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Total hermetismo en torno al reencuentro de Adolfo y Alberto Rodríguez Saá

Los hermanos Alberto y Adolfo Rodríguez Saá, emblemas del peronismo en San Luis, han protagonizado una de las rupturas más notorias de la política provincial en las últimas décadas. Gobernadores alternados de la provincia desde 1983 —Adolfo de 1983 a 2001 y Alberto desde 2003—, su relación se basaba en un pacto implícito de poder y sucesión que se rompió irremediablemente por disputas de control partidario, estrategias electorales fallidas y acusaciones de corrupción familiar. El conflicto, que escaló entre 2017 y 2019, dejó al clan dividido, con Adolfo en la oposición y Alberto manteniendo el dominio del Partido Justicialista (PJ) local, aunque con un retiro temporal anunciado en 2023 debido al ascenso a la gobernación de un hombre formado en las propias entrañas de los hermanos: Claudio Poggi, hoy aliado a La Libertad Avanza.

El inicio de la ruptura puede encontrarse en las elecciones legislativas nacionales de San Luis celebradas en 2017. Esa ocasión en la que —todavía compitiendo juntos— Poggi ganó la PASO por casi 20 puntos, solo para ver impotente cómo Adolfo revertía el resultado en la general por casi 10 puntos. La del 17 fue la última competencia electoral que los tendría juntos. Alberto fue reelecto en el 19 y se produjo la separación que persiste hasta nuestros días… o que terminó el pasado lunes 19 de enero de este flamante 2026.

La incógnita sigue abierta debido a que Calle Angosta no ha logrado confirmarla, a pesar de numerosas consultas realizadas a fuentes muy cercanas a los protagonistas. El dato significativo es que los informantes tampoco descartan que se haya producido.

La secesión desorientó a propios y extraños durante mucho tiempo. Aún hoy es posible escuchar a algún pretendido analista aseverando que todo forma parte de una puesta en escena ofrecida a la sociedad con el objeto de embarullar las cosas para seguir manejando los hilos del poder. Altamente improbable.

Fueron muchos más, por otro lado, los que intentaron mil y una estrategias de acercamiento para tratar de superar la disputa que se llevaba puesto al gobierno provincial, al partido, al andamiaje empresarial y a las propias relaciones interpersonales al interior de la familia Rodríguez Saá.

Entre las muchas versiones que circularon sobre las causales que imposibilitaban una recomposición (algunas delirantes, otras que sonaron más razonables; la mayoría incomprobables, varias más traídas por los pelos), la que giró en torno a Gisela Vartalitis, esposa de Adolfo desde 2010, fue una de las que concitó mayor atención.

Vamos a obviar profundizar en los detalles, que por cierto no conocemos. Sí, y en función del tema que abordamos, recogeremos y daremos por veraz aquella definición de Alberto en relación a que, mientras la pareja de su hermano lo fuese, no se recompondría el diálogo ni la relación.

Pues bien: Adolfo y Gisela ya no están más juntos; y entre los seguidores de uno y otro sector (que alguna vez y durante mucho tiempo habían sido una unidad), las ilusiones de reconciliación cobraron fuerza.

Una de las versiones que llegó a Calle Angosta habla de un encuentro producido en la sede de la FISAL, la fundación de la calle Junín capitalina en donde Adolfo tantas veces hizo de anfitrión, ofreció capacitaciones, mantuvo reuniones y cerró listas de candidatos. Otra voz ubica la reunión en oficinas de El Diario / Radio Lafinur. La empresa comunicacional con entrada principal por la Avenida que lleva el mismo nombre de la radio, aunque el mayor de los hermanos habría entrado por calle Pedernera.

La expectativa de la militancia en ambos sectores es evidente. El albertismo en pleno fue desalojado del gobierno, cuando no perseguido. Quienes mantuvieron la posición (es decir: quienes no traicionaron y se pasaron al poggismo) están deseosos de rearmarse para competir con chances en 2027. En el adolfismo, por su parte, acostumbrados a ser quienes dan las órdenes, no se acomodan al libreto que escribe Avanzar; y que les asigna solo papeles secundarios. Ocupan los cargos que les dan, a regañadientes, convencidos de que están para —y merecen— mucho más.

No falta mucho para que se conozcan de manera incontrastable los detalles del encuentro, los términos de la reunión y las claves de las proyecciones que se hayan hecho.

Muchos observadores aseveran que, si no se produjo efectivamente el pasado 19 de enero, será en cualquiera de estos días o semanas. Las condiciones internas parecen dadas; las políticas no pueden ser más demandantes de unidad; y la situación social exige unidad. No como requisito suficiente, pero sí necesario, para comenzar cuanto antes a remendar los jirones que el tándem Poggi-Milei está dejando en el Pueblo.

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