El fin de una era industrial: El cierre de Fate y el naufragio del modelo Milei

La industria argentina atraviesa sus horas más oscuras. Lo que durante meses se denunció como un «industricidio» silencioso ha cobrado una de sus víctimas más emblemáticas: Fate, la histórica fabricante de neumáticos, anunció el cierre definitivo e inmediato de su planta industrial en Virreyes, San Fernando. El fin de sus operaciones no solo deja a 920 familias en la calle, sino que marca un punto de no retorno para un sector manufacturero asfixiado por la apertura de importaciones y el desplome del consumo interno.
Una mañana de militarización y despidos
La jornada de ayer comenzó con una imagen que remite a los momentos más tensos de la historia laboral argentina. La planta de Fate amaneció rodeada por fuerzas de seguridad, una «militarización» preventiva que anticipaba el golpe final. Poco después, la comunicación oficial de la empresa, propiedad de Javier Madanes Quintanilla (también dueño de Aluar), formalizaba lo inevitable: el cese total de actividades.
Aunque el comunicado de la firma intentó matizar la noticia hablando de una «vocación industrial» que se mantiene bajo un «enfoque diferente», la realidad es puramente matemática. La producción se había derrumbado de 360.000 neumáticos anuales a apenas 150.000. Esta caída del 58% no fue un accidente, sino el resultado directo de un modelo que prioriza la competencia externa desigual sobre la producción nacional.
El contexto de un «Industricidio»
El cierre de Fate no es un hecho aislado, sino la punta del iceberg de un colapso generalizado. Según datos del INDEC de diciembre de 2025, la utilización de la capacidad instalada en la industria se desplomó al 53,8%, niveles que la economía argentina no veía desde los peores meses de la pandemia de 2020.
El panorama por sectores es desolador y explica por qué una fábrica de neumáticos no puede sostenerse:
- Industria Automotriz: Opera apenas al 31,2% de su capacidad. Sin autos que fabricar, no hay demanda de neumáticos.
- Caucho y Plástico: El sector al que pertenece Fate registró un desplome del 57,3% en la producción de neumáticos.
- Metalmecánica: Funciona al 38,9%, afectada por la caída estrepitosa en la fabricación de electrodomésticos (-43%) y maquinaria agropecuaria (-22,9%).
Dos años de Milei: Números que sentencian
A dos años del inicio de la gestión de La Libertad Avanza, las promesas de «heroísmo emprendedor» chocan de frente con las estadísticas de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) y el Centro de Economía Política Argentina (CEPA).
El balance de 24 meses de gestión es una sangría constante:
- Cierre de empresas: Se estima que 21.938 empresas han dejado de existir o han desregistrado a sus empleados. Esto arroja un promedio escalofriante de 30 empresas menos por día.
- Destrucción del empleo: Entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025, se perdieron 272.607 puestos de trabajo registrados. Si sumamos los despidos de los últimos meses, la cifra ya supera los 300.000 trabajadores formales fuera del sistema.
- Capacidad Ociosa: Casi la mitad de las máquinas en las fábricas argentinas están apagadas.
«El modelo de Javier Milei no tiene a la industria nacional en el centro de su política económica. Se ha pasado de una economía de producción a una de supervivencia financiera, donde fabricar en Argentina es, hoy por hoy, una actividad inviable», señalan analistas del CEPA.

Un legado de 80 años borrado por el mercado
Fate cierra con más de ocho décadas de historia. Fue un estandarte del desarrollo tecnológico de avanzada y el liderazgo industrial en la región. Sin embargo, en el esquema de «competencia total» y apertura masiva de importaciones promovido por el Ejecutivo, la inversión permanente y la calidad no fueron suficientes para competir con productos subsidiados o fabricados con costos globales que la estructura impositiva y energética local no puede alcanzar.
La paradoja es cruel: mientras el Gobierno insiste en que los empresarios son los «benefactores de la sociedad», su política económica ha generado el cierre de 19.000 empresas según los registros acumulados de la SRT. El caso de Fate es el recordatorio más doloroso de que, detrás de las planillas de Excel y los superávits fiscales celebrados en la Casa Rosada, hay un tejido social y productivo que se está desintegrando de manera irreversible.



