ArgentinaIdeas que valen la penaOpinión

¿Quién dijo terroristas?

Escribe Guillermo Ricca. Docente e investigador

El presidente Milei en una de las habituales tertulias con uno de sus agentes de propaganda, Luis Majul, habló de un plan orquestado por Cristina Kirchner, inspirado en Los cuadernos de la cárcel de Antonio Gramsci.

Bajo la piel de los investigadores de Conicet, de los docentes, de los estudiantes habitarían terroristas que vienen a disolver la nación. El viejo fantasma del comunismo. Tal el nuevo delirio del Señor Presidente.

Ese disparate supo gestarse en sectores de la ultraderecha católica en los albores del retorno de la democracia.

Recuerdo haberme fumado un vídeo del cura Alfredo Sáenz en algún campamento parroquial por esos años que daba detalles del plan gramsciano de los usurpadores de cuerpos y mentes. Un  disparate semejante al plan andinia y otras conspiraciones malvadas contra los “argentinos de bien”.

Disparate por partida doble: Gramsci, en sus escritos asume la derrota de la revolución en Europa y habla de la necesidad de pasar de la estrategia de la guerra de maniobras a la guerra de posiciones en el terreno de la cultura, en el campo de los intelectuales que, para Gramsci incluye a los maestros rurales, a los dirigentes barriales, a los curas del bajo clero, etc.

El objetivo es crear una voluntad nacional popular capaz de generar una hegemonía democrática y formar a los propios dirigentes del pueblo, algo que las clases subalternas no pueden hacer porque no tienen instituciones para hacerlo y porque padecen la iniciativa de la clase dominante todo el tiempo, aun cuando se rebelan, dice el genial pensador y militante de Cerdeña que pasó más de una década en las cárceles de Mussolini.

Crear una voluntad colectiva nacional popular equivale a “terrorismo” para Milei. Estamos ante un retorno bizarro de la Doctrina de la Seguridad Nacional que instauró la última dictadura cívico militar.

Cuando el propagandista Majul le pregunta por los millones de endeudados que tiene la economía argentina, Milei responde que nadie les puso una pistola en la cabeza para endeudarse.

Habría que preguntarse si la política económica de salarios a la baja, tarifas de energía e impuestos en alza, caída permanente del consumo, inflación acumulada de 320 puntos en dos años y medio, destrucción de pymes e inversión cero—todos datos del Indec que maneja el propio gobierno—no funciona en realidad como una pistola en la cabeza de un padre o madre de familia, de un trabajador, de un docente que cobra un salario de mierda o de un investigador que cobra un salario de caca después de pasar años con becas precarizadas.

Quizás el terrorismo está en la misma política económica de endeudamiento externo, servicios financieros desregulados, entrega de recursos naturales y de tierras a extranjeros de manera indiscriminada. En la política de masacre hacia los jubilados, hacia los discapacitados, en la epidemia de suicidios—primera causa de muerte en Argentina por primera vez en su historia—en fin: en las causas de la implosión de los cuerpos agotados por los movimientos aberrantes que genera la política económica y desreguladora del gobierno nacional y sus aliados en cada provincia.

Quizás los terroristas sean el propio presidente, su Ministro de Finanzas, Toto Caputo y su ministro de desregulación, Federico Sturzenegger que no está dispuesto a retirarse de la gestión pública hasta no haber hecho desaparecer el país del mapa de Estados soberanos.

Si alguien piensa que exagero, estaría bueno que se diera una vuelta por la advertencia de Ezequiel Martínez Estrada, a mediados de los años setenta del siglo pasado, advertencia rescatada por Ricardo Piglia y por Cristian Ferrer en varias ocasiones: la Argentina va a desaparecer…si se lo merece, volverá.  

Este gobierno desquiciado parece dispuesto a cumplir sistemáticamente la profecía intelectual de uno de los mayores ensayistas que dio este País.

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