

Una mirada obstétrica e interdisciplinaria para cuidar a la madre y al bebé
Por Lic. Obstétrica Sosa Amad, Nahir y Dr. Aldeco, Dario
La diabetes gestacional es una de las alteraciones metabólicas más frecuentes del embarazo. Se define como una intolerancia a los hidratos de carbono que se diagnostica por primera vez durante la gestación. Dicho de una manera sencilla: durante el embarazo, la placenta produce hormonas que pueden generar mayor resistencia a la insulina; si el páncreas no logra compensar esa demanda, la glucosa en sangre aumenta.
Su importancia no está solamente en el valor de laboratorio. La diabetes gestacional necesita ser mirada de manera integral, porque puede impactar en la evolución del embarazo, en el crecimiento fetal, en el nacimiento y también en la salud futura de la madre y del recién nacido. Por eso, el abordaje actual no debe reducirse a “pedir una glucemia”: requiere pesquisa oportuna, diagnóstico claro, educación, seguimiento obstétrico, control metabólico y trabajo conjunto con endocrinología, nutrición y neonatología.
¿Por qué puede aparecer durante el embarazo?
El embarazo es, fisiológicamente, un estado de mayor resistencia a la insulina. Esto permite que haya más disponibilidad de glucosa para el crecimiento fetal. En la mayoría de las gestantes, el organismo se adapta aumentando la producción de insulina. Pero en algunas personas esa compensación no alcanza y aparece hiperglucemia.
Existen factores que aumentan el riesgo: diabetes gestacional previa, antecedentes familiares de diabetes en familiares de primer grado, edad materna mayor de 30-35 años, sobrepeso u obesidad, síndrome de ovario poliquístico, antecedente de hijos macrosómicos, antecedentes obstétricos como preeclampsia o hipertensión, tabaquismo y algunas etnias de mayor riesgo. Sin embargo, también puede presentarse en gestantes sin factores de riesgo evidentes; por eso el control prenatal ordenado es clave.
Diagnóstico: qué dicen las guías actuales
Uno de los puntos más importantes es que no todas las guías internacionales utilizan exactamente la misma estrategia diagnóstica. Esto no significa que una paciente “tenga o no tenga” diabetes según quién la mire, sino que existen distintos modelos de pesquisa con diferentes puntos de corte, costos y sensibilidad para detectar casos.
En Argentina, el Consenso FASGO 2024 describe las dos estrategias más utilizadas en nuestro país. La primera es la propuesta IADPSG, con prueba de tolerancia oral a la glucosa de 75 g y tres determinaciones: ayunas, 1 hora y 2 horas. Sus puntos de corte son: ayunas 92 mg/dl, 1 hora 180 mg/dl y 2 horas 153 mg/dl; un solo valor alterado alcanza para el diagnóstico. La segunda es la estrategia ALAD, a la cual adhieren la Sociedad Argentina de Diabetes y el Ministerio de Salud de la Nación: prueba de 75 g con ayunas y 2 horas, con puntos de corte de 100 mg/dl en ayunas y/o 140 mg/dl a las 2 horas. En este esquema, el valor alterado en ayunas requiere confirmación, idealmente dentro de la semana, mientras que un valor alterado a las 2 horas es diagnóstico.
ACOG, en Estados Unidos, continúa recomendando mayoritariamente una estrategia en dos pasos: primero un test de screening con 50 g de glucosa sin ayuno y, si resulta alterado, una prueba diagnóstica con 100 g y tres horas. En cambio, protocolos europeos y centros como Hospital Clínic Barcelona contemplan algoritmos con sobrecarga y criterios propios, incluyendo la evaluación temprana de glucemia basal y la prueba entre las semanas 24 y 28. En pacientes con factores de alto riesgo puede ser necesario realizar estudios metabólicos desde el primer trimestre.
