El Mundo

¡Qué mala suerte, Javier!

Parece que el calendario internacional se ensañó con Javier Milei. En cuestión de semanas, el presidente argentino empezó a ver cómo se desmorona buena parte de su club de amigos ideológicos. Bolsonaro quedó políticamente hundido después de la reelección de Lula en Brasil, Donald Trump recibió un fuerte revés electoral en Estados Unidos y Benjamín Netanyahu atraviesa un escenario político cada vez más complicado en Israel. Una verdadera racha adversa para quien había convertido la afinidad personal con estos dirigentes en una suerte de política exterior.

En la Casa Rosada intentaron poner paños fríos frente a la derrota de Trump: «Le quedan dos años más de mandato». Una manera elegante de recordar que todavía queda tiempo para que las cosas empeoren.

El problema para Milei va bastante más allá de la mala suerte de sus socios. Su proyecto político construyó buena parte de su identidad internacional alrededor de una derecha radicalizada, confrontativa y fuertemente personalizada en determinados liderazgos. Trump, Bolsonaro y Netanyahu no eran simplemente presidentes amigos: representaban referencias políticas, culturales y estratégicas de un modelo que Milei reivindicó públicamente. Sin embargo, cuando esos referentes pierden poder, atraviesan crisis o quedan políticamente debilitados, también se resiente la arquitectura internacional sobre la que el Presidente argentino pretendía proyectarse. Mientras tanto, Milei vuelve a felicitar a Netanyahu y reivindica a Israel como bastión de Occidente. Es comprensible: cuando el club empieza a quedarse sin socios, conviene cuidar a los que todavía tienen teléfono.

La cuestión de fondo es si Milei podrá construir una política exterior que sobreviva a sus amistades políticas. Argentina necesita relaciones estables con Estados Unidos, Brasil, Europa y el resto del mundo, independientemente de quién gane las elecciones. También necesita inversiones, comercio y respaldo financiero, no solamente fotografías con dirigentes que comparten consignas.

El desafío presidencial será abandonar la dependencia de una internacional de afinidades ideológicas que parece perder terreno y concentrarse en los problemas concretos de la Argentina.

Porque una cosa es tener amigos poderosos y otra muy distinta es gobernar un país. Por ahora, el panorama para el Presidente es curioso: su proyecto de derecha global tiene cada vez menos referentes, y la política internacional parece empeñada en dejarlo sin padrinos. ¡Qué difícil debe ser ser el último libertario en la foto!

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