Las pavadas mundialistas de Don Pascual II

Francia apareció, México se hizo fuerte y Haaland salvó a Noruega… ahora empiezan los partidos de verdad
Mire, anoche quedó clarito que una cosa es llegar al Mundial y otra muy distinta es empezar a jugar los mano a mano. Francia hizo lo que hacen los equipos grandes: no dio explicaciones, dio goles. Mbappé metió dos, el pibe Barcola otro y Suecia terminó mirando cómo se le iba el colectivo. México también hizo los deberes. En el Azteca, con toda la gente empujando, le ganó bien a Ecuador. Y Noruega… ¡mamita! Estuvo a cinco minutos de hacer las valijas, pero apareció ese Haaland que parece un tractor con botines y les dio la clasificación cuando ya estaban preparando el alargue.
Ahora, tampoco nos volvamos locos. Que Francia haya ganado cómodo no significa que ya tenga reservado el hotel para la final. Del otro lado lo espera Paraguay, que viene de sacar del Mundial a Alemania. Y cuando un equipo elimina a un candidato, después juega livianito, sin mochila. Los paraguayos son como esos vecinos que no hablan mucho pero cuando se enojan te arreglan la discusión de un solo sopapo. Si yo fuera francés, estaría bastante más preocupado de lo que dicen en la televisión.
Brasil tampoco la tendrá servida. Noruega tiene un delantero que con media pelota te hace un gol. Si los brasileños le dejan un metro a Haaland, después no quiero escuchar que fue mala suerte. El Mundial ya nos enseñó que los nombres pesan poco cuando empieza a rodar la pelota. Holanda ya está en la casa, Alemania también. Así que más vale dejar de creer que los escudos ganan partidos.
Y mientras todos miran esos cruces, nosotros tenemos la cabeza en el viernes. Argentina juega con Cabo Verde y ya escucho a varios diciendo que está ganado antes de empezar. ¡No aprendemos más! Si algo me enseñaron los Mundiales es que el exceso de confianza es el peor rival. Hay que jugar con humildad, correr como si fuera una final y recién después sacar pecho. Porque una Copa del Mundo no la levanta el que mejor habla en la previa; la levanta el que respeta al rival hasta el último minuto.
— Don Pascual «El Tero» Arce
«Desde la mesa del Bar de la Estación. Donde el café se enfría… pero las opiniones nunca.»