| Guía / consenso | Estrategia diagnóstica | Puntos de corte destacados | Comentario obstétrico |
| FASGO 2024 / Argentina | Reconoce IADPSG y ALAD como estrategias usadas en el país. | IADPSG: 75 g, ayunas 92, 1 h 180, 2 h 153 mg/dl; un valor alterado. ALAD: 75 g, ayunas 100 y/o 2 h 140 mg/dl. | Útil para consensuar criterios locales. Recomienda equipo multidisciplinario e individualizar seguimiento. |
| ACOG | Estrategia en dos pasos: screening 50 g y, si corresponde, PTOG 100 g. | Metas terapéuticas habituales: ayunas <95 mg/dl; 1 h <140; 2 h <120. | Muy útil para control metabólico y reducción de macrosomía. |
| Hospital Clínic Barcelona | Algoritmo con glucemia basal temprana y prueba diagnóstica 24-28 semanas. | Glucemia basal 92-125 mg/dl se considera anormal y requiere confirmación; >125 mg/dl orienta a diabetes franca. | Destaca ejercicio, dieta por IMC, seguimiento ecográfico y coordinación con unidad de diabetes. |
| SEGO/SED | Reconoce estrategia de un paso con SOG 75 g y estrategia de dos pasos. | Puntos según estrategia adoptada. | Refuerza el trabajo entre obstetricia, endocrinología, nutrición y neonatología. |
La comparación entre guías nos deja una enseñanza práctica: el diagnóstico debe estar protocolizado por cada institución y el equipo debe conocer qué criterio utiliza, para no confundir a la paciente ni demorar el tratamiento. En gestantes con alto riesgo, glucemias límite o hallazgos ecográficos sugestivos, el seguimiento debe intensificarse aunque todavía no se haya confirmado el diagnóstico.
Tratamiento: mucho más que “sacar el azúcar”
El tratamiento comienza con información clara. Una paciente que entiende qué está pasando y por qué se indican controles suele adherir mejor y angustiarse menos. La educación diabetológica incluye explicar los horarios de medición, los valores esperados, cómo registrar resultados, cuándo consultar y qué cambios en la alimentación o la actividad física pueden ayudar.
La primera línea suele ser la terapia nutricional individualizada. No se trata de “hacer dieta” en el sentido restrictivo, sino de ordenar la alimentación: distribuir hidratos de carbono, elegir alimentos con mejor calidad nutricional, evitar ayunos prolongados, sostener proteínas y grasas saludables, y adaptar el plan a la edad gestacional, el peso, el IMC previo, la cultura alimentaria, la economía familiar y las posibilidades reales de la paciente.
La actividad física, cuando no hay contraindicación obstétrica, es una herramienta terapéutica. Caminar, realizar ejercicio aeróbico moderado o moverse después de las comidas puede mejorar los valores posprandiales. Siempre debe indicarse de manera segura, personalizada y acorde al embarazo.
El automonitoreo glucémico permite evaluar si el plan está funcionando. Las metas más utilizadas son: glucemia en ayunas o preprandial entre 70 y 95 mg/dl, glucemia 1 hora posprandial menor de 140 mg/dl y glucemia 2 horas posprandial menor de 120 mg/dl. Algunas guías, como ALAD, proponen metas de ayuno algo más estrictas. El objetivo es lograr buen control sin hipoglucemias y con acompañamiento cercano.
Cuando con alimentación, actividad física y educación no se alcanzan los objetivos, el tratamiento farmacológico debe ser indicado y seguido por endocrinología o diabetología. En muchas guías, la insulina continúa siendo el tratamiento de referencia durante el embarazo cuando se requiere medicación. La elección, dosis y ajustes deben ser individualizados.
El rol obstétrico: seguimiento materno-fetal
Desde la obstetricia, la diabetes gestacional exige vigilancia clínica y fetal. En cada control se evalúa presión arterial, aumento de peso, síntomas, adherencia al plan, registros glucémicos, movimientos fetales y signos de alarma. También se articulan estudios complementarios según edad gestacional y evolución: ecografías de crecimiento, líquido amniótico, Doppler cuando corresponda y monitoreo fetal en situaciones indicadas.

El objetivo no es medicalizar innecesariamente, sino anticiparse. La hiperglucemia materna sostenida se asocia a macrosomía fetal, polihidramnios, distocia de hombros, mayor tasa de cesárea, preeclampsia, parto prematuro y complicaciones neonatales como hipoglucemia, hiperbilirrubinemia o dificultad respiratoria. Un seguimiento oportuno disminuye riesgos y permite planificar mejor el nacimiento.
La vía y el momento del parto dependen del control metabólico, el crecimiento fetal, la presencia de complicaciones, la edad gestacional, los antecedentes obstétricos y la evaluación clínica. La diabetes gestacional bien controlada no implica automáticamente cesárea. Lo central es individualizar y decidir en equipo.
Trabajo interdisciplinario: la clave del buen resultado

La diabetes gestacional es un ejemplo claro de por qué el embarazo no se acompaña desde una sola disciplina. La obstétrica detecta, educa, acompaña y controla el proceso prenatal; endocrinología o diabetología define y ajusta el manejo metabólico; nutrición transforma la indicación en un plan posible; obstetricia médica evalúa riesgos y conducta; neonatología anticipa cuidados del recién nacido; y, cuando hace falta, psicología acompaña el impacto emocional del diagnóstico.
El trabajo interdisciplinario evita mensajes contradictorios. Para la paciente, recibir indicaciones claras y coordinadas reduce ansiedad, mejora adherencia y fortalece la confianza en el equipo. Para el sistema de salud, permite actuar antes de que aparezcan complicaciones.
Pautas de alarma: cuándo consultar sin esperar
La gestante con diabetes gestacional debe consultar de manera inmediata si presenta disminución o ausencia de movimientos fetales, sangrado, pérdida de líquido, contracciones regulares antes de término, cefalea intensa, visión borrosa, dolor en la boca del estómago, hinchazón brusca, presión arterial elevada, fiebre, vómitos persistentes o imposibilidad de alimentarse.
También debe comunicarse con el equipo si registra glucemias repetidamente por encima de los objetivos, valores muy altos —por ejemplo, cercanos o mayores a 200 mg/dl—, cetonuria positiva cuando fue indicada su medición, síntomas de hiperglucemia como sed intensa y orina excesiva, o síntomas de hipoglucemia como sudoración, temblores, palpitaciones, mareos, confusión o debilidad.
Después del nacimiento: no termina en el parto
Un punto que muchas veces se olvida es la reclasificación posparto. La diabetes gestacional aumenta el riesgo futuro de diabetes tipo 2 y de recurrencia en embarazos posteriores. Por eso, las guías recomiendan control metabólico después del nacimiento, habitualmente con prueba de tolerancia oral a la glucosa con 75 g a partir de la sexta semana posparto, además de seguimiento clínico, consejería nutricional, actividad física, lactancia y planificación anticonceptiva.
El puerperio es una oportunidad para cuidar a la madre más allá del embarazo. La lactancia, cuando es posible y deseada, aporta beneficios metabólicos para la madre y el bebé. Pero también necesita acompañamiento, especialmente en pacientes que atravesaron embarazo de alto riesgo o nacimiento con cuidados neonatales.
Mensaje final
La diabetes gestacional no debe generar miedo, pero sí compromiso. Detectarla a tiempo permite intervenir, acompañar y reducir riesgos. El control prenatal, la educación, el automonitoreo, la alimentación adecuada, la actividad física segura y el seguimiento conjunto con endocrinología son pilares para lograr un embarazo más seguro.
Desde la obstetricia, el desafío es mirar a la persona gestante de manera completa: sus valores de glucemia, sí, pero también sus miedos, su contexto, sus posibilidades, su bebé y su proyecto de nacimiento. Porque el buen control metabólico no se logra solo con números: se logra con equipo, escucha y acompañamiento.
Se estima que entre el 7% y el 18% de los embarazos pueden presentar diabetes gestacional, dependiendo de la población estudiada y de los criterios diagnósticos utilizados.
Nota editorial sugerida: este artículo tiene finalidad informativa y no reemplaza la consulta médica ni el seguimiento individualizado de cada embarazo.

Lic. en Obstetricia Nahir Sosa Amad
Sanatorio La Merced – Villa Mercedes, San Luis
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“Acompañando a las mujeres en cada etapa de su vida, desde la salud, la
información y el cuidado integral.”
Bibliografía utilizada
Federación Argentina de Sociedades de Ginecología y Obstetricia (FASGO). Consenso de Diabetes Gestacional. Actualización octubre 2024. Disponible en: https://www.fasgo.org.ar/images/Consenso_Diabetes_Gestacional_2024.pdf
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