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Cerimedo: el poder detrás del odio

Fernando Cerimedo no fue simplemente un asesor de campaña de Javier Milei. Fue uno de los hombres que entendieron antes que muchos cómo convertir las redes sociales en una maquinaria política capaz de instalar ideas, enemigos y emociones en millones de argentinos. Consultor digital, estratega de campañas y vinculado a la creación de La Derecha Diario, construyó una forma de comunicación basada en la confrontación permanente, la viralización y la construcción de adversarios. Su influencia excedió una elección: ayudó a modificar la conversación política argentina.

Por eso, la noticia de su detención en Bolivia adquiere una dimensión que va mucho más allá de la investigación por el ataque a tiros contra su expareja Nadia Beller. Cerimedo fue detenido cuando intentaba abandonar el país y la Fiscalía boliviana lo acusó de tentativa de femicidio, mientras investiga además la posible participación de otros autores intelectuales. Es fundamental señalar que se trata de una acusación en investigación y que deberá ser la Justicia la que determine responsabilidades.

Pero hay una discusión política que no debería quedar sepultada por el impacto policial de la noticia. Cerimedo representa una manera de hacer política en la que la comunicación digital dejó de ser una herramienta para convertirse en un campo de batalla: descalificar, polarizar, instalar sospechas, convertir al adversario en enemigo y apelar a la indignación como combustible electoral. Su recorrido también quedó asociado a controversias en Brasil por la difusión de información falsa sobre el sistema electoral y a investigaciones vinculadas al intento de golpe contra Lula.

La cuestión de fondo, entonces, no es solamente quién es Cerimedo, sino qué dejó Cerimedo en la política argentina. Una democracia puede sobrevivir a una campaña agresiva; lo que resulta peligroso es cuando la mentira, el odio y la deshumanización del adversario se transforman en método permanente de construcción del poder. El caso judicial deberá resolverse en los tribunales, pero el debate democrático exige revisar también quiénes fueron los arquitectos de una comunicación política que convirtió el enfrentamiento en identidad. Y ahí Cerimedo ocupa un lugar demasiado importante como para reducirlo a una noticia policial.

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