Poggi necesita a Frontera. Frontera necesita Villa Mercedes
Mientras Poggi piensa en su reelección, Frontera enfrenta un desafío más urgente: conservar Villa Mercedes para no comprometer su futuro político.

Escribe: Pablo Muract.
La sociedad política entre Claudio Poggi y Maximiliano Frontera ha producido beneficios para ambos. Pero a medida que se acerca el próximo turno electoral, una pregunta comienza a imponerse: ¿hasta cuándo seguirán coincidiendo los intereses del gobernador que busca reelegir y del intendente que necesita asegurar su sucesión?
El reciente acto del Movimiento de Unidad Peronista (MUP) volvió a poner sobre el escenario una realidad que ya no admite demasiadas discusiones: la asociación política entre Maximiliano Frontera y Claudio Poggi atraviesa uno de sus momentos de mayor visibilidad.

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«La gente no quiere que peleemos», suele decir el intendente mercedino. Y es cierto que, desde una perspectiva institucional, la convivencia entre Provincia y Municipio ha resultado mucho más armónica que la que caracterizó otros períodos de la política sanluiseña. Sin embargo, detrás de esa armonía aparece una pregunta que empieza a ganar espacio entre dirigentes, funcionarios y observadores de distintos sectores: ¿hasta qué punto le conviene a Frontera profundizar esa sociedad política?
La presencia en el acto de buena parte de la conducción provincial de Ahora San Luis pareció ofrecer una respuesta. Allí estuvieron algunos de los principales referentes del oficialismo acompañando al anfitrión y dejando en claro que la construcción compartida ya excede largamente la mera relación institucional.
Los medios afines celebraron la fotografía y dieron por consolidada una alianza con vocación de permanencia. Sin embargo, una reciente reflexión del escribano Eduardo Mones Ruiz aportó un elemento interesante al debate. En un escenario electoral crecientemente polarizado entre el oficialismo provincial asociado al mileísmo y las distintas expresiones del campo nacional y popular, Mones Ruiz se preguntó dónde terminará ubicándose Frontera y cuál será el destino de la fuerza política que construyó desde Villa Mercedes.
Su conclusión era sencilla y contundente: competir en soledad sería una alternativa extremadamente riesgosa. Coincido. Pero tal vez no sea ese el principal peligro.

El verdadero riesgo para Frontera podría ser otro: llegar a 2027 integrado al oficialismo provincial y perder en el camino aquello que constituye el fundamento de todo su poder político, la intendencia de Villa Mercedes.
El jefe comunal transita su segundo mandato y no tiene posibilidad de reelección. Mantiene niveles de acompañamiento razonables y no oculta sus aspiraciones provinciales. Poggi, en cambio, sí puede buscar un segundo mandato consecutivo.
Allí aparece la primera diferencia estratégica.
El gobernador necesita construir las condiciones para su reelección. Frontera necesita garantizar una sucesión exitosa en Villa Mercedes. Aunque hoy ambos objetivos parecen compatibles, nada asegura que continúen siéndolo a medida que se acerque el calendario electoral.
La gestión provincial, además, enfrenta dificultades crecientes. El deterioro económico nacional repercute sobre San Luis, mientras algunos errores propios han desgastado la imagen gubernamental. El desdoblamiento salarial de los empleados públicos, la pérdida relativa de ingresos frente a otras provincias y episodios controvertidos como el caso El Caburé son ejemplos visibles de una situación más compleja que la existente al comienzo del mandato.
A ello se suma la identificación política cada vez más explícita de Poggi con el gobierno nacional. Su reciente afirmación de que comparte «muchas cosas» de la política impulsada por Javier Milei refuerza una asociación que podría convertirse en un activo o en un pasivo según evolucione la situación económica del país.

