Los Institutos de Formación Docente Continua (IFDC) de la provincia de San Luis se encuentran hoy en un proceso de revisión y reforma de sus planes de estudio en algunas de las carreras que ofrece. En esta ocasión se trata de una reconfiguración que, lejos de ser un mero trámite administrativo, esconde un retroceso pedagógico e ideológico alarmante: el nuevo diseño curricular para el profesorado de Lengua y Literatura prescinde por completo de la materia Filosofía del arte.
Ante esta eliminación deliberada, cabe recordar que el odio a la filosofía no es nuevo. Allí está el viejo testimonio de La Apología de Sócrates, la hoguera de Giordano Bruno, los Index Librorum Prohibitorum de la Inquisición, la persecución a Spinoza, a Marx —que continúa hasta el día de hoy, por iniciativa del gobierno de Giorgia Meloni en Italia— y podrían citarse muchos más ejemplos: la bomba que hizo estallar la casa de Enrique Dussel y lo empujó al exilio, junto a otros fundadores de la Filosofía latinoamericana, como Arturo A. Roig, Horacio Cerutti Guldberg, entre otros, a comienzos de la última dictadura militar. La batalla liderada por Jacques Derrida contra la eliminación de la filosofía en el bachillerato francés, en plena época neoliberal, en los años noventa es otro ejemplo de ese odio y podrían sumarse otras luchas y resistencias al respecto.
El odio a la filosofía es odio a la reflexión y al concepto. Deleuze lo dice así: ¿Qué es aquello que la filosofía no soporta? No soporta la estupidez. La filosofía es un combate contra la estupidez. Ésta no es una forma de no pensar, sino que es una forma baja de pensar. El fascismo reclama la necesidad de la expansión del bajo pensamiento y de la estupidez que lo sostiene. El bajo pensamiento es necesario para causar la obsecuencia a gran escala. Para producir un pueblo obsecuente.
El fascismo tiene una gran capacidad de penetración en ámbitos educativos porque se presenta como una forma de bondad o incluso de filantropía que, en realidad, es una forma de desprecio. Su semblante es facilitar aprendizajes. Pero detrás de ese semblante se esconde el desprecio por la igualdad de las inteligencias y el temor, cuando no el odio de las diferencias
Un fantasma recorre el mundo: el fantasma de la policía. Deleuze llamó “Sociedades de control” a esas formas de aplanamiento del pensamiento y de lo que se sigue de allí, que Kafka prefiguró en su literatura: un poder de control sin centro, como una red impersonal que se reproduce maquínicamente. El inconsciente es maquínico. Esa máquina de maquinaciones ordena vigilar y controlar
El cambio de planes de estudio para los profesorados de los IFDC, impuesto cada cuatro años desde centros de poder oscuro, desde espacios en los que se cocina la Ilustración oscura de la que habla Nick Land es una variante de esa forma de estupidez destinada a crear y reproducir obsecuencia. Es una máquina de obsecuencia. Es falso que haya que rendirse ante esos empujes. En la mayor parte de las jurisdicciones educativas de la Argentina eso no sucede. Además de crear complicaciones y de desorganizar la cursada de los estudiantes, sirve para esto: para eliminar aquellas Unidades Curriculares que pueden generar algo disruptivo en la subjetividad de un estudiante que mañana será docente. Se trata de borrar en los futuros docentes todo rastro de eso que Gramsci llamó “intelectuales”: los docentes como dirigentes y organizadores de la cultura en el seno del pueblo, en su labor diaria; no meros transmisores y facilitadores de “saberes” para reproducir la servidumbre. En su lugar se apuesta a que sean reproductores de obediencia ciega, de obsecuencia sin reflexión, de adaptación sin fin a lo aberrante—tal la máxima ideológica que domina a las corrientes de la llamada “educación emocional” que se propone “gestionar” las angustias como si se tratara de una cuestión de stock empresarial.
Mientras tanto, las tasas de suicidio entre la población joven crecen como la deuda externa.
Veamos el argumento con el cuál se decidió sacar del nuevo plan de estudios de la carrera de Lengua y Literatura de los IFDC de la provincia de San Luis el espacio “Filosofía del arte”. En el IFDC de San Luis se jubiló el docente responsable de dicho espacio. Es como si se hubieran acabado los profesores de Filosofía sobre la faz de la tierra. No es la única razón, aunque sea la que habilita borrar Filosofía del arte de la currícula, sino el hecho de que se exige incluir en la Formación disciplinar una «didáctica especial» (nominación patologizante si las hay). Esa exigencia es de la jurisdicción. Es decir, el Ministerio de educación de la provincia ordena una reorganización que ignora la diferencia entre trayectos formativos en perjuicio de la formación disciplinar. Nos preocupan las consecuencias y los efectos de esta decisión, las complicidades con los peores empujes de la época oscura que habitamos y la aparente indiferencia de quienes tendrían que oponerse a eso en nombre de una educación democrática.
Esta reforma es cómplice del fascismo ideológico que baja del gobierno nacional. Quienes han consentido la eliminación de Filosofía del arte del plan de estudios de la carrera de Lengua y Literatura en ambos IFDC de la provincia de San Luis han actuado bajo los empujes de ese fascismo y de esa reproducción de obsecuencia a gran escala. Una vergüenza más, parafraseando al Manifiesto liminar de la Reforma universitaria. Claro, el Manifiesto liminar es de 1918; estamos por detrás de aquella rebeldía que cambió la forma de pensar y hacer la educación superior en toda América Latina y no sólo, porque de allí surgieron los grandes movimientos populares que enfrentaron a las oligarquías. Hoy vivimos épocas de neo oligarquías muy potentes que no parecen tener fuerzas que las resistan.
El problema no es sólo Palantir, o Antrhopic, sino que, por una siniestra imitación de esa lógica algorítmica, muchos y muchas quieran ser palantires, es decir: instrumentos de la dominación zombi, del control, y de la reproducción de obsecuencia que la dominación destructora de cualquier forma de soberanía democrática reclama para sí.
Spinoza habla en su filosofía de cómo se reproducen el odio, la venganza, el resentimiento a partir de lo que él llama “imitación de los afectos”. Hoy aquella práctica extendida de la modernidad temprana está envuelta en la imitación de las lógicas de la inteligencia artificial: acumulación de saberes sin pensamiento, sin reflexión, sin crítica de la ideología, al servicio de la reproducción de subjetividades zombis.
No podemos menos que expresar nuestro repudio a este estado de cosas.



