El Mundo

La caída de las vestiduras: El barro contra los algoritmos

“Lula a alegria não tem fim…”

En pleno apogeo del fenómeno del Niño, cuando el mapa regional parecía incendiarse bajo el sol de la derecha, desde Brasil llegaron aires cálidos. Cuando la victoria parecía un imposible estadístico frente a los agoreros del «libre pensamiento» de mercado —y con todo el circo mediático augurando el final—, Lula volvió a hacerlo. Como un Quijote terco ante los molinos de viento de nuestro tiempo, el viejo líder sindical no solo peleó contra Gigantes de carne y hueso en la región, sino contra los molinos de silicio: esos algoritmos invisibles de Meta diseñados para silenciar la calle. Y les volvió a doblar el brazo.

Las batallas épicas se juegan y se ganan en el terreno que el enemigo menos imagina. Tras una primera vuelta adversa que lo dejó 2,5 puntos abajo, Lula tenía todo el tablero en contra: la sombra de Trump amenazando con «portaaviones» desde el Norte, las irrupciones volcánicas de Milei vomitando insultos desde el Sur, el círculo rojo alineado y el púlpito de las iglesias evangélicas predicando la condena del «pecador». Y, por sobre todo, el Goliat moderno de los algoritmos, esa fuerza en apariencia invencible. Frente a semejante maquinaria, y con los pies hundidos en el barro del pueblo, se construyó un triunfo digno de una superproducción de Hollywood.

En política, dos más dos nunca es cuatro; muchas veces los pueblos tienen nociones de supervivencia. Ante la espada afilada del ajuste continental que amenazaba con decapitar las conquistas sociales, la ciudadanía activó su reserva moral. El espejo de los proyectos de derecha en la región no fue visto como un destino inexorable, sino como un futuro no tan “cuamperfecto” del cual había que despertar a tiempo. Los triunfos  no tienen un solo motivo, pero sobre todo tienen una motivación. Vimos un pueblo movilizado en las manifestaciones más multitudinarias de la historia de Brasil, a jóvenes empoderados luciendo orgullosos la verdeamarela recuperada para la causa popular, y a un «ejército de “wasaperos» disputando el territorio digital minuto a minuto.

Desde las ciencias sociales, este fenómeno de masas demuestra que la masa no es una muchedumbre ciega, sino una estructura de sentido colectivo donde la identidad se encarna en un liderazgo carismático. La figura de Lula opera como un catalizador de la memoria afectiva de un pueblo: la multitud que llena las avenidas no es una simple suma de individuos, sino una fuerza orgánica articulada por la conciencia de clase y el instinto de autoconservación frente a la hegemonía del capital financiero y la manipulación algorítmica.

Banda sonora sugerida para esta lectura:

Para revivir la mística festiva y popular que desbordó las calles.

Reflexión final:

Como en aquella inolvidable enseñanza de “El Eternauta”, la única resistencia válida es la comunitaria: el héroe nunca es individual, el héroe es colectivo porque nadie se salva solo. Frente a la frialdad de la “maquina”, la desinformación organizada y las amenazas de la casta regional. Brasil demostró que con un pueblo unido, motivado y con un objetivo firme, la historia no la escriben las corporaciones ni las máquinas. La escriben los pueblos cuando deciden ponerse de pie.

Ojalá acá tomen el ejemplo.

O dia da vitória de Lula em 13 minutos: como foi a apuração entre petistas e bolsonaristas.

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