Volver al pueblo

Muchos creen que es una utopía idealista, pero hay que Volver al Pueblo. La palabra Pueblo ha sido tan defenestrada por las minorías poderosas, que han tergiversado su significado. Hoy, hablar de Pueblo –y Populismo es el término que lo estigmatiza, que en realidad reemplaza al discriminativo “Populacho”, un desprecio a lo popular y a las mayorías populares- hay que resignificarlo, valorando su auténtico sentido humano, el sentido comunitario que defiende el derecho a la vida y a una convivencia social digna de trabajo, respeto y progreso.
“El hombre muere en todos aquellos que callan ante la tiranía”
Wole Soyinka
A la sociedad, no deben gobernarla unos pocos, ni decidir sobre su vida y destino. Gran parte de la población del mundo sufre las consecuencias de la codicia y ambición de estas minorías. Un gobernante es tan criminal como el narcotraficante, el comerciante de armas y el manipulador de Medios y Redes; todos rinden culto al dios dinero y al egoísmo. Es perverso e inmoral, aceptar una situación donde multitudes de pueblos sufren las decisiones de estos pequeños grupos que no le importa la vida y el respeto a la condición humana, sumiéndola en el sufrimiento, abandono, guerras, inseguridad de subsistencia básica, y vacío existencial, llevándola a la depresión y muerte.
Volver al Pueblo es devolverle a la población el ejercicio de su vocación de Poder para una vida digna, dejando de lado prejuicios, partidismos, posiciones ideológicas y disputas de creencias. Lo que necesitamos, es reconstruir un Movimiento Popular que nos represente a todos, pero con el mejor espíritu de las políticas, ideologías y creencias que históricamente han hecho bien a los Pueblos, y en el marco de nuestra Cultura vernácula.
“No era falta de capacidad lo que limitaba a mi Pueblo, sino la falta de oportunidades”
Nelson Mandela
Hay que terminar con las nefastas prácticas partidocráticas, que no son más que especulaciones de intereses por cargos y posiciones de Poder. Hay que rechazarlas tajantemente, al igual que a los autodirigentes, arreglos y componendas típicos de la burocracia política, con sus espurias digitaciones de candidatos impuestos, nepotismo y amiguismo.
Cuando no hay verdadera Democracia, disenso, debate y deliberación pública, se está negando la participación; porque no se quiere el surgimiento de dirigentes, ni el cuestionamiento y corrección de políticas. No hay justificación para eso. Es pura burocracia y autocracia política. Visibiliza el egoísmo y la ambición. Para combatirlos, hay que promover debates abiertos e inclusivos, y que la gente por sí sola decida con justicia, en los contextos propios donde habita, trabaja y se relaciona. Esto significa facilitar y respetar las formas organizativas originales que se den las bases; donde se plantee y discuta lo reivindicativo como disparador para las soluciones, que siempre son políticas. Por eso decimos que el eje político pasa por lo reivindicativo. Pero promover, esencialmente, que, en toda discusión, lo solidario sea el espíritu que la anime, a fin de garantizar el mayor Bien a todos. La población, en estos ámbitos de pertenencia, tiene derecho a elegir con plena libertad a sus representantes, los cuales deben ser aceptados, sostenidos y contenidos por la Militancia Política. Es lo que éticamente corresponde.
La tarea militante tiene que desplegarse junto con las bases, solamente para consolidar ese empoderamiento, ayudando a la unidad y a las aspiraciones de la Comunidad; relevando problemas y reclamos, para exigir a los gobiernos locales, provinciales y nacionales que cumplan con los mandatos populares.
No obstante, es necesario volver a plantear con fuerza el objetivo patriótico inherente al destino del País; para evitar el regreso y arbitrio de gobiernos conciliadores, moderadores, reformistas, componedores, cipayos, dictaduras y plutocracias. Ellos han hecho mucho daño, por lo que hay que asegurar, con la solidaridad y fuerza de la organización social comunitaria, al Derecho, protegiendo a la ciudadanía, a la Patria y a los deberes del Estado como garantizador del Bien Común.
Esto implica necesariamente proponer una reforma sustancial del Sistema Representativo, Republicano y Federal para que sea efectivo; del Sistema Electoral y de acceso al Gobierno para una Democracia Directa y Participativa; de los Poderes del Estado con la institucionalización de un Poder de Control Popular con la representación de las organizaciones naturales de la población, llámense sindicatos, cámaras empresariales, organizaciones no gubernamentales del arte, la cultura y la tecnología, del bienestar social y del Culto; y reformar al Estado mismo como a la Constitución Nacional, para garantizar una convivencia justa y saludable.
No es conveniente que sean solamente los Partidos Políticos los que disputen el acceso al Gobierno. Es una práctica a derribar. Prueba de ello es que históricamente son cooptados por las Corporaciones de Poder o se anquilosan en burocracias. Debido a la complejidad creciente de la sociedad, y a fin de garantizar una auténtica democracia que controle y regule los actos de gobierno -debidamente susceptibles de ser punibles con obligación de enmendarlos si corresponde-, se requiere una Democracia Directa y Participativa, pero como norma constitucional, para generar instituciones que aseguren transparencia y justicia social.
Es prioritario una auténtica independencia económica, un desarrollo agropecuario y de recursos naturales con valor agregado nacional, industrial y de servicios, ciencia, tecnología y cultura. No se concibe la desigualdad estructural permitida por parte de un Gobierno, de una Justicia y de una organización económica produciendo desempleo, pobreza, marginalidad, abandono de los más débiles, de la familia y ancianidad, debido a la escandalosa concentración de riqueza y bienes de unos pocos, en desmedro del estancamiento y falta de oportunidades para la vida y progreso de las mayorías. Todos tienen derecho a vivir, y dignamente. Un País con desigualdad, es un País donde la injusticia reinará para siempre. Y si no se ataca de raíz este mal, producido por las minorías sin Patria, no habrá Justicia Social que prevalezca, porque el Derecho solo no basta.
La verdadera riqueza y crecimiento del País proviene únicamente de lo producido por el trabajo de su población activa, y no de la especulación financiera del dinero sin trabajar. Entonces una distribución equitativa de esa riqueza es lo más justo y conveniente, porque el que trabaja merece su salario y también su bienestar, base del desarrollo humano, económico y cultural de la Nación.
“Si no hay Justicia para el Pueblo, que no haya paz para el gobierno”.
Emiliano Zapata



