Opinión

¿EL FIN DE LOS PROGRESISMOS O DE UN SISTEMA OBSOLETO?

“El sistema de gobierno más perfecto,
es aquél que produce la mayor suma
de felicidad posible, (…) de seguridad
social y (…) de estabilidad política”
Simón Bolívar

No es sorpresa que los recientes gobiernos Neoliberales de Latinoamérica hayan
llegado por voto popular. Tampoco es sorpresa que el electorado los haya elegido. ¿Cuál
es la razón? Todos han devenido después de gobiernos populares y progresistas.
Tendríamos que preguntarnos entonces por las causas de la inestabilidad política e
ineficacia de nuestros gobiernos en Latinoamérica, donde han gobernado minorías,
mayorías y dictaduras. Indudablemente, en el caso de Latinoamérica, la razón principal es
el dominio económico, que minorías nativas poderosas junto al extranjero se han
asegurado de institucionalizar, a través de Constituciones y leyes que los protegen y
benefician.
Son Regímenes pseudolegales, con visos de Democracia, sin real protagonismo
popular. Históricamente, naturalizaron primero el llamado “Fraude Patriótico”, porque
decían que el Pueblo no estaba “maduro” para votar, y establecieron argucias legales,
electorales o inclusive la fuerza pública para impedir la participación. El prejuicioso voto
negado a las mujeres también los beneficiaba. Posteriormente, luego de resistencias
populares aplastadas a sangre y a fuego con políticas de represión, persecución,
proscripciones, desplazamientos, saqueo y aniquilamiento, tanto de poblaciones criollas y
originarias como de inmigrantes, tuvieron que ceder a la presión popular, pero con algunos
condicionamientos constitucionales.


“La injusticia más peligrosa,
es la que se disfraza de Ley”
Montesquieu


Ello generó la aparición, por primera vez -y no solo en nuestro País-, de gobiernos
nacionalistas de amplio corte popular, que después de algún tiempo, al pretender cambios
estructurales, fueron derrocados por dictaduras cívico-militares. En el Siglo XX, obedeció a
la estrategia geopolítica hegemónica de Estados Unidos, que, en nombre de la Doctrina de
Seguridad Nacional -de ellos, en realidad- el Ejército Norteamericano formaba en Panamá
a militares latinoamericanos en tortura y contrainsurgencia -la llamada Escuela de las
Américas-, Plan Condor incluido, con la excusa de la amenaza Comunista. Llegaron a tal
gravedad los crímenes del Terrorismo de Estado, que la condena internacional no se hizo
esperar, por lo cual el Departamento de Estado propuso diseñar “Democracias Dirigidas”, o
sea, gobiernos cuasi-populares con políticas legalistas y neoliberales.
Los gobiernos progresistas latinoamericanos surgidos después de las dictaduras,
fueron combatidos con el experimento de “Golpes de Estado Blandos” o Institucionales,
donde sus Parlamentos enjuiciaban, destituían o perseguían con “lawfare” -judicialización
de la política- a los Ejecutivos elegidos democráticamente. Lo vimos en Paraguay con
Lugo, en Perú, con Alan García, en Ecuador con Correa, en Brasil con Dilma y Lula Da
Silva entre otros, y recientemente con Cristina Kirchner. Esto visibilizó el carácter demo-
liberal-burgués y pro-extranjero de las Constituciones latinas pergeñadas durante el Siglo
XIX, hechas a medida a las oligarquías nativas. Salvo en alguno que otro período, por el
arribo de gobiernos populares, esas Constituciones sufrieron cambios, pero en lo esencial,
mantuvieron su carácter reformista-liberal, sin afectar las estructuras de desigualdad. Con
deliberada intencionalidad jurídica, permiten anular leyes y Políticas de Estado votadas
democráticamente.
La estrategia vigente, más perfeccionada, fue elaborada en la década pasada,
utilizando el monopolio de los Medios de Comunicación, de las Redes Sociales y la
digitalización del sistema electoral, para implementar, masivamente, candidatos y
proyectos económico-políticos Neoliberales; pero ahora rayanos en el fascismo, porque
suman las emociones para culpar al Sistema Político, Sindical, Empresarial y a las
Instituciones del Estado de la desigualdad, de la injusticia y la postergación. Pero en
realidad, los chivos expiatorios son los sectores más débiles como ancianos, enfermos,
pobres, desempleados, inmigrantes y pueblos originarios.


