¿Hacia dónde vamos? ¿Qué estamos haciendo?

¿Hay algo más real que esto? ¿Más evidente que esto? Vivimos rodeados de mentiras. Nada que sea verdadero carece de amor. Si nos hablan de verdad, que esa verdad nos muestre el amor. De lo contrario, es pura mentira.
“No aceptemos como verdad, nada que carezca de amor. Y no aceptemos como amor, nada que carezca de verdad”. Edith Stein
¿Hay responsabilidad en ello? Mucha, por una razón u otra, y no siempre justificados, vivimos en absoluta indiferencia. En realidad, vemos y no queremos ver. Es más cómodo alejar de nuestras cabezas lo que nos incomoda, o interpela. Y lo más grave -un daño propio que no vemos-, es quedarnos en un individualismo absoluto, sin importarnos los que les pasa a los otros. Y daña porque nos endurece, sin pensar que somos con los otros y que de algún modo esa indiferencia vuelve, porque todo lo que les hagamos a los otros, tarde o temprano nos afectará. Entonces caemos en la mala fe, es decir, culpar a los demás, a la fantasiosa mala suerte, y aunque los demás también pueden ser responsables de lo que nos pasa, todo bien y todo mal que persiste depende de nuestras decisiones. Hasta la decisión de pedir ayuda, de salir de la soberbia, de atrevernos y hasta de rezar.
“Sentí que ser joven no era excusa y que podía saber de las cosas que pasaban”.
Traudl Junge, (Secretaria de Hitler cuando tenía 22 años)
Es cierto. La juventud no es excusa para ignorar el sufrimiento del prójimo, ni para desconocer la Historia de la sociedad en que se vive, alimenta y disfruta, ni mucho menos para caer en las adicciones, o huir del compromiso necesario y solidario con la Comunidad. Tampoco es excusa la mentira, el engaño y las dificultades familiares, personales y sociales para no hacer nada. Eso es mala fe. Es excusarse a sí mismo. Siempre se elige, aún con limitaciones.
Es verdad que los jóvenes están siempre en desventaja con los adultos, porque éstos tienen experiencia; muchos con sabiduría y prudencia, pero también abundan otros con las telarañas de mezquindad, egoísmo, hedonismo y vicios. Ni la vejez, está exenta de estupidez. En este sentido, tampoco es excusa para imitarlos y ser programados por ellos.
Las generaciones mayores son responsables de las nuevas. Transmiten cosas buenas y cosas malas. Reproducen solidaridad, compromiso, buenos ejemplos de lucha, pero también hay familias que reproducen odio, resentimientos y olvido de humanidad. Y todo vuelve.
Vivimos muchos tipos de esclavitud. Mentirse a sí mismo es la peor de todas. El olvido de nuestro ser. Pero la pobreza, la postergación, no poder progresar ni tener una mejor calidad de vida, también es esclavitud. Porque son cadenas que no se ven, pero que existen. La mayoría de las personas no elige su trabajo, ni tiene oportunidades. Esas limitaciones también son una esclavitud. Igualmente, la situación de los ancianos, de los jubilados, de los que dependen de un salario mínimo para alimentarse, para sus remedios, para vivir y no morir. Y hay esclavitud en los deseos desordenados, en las adicciones al puro entretenimiento y placer, en el encierro en sí mismo del egoísmo de no compartir, en la pura apariencia e hipocresía…
Los que tienen personas a cargo, las familias, los padres, los responsables de las Instituciones, los que deben defender los derechos de todos y hacer justicia, los gobernantes, los que tienen mandatos populares, todos se deben a todos. Aunque no todos tienen buena voluntad ni son merecedores de confianza.
¿Queremos una sociedad mejor? No basta confiar en los responsables de los que tienen personas a cargo, y cuantas más personas, más responsabilidad. La confianza, la credibilidad, se da cuando se demuestra en las obras. No hay que seguir apostando a la confianza y honestidad de las personas cuando elegimos a los responsables de las Instituciones. Como en las elecciones. Apostar es azar, y no razón. Tenemos que construir esa confianza y los que se postulan, tienen que construir antes, esa confianza para ser merecida, mucho antes de ser elegidos. De lo contrario, seguimos apostando a la ilusión de la zanahoria delante de un buey. Algo que nunca llega. Nos hacen creer, confiar, trabajar como bestias, para la riqueza de una carga que no será para nosotros, sino para pocos. ¿Podemos seguir siendo, no ingenuos, sino irresponsables?
“Qué mal nos ha hecho esto? El mal donde los hombres convierten a sus hermanos en bestias de carga, para trabajar y sufrir en la angustia; arrancándoles el alma, la esperanza y la fe”.
Charlton Heston (Los diez mandamientos)
Vivir la Verdad, como el amor, son hechos de voluntad. El Amor no es arte, ni frivolidad, ni sensualidad. Es compromiso y vida. No se juega con ello. Vivimos épocas oscuras y andamos a tientas, desconcertados y sin futuro cierto. Ya no hay ni eufemismos hipócritas que oculten la maldad, y mientras la irresponsabilidad e injusticia crecen, la ausencia de Humanidad nos interpela. ¿Qué estamos haciendo? ¿Qué haremos?



