Y, por casa, ¿cómo andamos? ¿Qué está pasando en San Luis?
Escribe Eduardo Gastón MONES RUIZ

Alianzas que no se nombran, candidatos que ya se acomodan y un solo oficialismo que gobierna desde la Nación hasta el municipio. En San Luis, el show de siempre: actores que cambian de bando pero no de libreto. Eduardo Gastón Mones Ruiz lo dice sin vueltas.
Parece que, para el gobierno, anda todo bien. Y, para el pueblo, por el contrario, no está nada bien. Pero, ¿cómo es esto? Surge una evidente contradicción, de carácter antagónico, que no se puede conciliar. Partamos de la base de que hay cosas que no se dicen o, peor aún, se quieren ocultar y están teñidas de falsedad; pero no se pueden disimular: es como tratar de tapar el sol con un colador. Han empezado a correrse los velos que cubrían lo que se pretendía esconder y, por ende, queda expuesto; se descubre a través de circunstancias que demuestran el engaño o el artilugio (la mentira tiene patas cortas).
Para intentar desnudarlas, ponerlas a la luz y verlas con claridad, trataré de hacer un análisis político simple y sencillo:
Lo primero —que cae por su propio peso— es que, directa o indirectamente, el gobierno provincial responde al gobierno nacional. Es un hecho, y además comprobado: baste decir que para las elecciones del 26 de octubre del año pasado se llevó a cabo una alianza electoral inhabitual, insólita, en la que el oficialismo provincial no presentó candidatos para legisladores nacionales, asumiendo como propios los del orden nacional. Lo segundo es que un número importante de municipios, entre los que se encuentran los de mayor peso, responden al gobierno provincial y, consecuentemente, también lo hacen con el nacional. Entonces, se compone un único oficialismo de facto. La provincia y muchas de sus municipalidades se manejan desde el gobierno nacional sin mayores dificultades. Situación esta que se intenta encubrir, pero lograrlo es cada vez más difícil. No hay argumentos ni explicaciones posibles que fundamenten este extraño acontecer.
¿Por qué es así? ¿Por qué sucede algo tan extraño, tan inusitado? Estimo que por una suerte de confusión o erróneo análisis, cuyos resultados son que, de ese modo, se obtendrán posibles —aunque no probables— beneficios coyunturales y básicamente electorales, que todavía no se notan. Pero de ninguna manera beneficios para la provincia y, mucho menos, para su pueblo.
Dicho lo que antecede, veamos ahora su configuración: aparece en el monitor un cuadro de tres fuerzas políticas: a) el poggismo; b) el mileísmo; y c) el albertismo. El primero está a cargo del gobierno provincial; el segundo, del nacional; y el tercero, del Partido Justicialista (PJ) distrito San Luis. A primera vista, no hay más fuerzas políticas que puedan llevar a cabo acciones confrontativas importantes. Pero lo que nos revela la pantalla no es exactamente así. Entre el primero y el segundo hay relaciones que no asoman claramente o se procura hacer desaparecer del escenario, como si fueran inexistentes. Y en el último se exhiben operaciones que adelantan el intento de algún tipo de recomposición. Todo esto se aceleró fuertemente por el impasse del Mundial de Fútbol y se advierten promociones o autopromocionens de varios candidatos, dentro y fuera de esas organizaciones políticas.
Examinando con más detenimiento, se podría concluir que: a) el primero y el segundo están construyendo una alianza implícita, tácita pero real; b) en el caso del último, puede deducirse fácilmente que ha comenzado una etapa de reacomodamientos, pudiéndose observar tácticas —ya aplicadas con anterioridad— conducentes a ese propósito. En ambos casos, las debilidades que existen o que se puedan producir solo contribuirían a acelerar las acciones destinadas a tal fin. A medida que crezca la polarización —que actualmente no es menor— los acontecimientos pueden apurar este interregno, pero sería atinado manejar los tiempos y los espacios con especial cuidado.
El resto de las fuerzas políticas que pueden actuar, aunque con escasa incidencia electoral, tendrá una opción: 1.°) procurar acordar con alguna de las mayores (generalmente se arregla por cargos); o 2.°) concurrir solas a los comicios o constituir alianzas menores. Ninguna de las dos garantiza resultados exitosos.
Los villamercedinos vamos a lidiar con algo atípico. Nos encontramos con una curiosidad interesante: ¿en qué sector se alineará el intendente y su fuerza política, originalmente peronista? Parecería que no tiene otra alternativa que aliarse con los oficialismos; y quien en definitiva los reciba tiene, de entrada, un importante elemento a su favor: la segunda municipalidad de la provincia. En mi humilde opinión, no tiene más remedio que participar en los oficialismos ya definidos y caracterizados (el que está con uno también está con el otro, al menos en las actuales circunstancias). La opción que queda —concurrir solos— es, cuando menos, muy peligrosa.
Es evidente que estamos en transición: «Lo viejo no termina de morir. Y lo nuevo no termina de nacer.» Y, según lo que viene ocurriendo, ninguno de los potenciales participantes lo comprende ni siquiera lo tiene en cuenta. En rigor, la pelea es por el «continuismo», no por lo nuevo. Se detecta un renovado e insistente «gatopardismo» (que todo cambie para que todo siga igual). Están encallecidos: se aferran a los cargos, no a los ideales. Sirven a las ambiciones personales y sectoriales. No al pueblo.
Nada mejor para cerrar este simple y sencillo análisis —desde mi respetuoso y reflexivo punto de vista— que recordar la primera verdad peronista: «En la verdadera democracia el gobierno hace lo que el pueblo quiere, y defiende un solo interés: el del PUEBLO.»



