Potestad llega al Teatro TIM: una única función imperdible
La emblemática obra de Eduardo "Tato" Pavlovsky, dirigida por Norman Briski y protagonizada por Eduardo Misch y Damián Bolado, se presenta el sábado 18 de abril a las 22hs en el Teatro TIM (San Martín 466) de Villa Mercedes.

Hay obras que no envejecen. Que cada época las resignifica y las vuelve urgentes. Potestad, la pieza más reconocida de Eduardo «Tato» Pavlovsky, es una de ellas. Estrenada en 1985, en plena posdictadura, la obra construye con maestría perturbadora la voz de un apropiador de bebés —un hombre que habla de su hija con amor genuino— y deja al espectador en la incómoda posición de haber sentido empatía por un perpetrador. Ese efecto no es accidental: es el corazón político y teatral de la pieza.
Ahora, en gira, el espectáculo aterriza en Villa Mercedes con una única función. Y la combinación de nombres en escena no es casual ni menor.

Norman Briski, director de esta versión, fue precisamente quien estuvo al frente del estreno absoluto de Potestad hace cuatro décadas. Su regreso a la obra no es nostalgia: es convicción. «Este es el mejor momento para hacer esta obra», declaró recientemente. Un momento que él mismo califica como «social e históricamente deprimente», y frente al cual el teatro responde con lo que sabe hacer: nombrar lo que incomoda.
Eduardo Misch, quien interpreta al protagonista, tiene con esta obra una historia profunda y singular. Fue asistente de Pavlovsky desde mediados de los años noventa, lo acompañó en giras, se ocupó de la puesta de luces, participó en la película homónima de 2002, y estuvo junto a Tato hasta las últimas funciones, cuando el dramaturgo ya llegaba arrastrando los pies pero se transformaba al abrirse el telón. «Siempre me maravilló Tato haciendo esta obra», cuenta Misch. Ahora la habita él, redescubriéndose en el rol desde su propio cuerpo y su propia historia.
Esta versión incorpora un elemento nuevo: el golf. El personaje ya no es el médico de clase media que jugaba al rugby del texto original, sino un golfista que le va relatando la historia a su caddie —encarnado por Damián Bolado—. El cambio no es decorativo. El golf opera como una imagen contundente de clase social, de complicidad civil, de distancia moral. La cancha verde y ordenada como metáfora de un mundo que mira para otro lado.
Consultado por Página/12 sobre las resonancias de la obra en el momento actual, Misch fue directo: «Con Norman hemos hablado bastante sobre esto. Se crea una actualidad en la obra. Antes nosotros hablábamos de Potestad como una obra que hablaba de la dictadura, algo que pasó. Ahora cuando uno la ve dice ‘esto está pasando’. No es de otra época. Puede ser de ésta.»
Y fue más lejos aún: «Después de que ganó Milei pensé: ‘A esto se refería Tato con la complicidad civil cuando escribía’. Yo pensaba que era una masa mínima, pero determinado tipo de gente está al lado nuestro.»
Por eso, al final de la obra, Misch agrega una única palabra que no estaba en el texto original: libertad. Solo eso. Y alcanza.



