El ocaso de los dioses

Ópera de Wagner que trata de la traición y muerte del héroe, del Walhalla como lugar adónde van los que luchan entre sí por ambición de gloria, la inmolación del inocente que produce el apocalipsis y el fin del Walhalla, con la muerte de los dioses y su Poder, renaciendo un mundo nuevo dominado por la humanidad libre.
Es lamentable la decadencia de nuestros representantes; del Gobierno, presidente, Diputados y Senadores; Políticos, Sindicalistas, Empresarios, Intelectuales, Académicos, Jueces y Fiscales, responsables de Instituciones Públicas y Privadas, de Organizaciones Sociales, del Culto y Medios de Comunicación. Llevan a nuestra Patria Argentina al abismo de su disolución como Pueblo y Nación, sujeta a la indefensión, saqueo y desamparo de sus bienes, destrucción y olvido de nuestra cultura.
“Un gobierno que daña a su Pueblo, es moralmente ilegítimo”
El Pueblo argentino sufre la postergación y abandono de muchos años de dominio de las minorías con Poder, responsables de su gobierno. Minorías tradicionales que históricamente han oprimido y usado a la población apropiándose de bienes y frutos de su trabajo. Minorías de la Industria, de la alimentación, de la energía, finanzas, Medios y Redes. Se han adueñado de la Argentina creyéndose dioses impunes decidiendo el destino, vida y muerte de millones de argentinos. Lo demostraron en la última dictadura y en los gobiernos socialdemócratas, neoliberales y ahora libertario. Responsables son los autores intelectuales, los ejecutores, los justificadores, los indiferentes y los tibios.
Si históricamente son punibles estas minorías poderosas cuando llegan al gobierno, ahora también lo son los jóvenes, ancianos, las y los trabajadores que viven apoyando los relatos mediáticos de una estabilidad económica y progreso que nunca llegan, porque la realidad desmiente cualquier discurso. Aunque esto es real, mayor responsabilidad tienen los políticos de los movimientos más populares que se han aprovechado de los mandatos para su beneficio.
“Que lo injusto no me sea indiferente”. León Gieco
Es tal el nivel de decadencia de los Políticos, del Periodismo y del Gobierno, que están intoxicados de la compra y venta de intereses, además del odio, violencia, insultos y mentiras con que tratan a los argentinos, indiferentes al sufrimiento y desesperanza de la gente. Y lo hacen públicamente, sin ningún pudor. Esto es, ciertamente, frivolidad, negligencia y banalidad del mal.
Ningún mal produce ningún Bien. Ningún insulto lleva al amor. Ninguna cobardía da seguridad. Ninguna mentira lleva a la Verdad. Retroceder ante el insolente, el gobernante y el poderoso, es atentar contra la propia dignidad y de la familia que nos contiene.
Muchos dependen de sus decisiones, y no sólo sus familias. Pero tienen un corazón de piedra cuando se trata del prójimo. Dicen que el prójimo está lejos, que no lo conocen, y callan su conciencia auto justificándose en un supuesto bien mayor, en un hipócrita interés partidario o ideológico o en ninguno de ellos. Es puro egoísmo y maldad, el Otro no importa.
“¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?”
(Caín sobre Abel) Génesis 4,9
Esta decadencia rompe la cohesión de la Sociedad. Y es contagiosa, porque nadie cree en nadie, nadie confía en nadie, todos se acusan y todos son chivos expiatorios de la desgracia; y eso afecta a la credibilidad, no sólo de las Instituciones del Estado, sino de la vigencia y eficacia de la Ley. Y sin Ley, no hay Estado, Nación ni Pueblo que sobreviva.
Reemplazan a la República por el Libre Mercado. El Mercado es el arbitrio del más fuerte, donde no existe la Solidaridad, ni el Bien Común, tampoco la Democracia. Sólo el egoísmo de la codicia; el abandono de toda humanidad y la desigualdad absolutos. Con el Libre Mercado, todo se paga: la salud, los remedios, la educación, la seguridad, el transporte, la vivienda, la energía, las comunicaciones, el esparcimiento, el peaje… y no habrá espacios públicos para disfrutar ni derechos que nos resguarden.
Ahora, ¿Quiénes son los dueños del Libre Mercado? ¿Quiénes deciden los precios y calidad de los bienes? Lo deciden unos pocos, los llamados “dueños” de la argentina. La oferta y la demanda, “la mano invisible del mercado”, nunca existieron. No hay libre competencia en tanto haya grandes y pequeños, sin leyes que los regulen y un Estado que garantice su cumplimiento. Los grandes ponen las condiciones. Tenemos los ejemplos en la industria de la alimentación, de la energía, de los supermercadistas y los bancos: los únicos que deciden precios e intereses… para todos.
El Poder de estos dueños de la argentina, que se creen Dioses del Libre Mercado -su salón de la fama (Walhalla)-, en realidad son personas con los mismos derechos y obligaciones que nosotros, pero que por ambición y codicia no respetan la Ley, compiten entre sí destruyéndolo todo para quedarse con todo, mientras llevan a la inmolación absurda al Pueblo Argentino que sigue creyendo en ellos. Especialmente los jóvenes. Esto, traerá inexorablemente una crisis total que nunca se sabe cómo acabará.
Como buitres revoloteando sobre el esfuerzo del trabajador, exprimiendo al máximo sueños y esperanzas para continuar con el despojo, los políticos de siempre, y sus aprendices de politiquería -nombres nuevos, prácticas viejas-, se aprestan volver a engañar, volver a mentir, volver y prometer. No hay verdad y justicia, nadie habla de cambiar el corazón, de participación y protagonismo de la gente; no son el camino.
Solamente sujetos al Derecho de un genuino Poder Popular Solidario y Justo, construido con la gente y desde la gente, sin lugar a los autócratas de la politiquería y el oportunismo, con una Democracia combativa por la Verdad y la Justicia, ningún crimen contra el Pueblo podrá quedar impune, y recién allí, asistiremos al Ocaso de los que se creen dioses, y seremos libres, verdaderamente libres para construir una sociedad sana y saludable, con oportunidades para todos.
La Verdad y Justicia contienen, defienden y benefician a todos. La fuerza solidaria de los Pueblos, constituida primero en Democracia y luego en Derecho, la sostiene para siempre.



