La morosidad de los puntanos crece por una desgracia llamada Milei y la inacción del gobierno provincial
Un modelo económico que deja a miles de argentinos fuera del sistema y san Luis una de las más perjudicadas -

Escribe: Ruben Lemos
La creciente morosidad no constituye únicamente un indicador financiero. Es, sobre todo, un reflejo del deterioro de las condiciones de vida de amplios sectores de la sociedad. Cuando un trabajador deja de pagar la tarjeta de crédito o un préstamo personal, generalmente no lo hace por falta de voluntad, sino porque sus ingresos ya no alcanzan para cubrir las necesidades básicas de su familia.
En San Luis, esta realidad también comienza a hacerse visible. Comercios que venden menos, pequeñas y medianas empresas con dificultades para sostener su actividad y familias que destinan buena parte de sus ingresos al pago de deudas conforman un escenario que preocupa.
Desde una visión inspirada en los principios históricos del peronismo, la economía debe estar al servicio de la persona y del trabajo. El crecimiento económico adquiere sentido cuando se traduce en empleo, salarios con poder adquisitivo, fortalecimiento de la industria nacional y movilidad social ascendente. Bajo esa perspectiva, el aumento sostenido de la morosidad constituye una señal de que amplios sectores de la población atraviesan dificultades para sostener su nivel de vida.
Quienes sostienen una mirada crítica del rumbo económico nacional consideran que las políticas de ajuste fiscal, la reducción del consumo interno y el elevado costo del financiamiento han tenido efectos negativos sobre trabajadores, jubilados, comerciantes y pequeñas empresas. Desde esa óptica, la estabilización de variables macroeconómicas no sería suficiente si no se acompaña de una recuperación del ingreso real y de la actividad productiva.
Un modelo económico que deja a miles de argentinos fuera del sistema y San Luis una de las más perjudicadas.
En el ámbito provincial, también surgen cuestionamientos respecto de la capacidad de las políticas públicas para amortiguar esos efectos. Diversos sectores sostienen que sería conveniente impulsar medidas que incentiven la producción local, fortalezcan a las pymes, favorezcan la generación de empleo privado y estimulen el consumo, con el objetivo de reducir el impacto del endeudamiento sobre las familias.
La historia económica argentina muestra que los períodos de mayor expansión del mercado interno estuvieron asociados, para muchos analistas, con políticas orientadas a fortalecer el salario, el empleo y la producción nacional.
Las familias puntanas ya no tienen a quien recurrir para proveerse los recursos para alimentarse, vestirse, etc. La ratio de jóvenes padece además que solo se ofrece trabajos precarizados como las de las aplicaciones. Son jóvenes sin futuro, sin gobierno y sin Estado que los proteja. La respuestas deben ser políticas que protejan el poder adquisitivo, la actividad productiva y económica. Mientras tanto, cada cuota impaga y cada familia que posterga el pago de una deuda recuerdan que detrás de las estadísticas existen personas cuya situación económica merece atención.




