Opinión

La Identidad Nacional por treinta monedas

No se está vendiendo la soberanía solamente; se está entregando la Identidad Nacional al extranjero. Pero, si se diluye nuestro Ser Nacional, ¿de qué argentina y argentinos hablamos? ¿Cuáles son los motivos por los que muchos que se dicen argentinos asisten imperturbables a la destrucción del Estado -la organización jurídica que da forma legal a la Nación- sin pensar en las consecuencias?

“¿Cuánto me quieren dar, y yo les entrego a Jesús?”      

Judas Iscariote
(Ellos le pagaron treinta monedas de plata)

El Estado se puede reformar, pero no se tiene que destruir, porque significaría que la Nación sólo existiría como Comunidad natural, y tal vez unida por lazos de identidad, pero sin territorio, sin gobierno propio, con o sin reconocimiento internacional, pero expuesta al dominio de cualquiera. En la actualidad, al Libre Mercado. Esto, que parece una peligrosa locura, no lo es todavía, y aún puede ser peor, porque el dominio extranjero también quiere la disolución de la identidad nacional, para reemplazarla por la suya.

¿Acaso son argentinos los que miran al país del Norte y obsecuentemente sus admiradores al punto que reniegan de su propio país y obedecen sumisamente a los intereses geopolíticos del dominio unilateral? ¿Acaso son argentinos los grupos económicos concentrados que fluyen la riqueza que producimos al exterior, sumiendo al país en deuda, pobreza y atraso? ¿Acaso son argentinos los que venden no sólo territorio nacional al extranjero, sino también recursos energéticos y estratégicos para la defensa y la industria nacional? ¿Hay desmemoria que el País del Norte acudió en apoyo de Inglaterra por la OTAN durante la guerra de Malvinas? 

La generala del Comando Sur de Estados Unidos, lo dijo claramente: los recursos de América Latina “les pertenece”. Y lo dicen por supuestas razones estratégicas, reviviendo una guerra fría ahora con China. En realidad, es para la codicia de sus multinacionales. También dicen que ellos necesitan un “Espacio Vital” para que sobreviva la democracia según la concibe su Neoliberalismo, y que es prioritario expandirse a Canadá y a Groenlandia, reviviendo la doctrina Monroe: “América para los americanos”, y nada de inmigrantes. Pero se refieren a que toda América, y América Latina especialmente, sea para Estados Unidos. Un despropósito total, un colonialismo explícito. La Alemania Nazi también hablaba de un “Espacio Vital para sobrevivir”, y “Alemania para los alemanes”, también nada de inmigrantes ni de otras razas de “subhumanos” como decían ellos, ni discapacitados. ¿No escuchamos un discurso similar en los Países del Norte y en Argentina?

Sin Cultura, sin Educación, y sin responsabilidad gubernamental sobre la promoción del odio, desprecio a la vida y delincuencia por las Redes Sociales -hoy avizoramos las consecuencias en los jóvenes, sobre todo en los menores, expuestos a las adicciones y manipulación de los adultos-, incitándolos a normalizar la violencia, el negacionismo y la corrupción a cara descubierta de los gobernantes. Se cree que atacando las consecuencias y no las causas estructurales se evita ese desmadre. Pero no hay decisiones políticas sobre los Medios, sobre las Instituciones y la creciente marginalidad para asegurar una convivencia justa y saludable.   

El desconocimiento casi absoluto y desinterés de las nuevas generaciones por nuestra Historia, y la indiferencia por los no tan jóvenes a comprometerse para mejorar la calidad de vida de nuestra sociedad, es una negación que nos sumerge en la ignorancia y rechazo de la Historia del Pueblo Argentino -difundida en la Escuela como Historia sin Política- cuando la Historia siempre ha sido de luchas para conquistar Derechos y Justicia, conculcar los abusos de dueños, empresarios, académicos, fuerzas de seguridad y traición de políticos y sindicalistas, en complicidad con el Poder Judicial. Un desconocimiento y desinterés reemplazado por la liberación de la bronca como solución, por el entretenimiento permanente, la incredulidad a todo, y cosificación de las personas, diluyendo valores culturales y frivolizando los ideales patrióticos, como si no importara lo que representan.

No podemos vivir sin respetarnos como seres humanos, pero tampoco carecer de ideales y propósitos por los qué vivir, más allá de lo económico y del placer; entusiasmarse, dedicar lo mejor de nuestras vidas para ser felices y que tenga sentido real la existencia. Quieren comprarnos el alma por treinta monedas. Quieren diluir nuestra identidad nacional para dividirnos, desconcertarnos y volvernos un País sumiso y obediente, sin defensa alguna para decidir por nosotros mismos.

“Las cadenas que no se ven, son la peor de las prisiones”

Aún no hemos valorado ni reconocido el tremendo poder de las convicciones que nos hacen mejores personas al dedicar nuestra vida y nuestras acciones a la única causa justa que vale la pena: el servicio desinteresado, solidario y valiente a nuestra Comunidad, para que en nuestra sociedad logremos una convivencia de progreso, seguridad, paz y Justicia, y que ningún argentino quede desamparado, sin contención y sin oportunidades.

No es imposible.

Porque no es Justicia la incertidumbre económica, no es Justicia la desidia en salud y educación, no es Justicia la riqueza para pocos y pobreza para muchos, no es Justicia que a nuestros jóvenes se les robe el sentido de sus vidas con las adicciones, el individualismo, la indiferencia a lo que le pasa a la sociedad y una vida sin amor real.

“El amor real es el único que puede asumir la capacidad de decidir y actuar sobre el propio entorno, transformar los corazones y fortalecer la cohesión social”

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