Si el gobierno nacional atraviesa un proceso de desgaste acelerado, es razonable pensar que también se verán afectados aquellos gobernadores que actuaron como sostenes de su gobernabilidad.
Frontera parece relativamente protegido de ese fenómeno. Su vínculo con la Casa Rosada está mediado por la figura del gobernador. Pero sus amenazas son de otra naturaleza.
Con la llegada de Poggi al poder, Frontera selló un acuerdo que resultó conveniente para ambos, tanto en términos institucionales como políticos. El intendente sostiene que esa alianza también redundó en beneficios para la gestión municipal y las cuentas públicas. Quien escribe tiene una mirada diferente. La caída de la coparticipación viene erosionando severamente las finanzas municipales y resulta difícil identificar ventajas materiales capaces de compensar ese deterioro.
Donde sí hubo beneficios concretos fue en el plano político.
Los blindajes legislativos funcionaron. Los diputados identificados con Frontera se integraron de hecho al oficialismo provincial. El Concejo Deliberante mercedino alcanzó niveles inéditos de homogeneidad. Incluso algunos focos históricos de conflicto institucional quedaron temporalmente neutralizados.
También hubo entendimientos electorales. Villa Mercedes no cuestionó espacios relevantes del poggismo y la Provincia respetó determinados acuerdos locales.
Sin embargo, los antecedentes recientes muestran que las necesidades electorales de Poggi no siempre coinciden con las expectativas de sus aliados.
La discusión por las candidaturas nacionales de este año dejó señales que no pasaron inadvertidas. La decisión de impulsar una candidatura propia asociada al oficialismo nacional desplazó aspiraciones de otros sectores de la coalición y dejó más de un malestar acumulado.
Por eso resulta difícil imaginar que en 2027 la sucesión municipal de Villa Mercedes transite por un camino completamente despejado.

Nicolás González Ferro es hoy la apuesta de Frontera para conservar el municipio. Desde hace meses ambos desarrollan un proceso intenso de transferencia de visibilidad y capital político. Pero esos mecanismos nunca funcionan de manera automática. Su éxito depende de una condición central: evitar la dispersión del voto oficialista.
Y allí aparece el problema.
Nada indica que los distintos sectores que integran la coalición gobernante renuncien a disputar posiciones. Los Giraudo podrían hacerlo por dentro o por fuera. Sectores libertarios intentarán capturar una porción del electorado. Otros dirigentes provinciales también podrían encontrar incentivos para competir.

La consecuencia sería sencilla: fragmentar el espacio político que hoy sostiene al oficialismo municipal.
Todo lo demás pasa a segundo plano.
Vicegobernación, diputación nacional o una banca provincial pueden representar destinos atractivos para Frontera. Pero ninguno de ellos compensa la pérdida de la intendencia. Sin Villa Mercedes no sólo desaparecería su principal estructura territorial; también quedaría severamente limitada cualquier aspiración futura de disputar la gobernación.
Por eso una eventual candidatura propia a gobernador, aun con riesgos evidentes, aparece como una de las pocas herramientas capaces de ordenar detrás de sí la sucesión municipal y preservar el activo político más importante que posee.
El despliegue provincial observado en el acto del MUP dejó una señal adicional. Poggi necesita que el caudal electoral de Frontera contribuya a garantizar su reelección. A diferencia de otros dirigentes que construyen poder a partir de decisiones arriesgadas, Frontera desarrolló una carrera apoyada en la preservación cuidadosa de posiciones conquistadas. No suele anticiparse a los conflictos; más bien procura administrarlos cuando ya son inevitables. Esa forma de hacer política le permitió crecer. Pero también lo vuelve particularmente vulnerable cuando la iniciativa queda en manos de otros. Tal vez por eso la apuesta del gobernador sea ganar tiempo.
Confiar en que la sociedad política continúe funcionando mientras resulta útil para ambas partes y que, cuando las tensiones alrededor de la sucesión mercedina se vuelvan inocultables, ya no exista margen suficiente para modificar el rumbo. El problema para Frontera es que las decisiones que pueden garantizarle el control de la sucesión mercedina son precisamente aquellas que históricamente ha procurado evitar: las que implican asumir riesgos antes de que las circunstancias obliguen a hacerlo.
Hay una vieja frase atribuida a Winston Churchill que suele citarse al analizar decisiones políticas difíciles. «Les dieron a elegir entre el deshonor y la guerra; elegiste el deshonor y ahora -además- también tendrás la guerra». Más allá de las circunstancias históricas que la rodean, la enseñanza es simple: evitar un conflicto presente no siempre evita el conflicto futuro. A veces apenas lo posterga, y en peores condiciones.
Quizás allí resida el principal dilema de Frontera. La pregunta ya no es si puede convivir políticamente con Poggi. La pregunta es cuánto tiempo más puede hacerlo sin poner en riesgo aquello que le permitió convertirse en uno de los dirigentes más relevantes de la provincia: el control político de Villa Mercedes.



