Opinión

¿EXISTE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL? ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA DE LAINTELIGENCIA

“Cuando la Inteligencia emocional se fusiona
con la Inteligencia espiritual, la Naturaleza
humana se transforma”
Deepak Chopra

¿Qué se entiende por Inteligencia? Observamos que básicamente es la capacidad
humana de discernir ante un problema y resolverlo. Tiene que ver con la necesidad de la
mejor decisión para la supervivencia.
Si es una capacidad humana, ¿podemos hablar de Inteligencia Artificial? Respecto
de la Inteligencia humana, podríamos considerar que habría un impulso natural que
comenzó a desarrollarla ante la interpelación del mundo, luego de la separación de la
simbiosis materna o del entorno que nos cobija, y posteriormente por la introspección. Ante
los estímulos, responden los instintos. Pero si bien los conservamos, a diferencia de los
animales, esa interpelación del mundo para nosotros además de ser un estímulo, se
transforma en problema. Y allí, al ser problema, se rompe la determinación instintiva que
nos diría qué hacer, como el programa rígido del que se sirven los animales, pero para
nosotros, adviene ser un problema, y con ello la indeterminación, o sea la libertad.
Es la libertad la que nos obliga, ante los problemas, a resolverlos. Y entonces
surge la experimentación de esa relación con el mundo, archivándola o no, en la memoria.
Luego, relacionamos esas experiencias con diversas situaciones, suponiendo, decidiendo y
probando. Es una actividad que no es exclusivamente mental; a la par es emocional y
relacional.
En la búsqueda para encontrar caminos y solucionar problemas, vamos creando
estructuras mentales, emocionales y relacionales que construyen un razonamiento. Pero la
Inteligencia no es la Razón. Y la Razón, no es solo mental. Tampoco la Inteligencia y la
Razón son una Lógica, o sea, un mecanismo que puede ser mental, emocional y relacional
para procesar y decidir. El raciocinio, culturalmente concebido como el uso de la Razón
Mental, con una Lógica que también suele concebirse como mental, no es exclusivo de la

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Razón Mental. Y mucho menos creer que la Razón es universal, común a todos los
hombres y culturas. Hay similitudes, pero la Razón, el razonamiento, depende de cómo los
haya construido cada Cultura. Así como hay diversidad de culturas, del mismo modo
diversidad de Lógicas. Como el llamado “sentido común”, que no es tan común como se
cree, porque depende de los parámetros de cada Cultura. Igualmente, la Razón.
La Razón, en realidad, es holística, integral, y se construye a sí misma, con
estructuras mentales, emocionales y relacionales cada vez más complejas, siempre en
relación a la optimización de las mejores soluciones para los problemas y en función de la
supervivencia, que incluye parte del deseo e instinto. Permite, a ese impulso originario del
que hablamos, tomar conciencia de sí y también investigar de dónde proviene. Allí aparece
la Inteligencia. Pero no es el impulso originario, sino una construcción que hace el impulso.
Esa Inteligencia se despliega y comienza a complejizarse infinitamente. Por ello, somos
más inteligentes a medida que construimos estructuras cada vez más eficaces, que nos
permiten descubrir aspectos de la realidad no percibidos inmediatamente por nuestra
construcción mental vigente, y en ello mucho tiene que ver cada Cultura.
Es en esos momentos que aparece la imaginación, forjando ideas como
posibilidades metafísicas. Es decir, no tienen existencia concreta -a veces sólo formal o
conjetural- hasta tanto no las articulemos con los materiales de la realidad. Aquí viene la
creatividad; una actividad metafísica típica de los seres humanos. Hacemos realidad lo que
existe abstracta e inmaterialmente en las ideas. El aprendizaje sin límites es uno de los
insumos de la Inteligencia, pero también la creatividad. Y esto es importante, porque nos
hace ver mejor al mundo, diseñarlo mejor para comprenderlo dentro de nuestros esquemas
mentales y descubrirnos mejor a nosotros mismos y al sentido de la vida, de la vida
humana y de la Naturaleza.
¿Por qué aparece en nosotros, o por qué advenimos nosotros al mundo con ese
impulso de ver, admirar, descubrir, buscar y superar, y aun conservando el instinto que ya
no es limite ni determinación debido a ese desprendimiento abrupto, a esa separación de lo
natural que da lugar a la indeterminación y libertad, y por tanto capacidad de creatividad?
También percibimos que, sin el instinto de guía, estamos en un estado de indecisión,
desconcierto, duda, de preguntas sin respuestas que las abarquen, de indefensión. Quizás
nuestra búsqueda exterior e interior, en la Naturaleza y en nosotros, no sea más que la
búsqueda de una clave que nos lleve a comprender el sentido de la existencia, altamente
probable a través de vida humana y en el espíritu que lo contiene.

