¿Qué es lo que realmente importa?

Sólo en Comunidad, construimos una sociedad mejor. Para eso, necesitamos cohesionarla con la Solidaridad como Fuerza Política. La vida digna es un derecho de todos. La comida, el abrigo, la salud, la vivienda y la contención social son el sostenimiento de la vida. Una contención que implica no más desempleo, no más indigencia, no más inseguridad. Tampoco miedo e incertidumbre sobre el costo de vida, o injustos impuestos.
“Nadie se salva solo, pero uno solo no salva a nadie”.
Miriam Bregman
No se concibe la Economía sin Justicia Social, desnaturalizando su verdadero sentido por un Capitalismo Salvaje, ahondando la desigualdad al infinito, beneficiando a unos pocos y perjudicando a la mayoría. El derecho a ser felices es universal; con un justo salario e ingreso para vivir y compartir.
El Otro, el próximo, es importante. Y somos co-responsables con el Otro. En el contexto y sociedad en que vivimos. Nadie progresa ni se salva solo. Solos, nada podemos hacer. Nos protegemos, progresamos y disfrutamos juntos.
Hay que terminar con la crueldad, el orgullo y la arrogancia. No es lícito arrojar impunemente sobre los más desprotegidos, postergados y desempleados injustas acusaciones de su situación y pobreza, cuando no de marginalidad, porque en realidad es la codicia inconmensurable de unos pocos la causante de la crisis social y económica.
No hay que ser testigos mudos ante la destemplada soberbia de los que se vanaglorian en su riqueza y humillan a los necesitados; muchos de aquéllos serviles a los poderes económicos concentrados, a cambio de recibir Poder o prebendas, sin importarles las consecuencias; pero también los cómplices por omisión, los que ilusoriamente esperan beneficios de los poderosos y no miran al prójimo. Los poderosos, nunca estuvieron al servicio del País. El País somos todos, no esos pocos. Y no hay crecimiento económico sin trabajo y sin trabajadores, pero tampoco distribución justa sin intervención del Estado. Históricamente, mucha de aquella riqueza espuria y parasitaria, está asentada en el dinero sin trabajar y en la especulación, como en títulos de propiedad de discutible origen, amparados por un sistema legal perverso. Y a esto, es fundamental cambiarlo.
Es lamentable también la imperturbable indiferencia de los que anteponen prejuicios, ideología y frustraciones por encima de la Humanidad de las personas. Ellas no son números ni entidades abstractas; son seres humanos de nombre, carne y hueso, y con familia. Es muy frívolo y egoísta pelear unos con otros por la crisis o el propio interés, y no ponderar el abandono y dolor de los que el Gobierno desconoce y trata como enemigos: los jubilados, los pobres, los desempleados, los que protestan, y los que sufren la violencia cotidiana de la codicia.
Ese individualismo de que el Otro no importa, de que cada uno se arregle solo, es una mentira; es odio encubierto. También el de los que se ufanan de cínica meritocracia por estar mejor que otros. No hay que tolerar su odio por quienes vivimos en la sociedad. Atentan contra ellos mismos y hacen daño a los demás.
¿Para qué esperar inútilmente que surja alguien de la apuesta electoral, donde las fichas de ese juego hipócrita las ponen otros? ¿No sería mejor una elección directa y responsable desde las organizaciones de base de la Comunidad? Los Partidos Políticos y los Sindicatos se han vuelto inútiles para un verdadero cambio. Necesarios, pero hoy no están a la altura de sus obligaciones. Muchos menos la oscilante Central Obrera. No abandonan sus coyunturales intereses en lugar de defender a los trabajadores y al País. Están viciados de olvido de Pueblo. Del modo en que están conformados y por sus prácticas, no son idóneos ni para gobernar ni para proteger.
Estas instituciones, llenas de Burocracias, viven engañando para mantenerse en el Poder. Inclusive los que de buena voluntad quieren cambiar este Sistema Representativo obsoleto y lo ven como único canal de cambio -lo que no es real- caen en el juego de la Partidocracia; el Poder por los cargos, la práctica de la mentira para ocultar las demandas de la población… Todos sabemos que estas Burocracias están vacías de la verdadera Política, aquélla del protagonismo de la gente, la que soluciona problemas y promueve el bienestar social. Se han vuelto instrumentos de grupos económicos que asfixian a la gente, y desde luego, son responsables. No hay que dejarlos impunes. La Justicia, no es divisible.
