Don Pascual: La final no la juegan once… la juega un país entero

Don Pascual salió del hospital con el alta en una mano y el mate en la otra. El médico le había recomendado evitar emociones fuertes. Él se rio y contestó: «Doctor… entonces dígale a la FIFA que suspenda la final». Porque el domingo ya no será un partido más. Será de esos días en que las calles quedan vacías, los cumpleaños se atrasan, los asados cambian de horario y un país entero respira al ritmo de una pelota. El Mundial llega a su última estación y Argentina vuelve a estar donde siempre soñó: peleando por la gloria.
«Muchos creen que las finales se ganan jugando lindo. Yo creo que primero hay que saber sufrir», dijo Don Pascual mientras acomodaba la radio sobre la mesa. Y algo de eso tiene esta Selección. Ningún partido fue sencillo. Cada rival la obligó a sacar algo distinto: carácter, paciencia, rebeldía y fútbol. El camino hasta acá estuvo lleno de golpes, pero también de respuestas. Porque los campeones no son los que nunca tropiezan; son los que siempre encuentran la manera de levantarse.
Después levantó la vista y señaló una foto de Messi. «A este muchacho ya no le queda nada por demostrar». Lionel juega el fútbol con la tranquilidad de quien entiende el juego un segundo antes que todos los demás. No necesita correr más que nadie ni hacer diez gambetas por partido. Le alcanza con aparecer cuando el equipo lo necesita. Con una asistencia, un pase imposible, una pausa o un gol. Messi ya es eterno, pero el domingo tiene la oportunidad de escribir otro capítulo de esos que los nietos escucharán como si fueran cuentos.
Antes de irse, Don Pascual dejó la frase que seguramente se repetirá en miles de casas argentinas: «Si el domingo hay que sufrir, sufriremos. Si hay que gritar, gritaremos. Y si hay que llorar, también. Porque ser argentino nunca fue elegir el camino fácil. Las alegrías más grandes siempre llegaron después de los nervios más insoportables. Pase lo que pase, este equipo ya nos devolvió algo que vale más que una copa: la ilusión de creer juntos. Pero si además levanta el Mundial… que preparen otro hospital, porque no sé si el corazón aguanta semejante felicidad».