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Para científicos y filósofos, la Inteligencia es la capacidad de adaptarse y
comprender al mundo; un proceso de construcción por experiencias, organización y
creación de estructuras cognitivas cada vez más complejas y de interacción social.
Consideran que es la capacidad de pensar en abstracto, actuar con un propósito, gestionar
las emociones y adquirir habilidades de autoconocimiento, autorregulación, y resolución
problemas.
Antropológicamente, construimos la Inteligencia. A medida que miramos al mundo,
le ponemos nombres a las cosas, experimentamos con ellas manejándolas hasta donde
nos lo permitan, nos comunicarnos con nuestros semejantes por necesidad e intereses,
porque solos no podemos en cuanto abrigo, alimento, seguridad… Pero también para
lograr en conjunto lo que es imposible individualmente. Y básicamente, por exigencia de
supervivencia de la especie, transmitimos experiencias inventando el lenguaje. La
Inteligencia es previa al lenguaje.
La llamada Inteligencia Artificial, en cambio, es sólo una construcción tecnológica,
con redes neuronales artificiales que pretenden imitar las funciones cognitivas humanas
para tomar decisiones, resolver problemas, recoger y almacenar datos y experiencias, y
luego reconocer patrones -elementos y acciones comunes- en función del algoritmo
(mecanismo lógico) preestablecido. Selecciona datos recibidos o percibidos en función del
objetivo que le han prefijado, y toma decisiones conducentes a ese objetivo.
Contrariamente a lo divulgado, su llamado aprendizaje automático que incorpora
datos y acciones luego procesados para sugerir y actuar, sólo busca elementos parecidos,
semejantes o similares, buscando lo común que se repite en dichos datos y experiencias;
sintetiza y decide lo más conveniente a lo solicitado por el algoritmo. No aprende, solo
selecciona lo más óptimo en niveles probados de menor a mayor complejidad, para luego
presentar posibilidades en general sin ser programadas para cada caso en particular.
Decide sobre lo particular desde lo común del universo de datos. Y sobre cada caso
particular puede proponer decisiones distintas.
Respecto a la interpretación de lenguajes, hace lectura de los datos totales del
código lingüístico presentado, tanto de escritura como del habla, y puede traducir
comparando la semántica (significado), la sintaxis (articulación) y la pragmática (uso) de
cada uno de los lenguajes tratados. Y también de la Cultura provenientes.
Actúa de modo similar respecto a sonidos, imágenes y procedimientos
conducentes a mejorar la Tecnología o a sugerir elementos para el Arte. Pero no crea Arte
ni Tecnología. En ese sentido, ya sea a nivel social, tecnológico y artístico, no hay

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producción creativa. No crea lo inédito, solo utiliza los elementos de datos y los articula.
Sus productos no son del azar, ni de la creatividad, sino de una lógica.
Es una herramienta siempre programada, no se autoprograma ni autorregula. Es
un algoritmo que al buscar, comparar y decidir, utiliza un primitivo mecanismo de ensayo y
error, recompensa y castigo por aciertos o errores en el proceso, con permanente
entrenamiento y revisión constante de datos para adelantar resultados posibles, responder
requerimientos de los usuarios, recomendar contenidos afines a gustos e intereses,
aplicaciones para celulares, para vehículos y tráfico en vivo, reconocimiento de entornos y
conducción autónoma de otras máquinas, también juegos en línea, reconocimiento facial,
armado y edición de textos, imágenes, voces, videos y música. Así mismo, ofrece
tecnología para discapacidades. En este sentido, ha facilitado una dinámica tecnológica,
comunicacional y financiera que se ha universalizado, brindando agilidad, precisión y
optimización en las actividades de la vida cotidiana.
Como toda herramienta, está sujeta a cómo la programen, establezcan y manejen
las personas. No es objetiva, neutral ni inocente de manera alguna. La tecnología en sí no
es neutral -al igual que la Ciencia-, y carece en gran medida de normas jurídicas que
regulen su uso, por la rapidez de su desarrollo, socialización y consecuencias. Se propaga
con sesgos discriminatorios, recopila sin autorización y filtra datos privados; genera
información falsa y desinforma, manipula a la opinión pública, pero también promueve
experiencias de desafío y competencia, promoviendo la ansiedad del consumismo,
estimulando emociones y el deseo desordenado, con prejuicios que llevan a decisiones
injustas. Es susceptible de ser utilizada para situaciones, imágenes y videos que perjudican
a otros, y lo más peligroso, se usa para fines bélicos, precisando, evaluando y proponiendo
objetivos militares que responden a fines ideológicos, económicos y financieros para el
dominio socio-geopolítico de la codicia.

“Inteligencia militar son
dos términos contradictorios”
Groucho Marx

La Inteligencia Artificial siempre dependerá de datos y algoritmos preestablecidos
para funcionar. Carece de indeterminación. Se la presenta hipócritamente como
herramienta despojada de toda autoridad moral, ética o humana enmascarada de
objetividad, neutralidad e independencia. Pero ella decide cómo desean que decida

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quiénes la programan. No es autónoma. Como toda tecnología, no está exenta de su mal
uso, y debe estar al servicio de la Humanidad. No se concibe su programación y manejo –
como sucede- al igual que toda Tecnología-, por elites de Grupos de Poder. No reemplaza
a las personas, reemplaza la mente, el pensamiento y decisiones de las personas.
¿Existe la Inteligencia Artificial? Sin indeterminación, sin libertad, sin capacidad de
creatividad y conciencia de sí, no podemos llamarla Inteligencia. Cuando las máquinas
piensen por sí mismas -lo que aún no sucede- habrá que repensar lo humano.

“Lo triste de la Inteligencia Artificial,
es
que carece de artificio, y, por lo tanto,
de Inteligencia”
Jean Baudrillard

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