
¡Cómo duele nuestra amada Argentina! ¡Cuánto sufre su Pueblo! Lastima. Desgarra. Estremece.
¡Cuánto se miente!
Antonio Machado responde: «Se miente más de la cuenta / por falta de fantasía: / también la verdad se inventa».
¡Cómo se deforma la realidad! Cuánto engaño, cuánta falsedad, cuánto insulto, cuánta crueldad, cuánto odio, cuánta maldad.
Veamos solamente tres cuestiones para acercarnos a las increíbles dimensiones que exhiben:
1º) Se decretó el AÑO DE LA GRANDEZA ARGENTINA;
2º) Se declaró la MORAL COMO POLÍTICA DE ESTADO; y
3º) Se dictó el AÑO DE LA EDUCACIÓN EN SAN LUIS.
¿Hay alguien que pueda creer en esos alardes, imposturas y bravuconadas?
Sí hay algo: Incertidumbre, confusión, oscuridad. Pero, más pronto que tarde, se advierte la falsedad, el engaño, la mentira.
En palabras de Julián Marías: «Donde no hay más que rencor, despecho, en los casos más graves odio, no puede residir la verdad, y por lo tanto aquello no puede tomarse en serio«.
¿Dónde quedó aquello de que «para un argentino no debe haber nada mejor que otro argentino«? Ahora parece que hay dos clases: los del bien y los del mal. Pero esa división esconde algo más grave: la idea de que hay gente de más, gente a la que se pretende excluir — o directamente borrar — de la sociedad.
¿Quién califica, quién rotula, quién determina? A este paso se concluirá con: un 80% del mal y un 20% del bien. Entiéndase: de estar mal, de sufrir, de carecer lo mínimo indispensable para la vida, de no poder realizarse, de sobrevivir a duras penas mas no vivir.
¡Cómo se confunden los conceptos, con qué banalidad, con qué descaro se los manipula!
El Gran Pueblo Argentino -en su momento- dirá: Hasta acá llegamos.
FIN.-
-Eduardo Gastón MONES RUIZ-
V.MERCEDES (S.L.), 23/04/26



