El pretexto de la legitimidad

Precisamente, lo que hoy está cuestionado es el Sistema Representativo, no la deliberación. Un Sistema que tampoco es estrictamente Republicano y mucho menos Federal, porque para que haya República, tendría que haber verdadera Democracia, y para que sea Federal, las Provincias deberían tener autonomía. Nada de eso ocurre. Seguimos con un centralismo unitario y porteño. Con aliados provinciales también unitarios. Es un Sistema de Gobierno para las minorías políticas, o sea de las Burocracias Políticas enquistadas en los Partidos por décadas y décadas.
“¡Hay que terminar con el pretexto de la legitimidad, porque todas las personas son merecedoras de tener esperanza!”
Martin L. King
El Pueblo es habilitado sólo para votar, pero no para decidir por los actos de gobierno. Y puede votar solamente a los candidatos que le impone la burocracia de los Partidos Políticos, que, una vez llegados al Gobierno, nunca cumplen con los mandatos populares ni con las promesas. Lo traicionan en nombre del bienestar general, pero en verdad, es para el bienestar propio y de sus intereses. Sostienen un sistema indirecto no sólo electoral, también indirecto de gobierno.
De esa manera, el Pueblo nunca gobierna. Y no lo puede hacer porque la legitimación ya está instalada en la Constitución misma, cuando dice que: “el Pueblo no gobierna sino por medio de sus representantes” lo cual tampoco es real, porque nadie hará por el Pueblo lo que el Pueblo no hace para sí mismo, y los que siempre deciden son los representantes, generalmente por intereses ajenos a las necesidades de la gente, haciendo uso y abuso del legalismo. En realidad, es la máscara de la Democracia, cuando debería ser un Gobierno del Pueblo.
Estas prácticas políticas son la máxima corrupción de los que aspiran al gobierno, porque no existen otros canales o garantías legales eficaces para evitar actos de gobierno ajenos al bienestar general. Aunque esté en el espíritu de la Constitución. Es la encerrona de un sistema que beneficia directa o indirectamente a las burocracias políticas y perjudica en menor o mayor plazo a las mayorías populares. Y los Partidos Políticos se consideran legitimados en ese juego partidocrático. Luchan por posiciones de Poder internas y externas, dentro y fuera del gobierno, sin importarle en absoluto la moral y la ética. El Pueblo, los hombres y mujeres de buena voluntad, son convidados de piedra. Si les pedimos verdad, nos dicen que no somos pragmáticos, que no entendemos nada, que hay que moverse dentro del Sistema vigente. Que sin plata nada se puede. Eso, en los políticos, es decadencia moral, y en el Pueblo, resignación y desesperanza.
Pero… no es el Poder real. El Poder real está en la gente, y los gobernantes hacen todo lo posible y por cualquier medio para que la población no decida por sí misma, para que no ejerza su Poder, para que no se empoderen organizándose. Y utilizan medios espurios aprovechando necesidades, frustraciones, sueños y esperanzas. E inclusive reprimen y judicializan. Se aprovechan con el pretexto de la legitimidad.
Cambiar el Sistema, Representativo, Republicano y Federal, por un Sistema de Democracia Directa y Participativa, para un Estado donde el Legislativo no sea avasallado por ninguno de los otros Poderes, y donde un Poder institucionalizado de Control Popular sea la verdadera garantía del equilibrio, legalidad y eticidad de los actos de Gobierno, sustentado en Asambleas Populares de participación directa, y que permita por derecho soberano reformar a la Constitución, al Estado, a los Poderes, al Sistema de acceso al gobierno y controlar los actos de gobierno, no es imposible.
Es momento -por el nivel de decadencia a que han llegado los representantes del Gobierno, el sistema político y los factores de Poder empresarial, sindical y mediático, y ante la gran postergación y sufrimiento del Pueblo Argentino- de que no interese el Poder Político, sino el Poder Político y Social que las bases vayan generando. Otra Política, otro sistema organizativo colegiado de gobierno en todos los ámbitos de la organización popular, de Gobierno y del Estado, y revalorizar, en el ejemplo y en la acción político-social, la tolerancia, los lazos de solidaridad, los lazos familiares, vecinales e institucionales, que permitan y consoliden una convivencia comunitaria de respeto a nuestra dignidad como personas y sociedad.
La Educación Política en el debate, desde el ejemplo de la participación libre, abierta, pública y democrática en el disenso, la atención de las demandas personales, familiares e institucionales, el acompañamiento y exigencia de las reivindicaciones como eje político, son el comienzo. No interesa el Poder Político vigente. Que no decidan más por nosotros. Interesa cómo políticamente se empodera el Pueblo. Interesa el Movimiento, la Causa, el Espíritu Solidario y Ético, interesa el respeto a la vida y a la dignidad humana.



