Villa Mercedes

Alberto, Giraudo y una novela con más versiones que propuestas

La política mercedina encontró un nuevo entretenimiento: reconstruir quién visitó a quién, quién ofreció una candidatura y quién salió corriendo a desmentir al otro. Alberto Rodríguez Saá y Luis Giraudo coinciden en que hubo una reunión, pero discrepan sobre su significado. Según Giraudo, el exgobernador fue a verlo para proponerle ser candidato a intendente por el PJ, siempre que abandonara el oficialismo. Alberto había contado otra historia.

El episodio tiene su ironía. Los hermanos Giraudo,  no son unos recién llegados a la política ni han descubierto ayer el universo Rodríguez Saá. Su proyecto político siempre tuvo vínculos con ese espacio y ahora, como funcionarios del gobierno de Claudio Poggi, se apuran a marcar distancia. Al mismo tiempo, siempre reivindican su disposición a conversar con distintos dirigentes.

Dialogar no es un pecado, por supuesto; lo llamativo es que una reunión privada termine convertida en una operación de desmentidas, explicaciones y reproches. Si el encuentro fue tan inocente, la temperatura posterior parece excesiva.

La disputa también deja una pregunta incómoda para el oficialismo provincial: ¿cuánto orden político puede exhibir un gobierno cuando uno de sus funcionarios aparece en medio de una novela de candidaturas con su principal adversario? Poggi no necesita intervenir en cada conversación, pero el episodio expone los límites de su capacidad para ordenar el escenario político mercedino.

Mientras los dirigentes discuten quién llamó a quién, la ciudad sigue esperando respuestas sobre empleo, servicios, infraestructura y el deterioro de las condiciones de vida. La política parece más ocupada en administrar sus propias intrigas que en atender las urgencias de la comunidad.

En el caso de Giraudo, además, la volatilidad de sus posicionamientos alimenta interrogantes sobre su coherencia y su credibilidad política.

Y hay un antecedente que no debería desaparecer de la conversación pública: las informaciones periodísticas que lo vincularon con sospechas en torno al caso ANDIS, una investigación por presuntas maniobras de corrupción en el área de discapacidad. Eso no equivale a una condena ni autoriza a presentarlo como culpable, pero sí vuelve razonable exigir explicaciones y transparencia.

Mientras tanto, Alberto y Giraudo continúan con su intercambio de versiones, como si la política nacional, la crisis social y las necesidades de las personas con discapacidad fueran asuntos secundarios. Por ahora, la gran discusión no es qué proyecto de ciudad ofrecen, sino quién fue a comer el asado con quien.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Botón volver arriba