a la Comisión de Interpretación y Asuntos Legales para su estudio, lo que posterga su tratamiento pero no lo archiva. El texto ya existe. La intención ya fue declarada. Y eso solo merece una pregunta: ¿en qué ciudad creen que estamos viviendo?
Qué propone el proyecto — artículo por artículo
Incorpora al Código Municipal de Faltas el artículo 95 bis: quien en la vía pública rompiere, rasgare, abriere o manipulare bolsas de residuos urbanos provocando dispersión de su contenido será sancionado con multa de 200 a 800 Unidades de Multa. En caso de reincidencia, hasta 1.200 unidades más trabajos comunitarios obligatorios.
Establece agravantes: que ocurra cerca de escuelas, hospitales o plazas; que el autor tenga antecedentes similares; o que afecte la prestación del servicio de recolección.
Habilita a inspectores, policía municipal y agentes de tránsito a labrar las infracciones.
Faculta al municipio a firmar convenios de cooperación con la provincia para implementar videovigilancia orientada a detectar estas conductas.
Cualquier persona podrá registrar fotográfica o fílmicamente los hechos y remitirlos al Juzgado Municipal de Faltas para iniciar actuaciones sancionatorias.
El municipio desarrollará campañas de concientización sobre las sanciones previstas para quienes atenten contra la higiene urbana.

El problema real y el problema inventado
Seamos honestos: que alguien abra una bolsa de residuos y deje el contenido desparramado en la vereda es un problema genuino para el vecino que tiene que recogerlo, volver a embolsarlo y lidiar con el olor y la suciedad. Nadie dice que no. Es un trastorno real y comprensible que genera malestar.
Pero hay una diferencia enorme entre identificar un problema urbano y elegir a quién culpar por él. Y Sapino eligió a los más pobres.
Porque seamos claros sobre quién abre las bolsas de basura en la vía pública de Villa Mercedes. No son vándalos. No son delincuentes. Son, en su inmensa mayoría, personas en situación de pobreza extrema que buscan alimento —restos de comida, pan viejo, lo que sea— o materiales reciclables para vender y juntar algo de dinero. Son los cartoneros, los cirujas, los que no tienen otra opción.
Proponer multarlos es, en el mejor de los casos, un acto de profunda ceguera social. En el peor, es una decisión política deliberada que elige castigar la pobreza en lugar de atenderla.
¿Cómo se le cobra una multa a alguien que busca comida en la basura porque no tiene plata para comer?
La lógica del buchón institucionalizado
Uno de los aspectos más perturbadores del proyecto es el artículo 6°, que habilita a cualquier vecino a fotografiar o filmar a quien abra una bolsa y enviar ese material al Juzgado de Faltas para iniciar actuaciones.
En otras palabras: el Estado le delega a la ciudadanía la vigilancia de los pobres. Le da una herramienta legal para espiarse entre sí, para denunciarse, para convertir el espacio público en un campo de control social donde el vecino con celular se vuelve inspector honorario de quienes hurgan en la basura.
Esto no es ni inocente ni casual. Es apelar deliberadamente a una fibra oscura: la del vecino que ya está molesto con la bolsa rota, que ya tiene el teléfono en la mano, y a quien ahora se le dice que tiene el poder —y casi la obligación cívica— de mandarle una foto a las autoridades para que vengan a sancionar al que «ensució».
No se le pregunta al vecino: ¿sabés por qué esa persona está revisando tu basura? ¿Sabés qué situación la trajo hasta acá? No. Se le da un canal de denuncia y se convierte su incomodidad en herramienta de persecución.
¿Y la policía? ¿Para esto?
El artículo 3° del proyecto establece que la constatación de infracciones podrá ser realizada por inspectores municipales, agentes de policía municipal y personal de tránsito. Es decir: la fuerza pública movilizada para perseguir a una persona que abrió una bolsa de residuos.
Una persona que busca comida. Una persona sin recursos. Una persona que, con toda probabilidad, no va a poder pagar multa alguna.
En Villa Mercedes, como en cualquier ciudad argentina, las fuerzas de seguridad tienen agenda más que llena. Robos, violencia doméstica, accidentes de tránsito, situaciones de riesgo real. Destinar recursos policiales a perseguir cirujas no solo es un despropósito: es una declaración de prioridades que revela exactamente a quién considera esta política pública como «problema».
El antecedente trapitofóbico
Este proyecto no surge de la nada. Guarda una coherencia inquietante con otro que el HCD mercedino aprobó el año pasado: el que estableció sanciones para trapitos y artistas callejeros en los espacios públicos de la ciudad.
En ambos casos, el sujeto perseguido es el mismo: el pobre visible. El que ocupa el espacio público de una manera que incomoda. El que no tiene dónde ir. El vendedor ambulante que molesta, el malabarista que distrae, el ciruja que ensucia.
Lo que se construye, proyecto a proyecto, es una ciudad donde la pobreza no sea visible. No resuelta, no atendida: invisible. Corrida de las veredas, multada si reaparece, filmada por los vecinos si se acerca demasiado.
Eso no es política social. Es higiene urbana aplicada a las personas.
Una pregunta de fondo
El proyecto de Sapino habla mucho de higiene, de convivencia, de salubridad pública. Usa palabras correctas para envolver una lógica incorrecta. Nadie va a defender que las veredas queden llenas de basura. Pero el problema no es la bolsa rota. El problema es que hay personas que no tienen qué comer y que tienen que buscarlo en la basura de otros.
¿Cuántos proyectos del Bloque PRO en el HCD de Villa Mercedes apuntan a resolver ese problema? ¿Cuántas ordenanzas sobre comedores, sobre merenderos, sobre asistencia a personas en situación de calle, sobre recuperación de alimentos, sobre economía popular? ¿Cuántas?
Lo que propone Sapino es, en esencia, cobrarle una multa a alguien que no tiene plata para comer por buscar comida donde puede encontrarla. Y delegarle a los vecinos que lo filmen mientras lo hace.
El Concejo hizo bien en girar el proyecto a comisión. Ojalá que en esa comisión alguien tenga la valentía de decir lo que este texto merece: que antes de regular cómo los pobres buscan comida, habría que preguntarse por qué tienen que buscarla en la basura.



