Análisis

Milei en su laberinto: poder, mercado y soledad política

El concepto de capitalismo político de Branko Milanović resulta incómodamente útil para leer el presente argentino. No se trata solo de un modelo económico, sino de una lógica donde el Estado deja de ser árbitro y pasa a ser herramienta de acumulación. En ese marco, la llegada de Javier Milei no rompe el sistema: lo radicaliza. Su discurso antiestatal convive con una práctica donde el poder político se vuelve funcional a intereses económicos concentrados, con poca mediación institucional y menos aún anclaje comunitario.

El problema aparece cuando el liderazgo es abiertamente outsider. Milei no solo llegó desde afuera de la política tradicional, sino que además desprecia sus códigos: la negociación, la construcción territorial, incluso la memoria institucional. Esto genera una paradoja peligrosa: necesita del Estado para gobernar, pero lo deslegitima constantemente. En términos de Milanović, el riesgo es un “capitalismo sin red”, donde las políticas públicas dejan de ser políticas y pasan a ser decisiones tácticas de corto plazo, más cercanas a la especulación que a la planificación.

La fragilidad actual del gobierno expone ese límite. El llamado “Caso Libra” —que golpea la credibilidad del entorno presidencial— y el desgaste comunicacional de Manuel Adorni muestran un oficialismo que todavía no logra consolidar un relato estable. La política interna se vuelve errática: medidas que van y vienen, tensiones con gobernadores, y una base de apoyo que depende más del rechazo al pasado que de una adhesión sólida al presente.

En paralelo, la apuesta internacional refuerza el aislamiento. El alineamiento casi personal con Donald Trump —en un contexto global mucho más complejo— deja a Argentina jugando en soledad. No es una política exterior pragmática, sino ideológica, y eso en términos de poder real suele costar caro: menos alianzas, menos margen de maniobra, más dependencia.

El resultado es un gobierno que concentra poder discursivo pero carece de poder estructural. Mucho shock, poca red. Mucha épica, poca política. Y como enseñan tanto Milanović como la historia —esa que Milei prefiere ignorar—, los experimentos de poder sin comunidad suelen terminar igual: rápido, ruidoso y con factura social.

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