Necesitamos Instituciones, pero de Verdad y Justicia, con una Democracia Directa y Participativa, porque este Sistema Electoral es una timba. Se apuesta a candidatos que solo eligen las Burocracias de los Partidos, sin participación ni conocimiento de la población. La gente ya no acepta los verticalismos y las conducciones unipersonales. No somos menores de edad, ni bueyes de carga. Hoy se necesita Comunidad, debate permanente, Sistemas Colegiados. No existen los iluminados; ni corresponde que una persona o grupo de personas decidan sobre los destinos de la Comunidad. A esos, hay que combatirlos. La democracia amplia, participativa, inclusiva, pública, tarda más y debate más, pero es mucho más eficaz que el pensamiento y decisión de uno solo.
“Tres Principios: No robar, no mentir, no traicionar al Pueblo”
Claudia Sheinbaum – Presidenta de México
Tenemos que rescatar los valores de la Familia, de la Democracia y de la Política. Hay que terminar con las disputas de los cargos, ocultados en conceptos intelectualoides hipócritas y anacrónicos, ajenos a lo que siente y padece el Pueblo. Se necesita sembrar semillas de ideas y de acciones, de Verdad y Justicia, que den frutos en forma de reuniones, encuentros y organización. También dejar la hipocresía de protestar sólo cuando nos tocan los intereses y el bolsillo, en lugar de acompañar a todas las luchas que son las luchas por todos.
Es dable comenzar con conversatorios y debates espontáneos, gratuitos y públicos. Deliberando, decidiendo y actuando sin tener que pedir permiso. Problematizando demandas y sueños. Y lo más importante: para cuestionar a las Formaciones Sociales actuales (Factores de Poder, Constitución Nacional, Sistema Jurídico, Económico, Representativo, Gobierno, Estado y los Poderes, Vivienda, Salud, Educación, Cultura, Ciencia, Tecnología, Comunicación y Seguridad).
La población es la única que puede promover y asegurar Políticas Públicas de Estado para la Contención y Promoción Social, para una Economía al servicio de la vida, y para el control popular sobre los representantes. Es la única que puede impulsar leyes sobre la inalienabilidad de la Soberanía y administración de recursos estratégicos, tecnología de punta, laboratorios de medicamentos, comunicaciones y defensa. Y a fin de proteger el trabajo y la industria, se requiere un Comercio Exterior a cargo del Estado, y una Banca Nacional, evitando abusos especulativos del sector privado.
Al respecto, y como resultado de cuestionar a las Formaciones Sociales para el servicio del Pueblo, hay reformar. la Constitución Nacional. Pero desde una Asamblea Constituyente, y sin intervención de los Partidos Políticos. No más constituyentes digitados. Sí, en cambio, gente elegida en asambleas barriales, pero también sin instituciones, garantizando así una democracia amplia y transparente. Que lo nuevo, sea mejor que lo viejo. Necesitamos mejores prácticas de civismo. Es posible en un Proyecto Político Popular, pero desde y con la gente.
En la Constitución es necesaria la reforma del Estado y de los Tres Poderes, agregando un Poder de Control Popular conformado por las Instituciones de la Sociedad. Se requiere un Ejecutivo Nacional Colegiado, un Parlamento Federal más amplio, y un Poder Judicial con Jueces de la Corte, Consejo de la Magistratura y Procurador General de la Nación por voto popular. Por otra parte, considerar, de lesa humanidad, los delitos económicos gubernamentales y las deudas y compromisos exteriores ilegítimos, dado que perjudican a toda la población; al respecto, habría que prever normas de retroactividad perentoria para enjuiciar a cada gobierno con resarcimiento patrimonial, por el perjuicio causado al Estado. Reforma Agropecuaria tributaria, impuestos a la alta riqueza patrimonial, a la propiedad extensiva, a la tierra improductiva y reconocer como Derechos Universales a la alimentación, salud, vivienda, educación, comunicación, seguridad y amparo legal. Invalidar ventas y concesiones de propiedad y administración del Estado y las prohibidas por la Constitución. Un gobierno no puede enajenar lo que pertenece a todos los argentinos, pero somos todos los argentinos los que tenemos que evitarlo.
“En el Pueblo fluye un anhelo de vida, de justicia y de bie
que no puede ser abrumado por el mal, el desánimo y la
resignación. Por ello es necesario que -no solos, sino juntos-
nos preguntemos; ¿Qué es lo que realmente importa?”
León XIV