Para blindar la dominación económica y política, ahora buscan cooptar la mente de
las poblaciones; con información sesgada, relatos falaces y entretenimiento virtual. Crean
una adicción a la imagen, al relato y a la tecnología. El mecanismo es simple: Se busca un
culpable de todos los males, estigmatizándolo, se promete una vida similar al de las clases
altas, y se encubre como participación la libertad de las emociones, con permisos para odiar.

Pero en verdad, las clases altas jamás dan oportunidades, puesto que son las
verdaderas responsables de las crisis y nunca permitirán la distribución equitativa de la
riqueza. La codicia es infinita, su patria es el dinero y la vida del extranjero. Carecen de un
sentido de comunidad solidaria, justa y saludable para que todos progresemos, para que
todos tengamos oportunidades y estemos resguardados; no sólo en los derechos
individuales, también en los sociales para vivir dignamente.
El acceso de estos gobiernos neoliberales, se debe, en primer lugar, a la vigencia
de un Sistema Político-jurídico establecido para beneficio de minorías de gran poder
económico. Socava la Democracia y ahora al Estado, resultado de mucho dolor y
conquistas. Las minorías poderosas han querido desaparecerlo, y en el mejor de los casos,
achicarlo para ponerlo a su servicio, utilizándolo no para el gobierno del Pueblo, sino del
dinero. Muchas Instituciones y Factores de Poder han acompañado a este objetivo; no son
inocentes.
Sin embargo, hay sectores de la población que son más responsables: las
Instituciones desnaturalizadas de sus fines, como los Partidos Políticos, Sindicatos y
Universidades. Los primeros, por burocracia y clientelismo, y las universidades, por una
enseñanza aséptica, a-ideológica, a-histórica y a-crítica, que gradúa profesionales sin
compromiso de servicio y sensibilidad social. ¿De qué sirve la sal si pierde su sabor?
Solamente las generaciones que han participado de luchas y conquistas sociales como los
jubilados y sectores concientizados, son los que resisten.
Hay trabajadores y jóvenes -aun los que sufren la crisis-, que honestamente creen
en las propuestas y salidas inmediatas propuestas por las políticas extremas de estos
gobiernos como la única salvación posible; a su situación de económica, a su
descreimiento de la Política, a su falta de protagonismo y frustración, explotando sus
emociones, incorporándolos a un movimiento que los cobija y justifica, indicándoles
culpables y qué hacer con ellos. Les dan identidad.
“Si somos emocionalmente débiles
para no aceptar la dureza de la Verdad,
nunca seremos libres”

En tanto, los Partidos, Agrupaciones y Movimientos que pretenden ser oposición y
generar algún cambio, son anacrónicos a las exigencias que vivimos. Siguen
desconcertados y azorados por la feroz embestida contra la Constitución Nacional, el
Derecho y las Leyes, asistiendo mudos a la desvergonzada compra y venta de votos y cargos en el Congreso, a la complicidad de gobernadores e intendentes, pero no hacen
nada, no reaccionan, envueltos en la decadencia total de Principios.

Si aceptan pasivamente el desmantelamiento de Instituciones, Empresas Públicas, Políticas de Estado
y entrega de los recursos naturales al extranjero, ¿se podrá esperar justicia de ellos?
Los gobiernos progresistas y populares que aun llegando al gobierno sobre un
sistema jurídico obsoleto e injusto, si no lo cambian, si no profundizan esos cambios no
solamente desde la Constitución, sino estructuralmente y con la población, fracasarán. El
único garante de la estabilidad y consolidación de los cambios, no es el Derecho ni un
Gobierno Popular y Progresista, sino la población misma, con participación, deliberación y
organizaciones nuevas y propias, que garanticen efectivamente el cumplimiento de las
normas para una convivencia digna.
No basta que los gobiernos progresistas y populares implementen Políticas de
Estado de Bienestar; si no están sostenidas por la participación de sus beneficiarios, y
enmarcadas en un proceso de consolidación social, no están pensando en un Proyecto de
Nación, de País, sólo de Gobierno. Es lo que ha sucedido. Implementar esas políticas sin
el protagonismo de sus destinatarios, no garantiza su apropiación y posterior defensa. Es
el requisito para iniciar los cambios estructurales.
A los gobiernos populares con un Estado de Bienestar, se les llama Progresistas. Pero, si
la base sobre las que se asientan es el sistema jurídico-político establecido por las
minorías que ellos mismos dicen combatir, jamás podrán profundizar con éxito los cambios
de desigualdad estructural hasta tanto destruyan esa base y construyan otra, pero con el
Pueblo. Y entonces ya no se llamarán Progresistas, sino Socialmente Justos.

Lic Ivan Ojeda.

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