Ideas que valen la penaInvestigaciones e informes especialesSindicales

A 81 años del Decreto 1740/1945: vacaciones pagas, conquista peronista y turismo social 

Con información de «Justicialismo»

La historia oficial liberal suele presentar los derechos sociales como concesiones “naturales” del progreso o como adaptaciones tardías a modelos extranjeros. Nada más falso. En la Argentina, las vacaciones pagas no cayeron del cielo ni fueron una dádiva benévola del patrón ilustrado: fueron una decisión política concreta, tomada en favor de la clase trabajadora, en abierta confrontación con los intereses de la oligarquía.

El 23 de enero de 1945, mediante el Decreto N° 1740, la Secretaría de Trabajo y Previsión a cargo del coronel Juan Domingo Perón generalizó el derecho a las vacaciones pagas para todos los trabajadores con al menos un año de antigüedad, estableciendo periodos según categoría y servicio: entre 10 y 20 días al año. Ese día se quebró un privilegio de clase que durante décadas había separado a los “dueños del país” del resto del pueblo.

Antes de Perón: derechos que no se cumplían

Durante la Década Infame, los derechos laborales existían más como decoración legal que como realidad concreta. La ley 11.723 de 1933 mencionaba las vacaciones pagas, pero con un alcance mínimo —limitado al comercio— y sin controles efectivos, pensada para maquillar un régimen basado en el fraude, la desigualdad y la arbitrariedad patronal.

Sin convenios colectivos ni sindicatos fuertes, el patrón decidía todo. El miedo al despido y la informalidad anulaban cualquier derecho. En 1935, solo algunos gremios urbanos accedían parcialmente a vacaciones pagas; para la mayoría de los trabajadores, especialmente en la industria, el campo y el interior del país, el descanso era inexistente.

Pagarle al obrero por no trabajar era impensable para una clase dirigente que concebía el trabajo como sometimiento. Por eso, antes de Perón, las vacaciones pagas eran letra muerta. El derecho estaba escrito; el agotamiento lo ponía siempre el trabajador.

Perón y la democratización del descanso

Con Perón, el derecho al descanso dejó de ser una formulación abstracta y pasó a ser una realidad concreta. Las vacaciones pagas significaron mucho más que cobrar el sueldo sin trabajar durante algunos días: implicaron la apropiación del tiempo libre, del territorio nacional y del ocio como derecho social.

El descanso dejó de ser considerado improductivo y pasó a ser reconocido como parte del ciclo económico. Como señalaba Enrique Silberstein, el turismo adquirió un vigor extraordinario cuando los trabajadores asalariados comenzaron a viajar con sus familias. Millones de argentinos conocieron por primera vez el mar, las sierras, los lagos y las montañas. El país dejó de ser propiedad simbólica de unos pocos y pasó a ser vivido por las mayorías.

Mar del Plata ya no fue exclusivamente de ellos

Ahí se produjo la verdadera ruptura. Mar del Plata, reducto exclusivo de la oligarquía, dejó de ser una postal aristocrática para convertirse en una ciudad popular. Donde antes paseaban apellidos ilustres y fortunas heredadas, comenzaron a llegar trabajadores que hasta entonces solo conocían el descanso en los márgenes del conurbano.

Ese fue el verdadero pecado del peronismo. No solo haber reconocido derechos laborales, sino haber profanado los espacios de distinción social. Como recuerda Norberto Galasso, buena parte del odio oligárquico hacia Perón se explica por haber llenado de pueblo los lugares que la elite consideraba propios.

El Turismo social como política de estado

Las vacaciones pagas fueron la base de una política integral de turismo social. No se trató de una medida aislada, sino de un entramado de decisiones que fortalecieron al movimiento obrero y al Estado nacional: personería gremial, salario mínimo vital y móvil, aguinaldo, Instituto Nacional de Remuneraciones y financiamiento para colonias de vacaciones.

Los sindicatos compraron hoteles, construyeron complejos y organizaron viajes. Hoteles que habían sido símbolos de exclusión pasaron a ser espacios de bienestar obrero. El Estado, junto a la Fundación Eva Perón, garantizó hospedaje, transporte accesible y condiciones dignas. No fue caridad ni asistencialismo: fue justicia social organizada desde el poder político.

De Decreto a Derecho Constitucional

El peronismo no se conformó con el reconocimiento administrativo. En 1949, las vacaciones pagas quedaron incorporadas a la Constitución Nacional como parte de los derechos sociales del trabajador. El descanso pasó a ser un derecho constitucional, inseparable de la dignidad humana y del proyecto nacional.

Incluso después del golpe de 1955 y la derogación de la Constitución del ’49, ese derecho no pudo ser eliminado. En 1957 reapareció consagrado en el artículo 14 bis, prueba irrefutable de que se trataba de una conquista irreversible del pueblo trabajador.

Una conquista nacional en un contexto mundial

Aunque la Organización Internacional del Trabajo había reconocido las vacaciones pagas como derecho en 1936, en la Argentina ese reconocimiento solo se volvió efectivo con Perón. Antes hubo recomendaciones, después hubo derechos reales. La diferencia no fue jurídica, sino política.

El peronismo transformó una aspiración internacional en una realidad nacional, adaptada a las necesidades del país y orientada al desarrollo interno, fortaleciendo el mercado interno, la industria turística y el empleo.

El descanso como derecho político

El peronismo entendió algo que la historia liberal siempre negó: el descanso es un derecho político. Vacacionar no es un lujo ni un capricho, es parte de la dignidad del trabajador y de su integración plena a la comunidad nacional.

Hace cien años, las vacaciones eran privilegio de los potentados. Desde 1945, gracias al peronismo, pasaron a ser un derecho del pueblo. Eso es lo que todavía incomoda. Eso es lo que todavía algunos no perdonan.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba